En su obra La culturocracia organizacional en México, José Guadalupe Vargas define que el ser humano es eminentemente social, vive y se desarrolla en una sociedad específica donde crea cultura. Menciona que la cultura social la definen Newstrom y David como “el medio ambiente social de las creencias, creadas por los seres humanos, las costumbres, los conocimientos, y las prácticas que definen la conducta convencional en una sociedad”, y se refieren a que esta conducta convencional aceptada en una sociedad influencia todos los niveles conscientes y subconscientes del pensamiento que influyen en las acciones que un individuo realiza, de conformidad con las expectativas de los demás miembros de esa sociedad.

Vargas afirma que los mitos y los estereotipos son construidos bajo el mismo proceso social, y se convierten en una representación de sus costumbres y valores y tradiciones, y lo confirma con lo que González Torres establece: “Las sociedades construyen mitos y estereotipos, para su propio consumo, y que éstos son a veces administrados desde los poderes, a veces como mecanismo compensatorio y a veces como soterrada subversión.”

Esto viene a colación porque en el último año me he dado cuenta de que en México fomentamos la cultura de la mentira, y esto se hace como parte de la sociedad, pero también como una manera perversa de atacar desde los llamados poderes fácticos. Antes se hacía a través de rumores, chismes y chistes; ahora se generaliza vía WhatsApp y redes sociales, pero el efecto es el mismo: destruir a algún político o causa social. Un factor importante en este juego es que los medios de comunicación de masas, de ser jugadores principales, ahora están pasando a ser una parte de la ola informativa y cada día van quedando a un lado de estos movimientos.

Veamos algunos ejemplos de las mentiras que se han fomentado en las clases bajas de la población, que siempre son de las que más se abusa, y se les saca a la calle a defender mentiras o causas perdidas.

PUBLICIDAD

Primero, a los maestros de la CNTE y los normalistas se les saca a la calle con la mentira de que se va a privatizar la educación. En el mismo terreno, a la grey católica se le saca diciendo que la educación ahora va a ser de libertinaje sexual, de homosexualismo, y salen a la calle en remembranza de la Cristiada y pretenden hacer un movimiento similar.

En el caso del aumento del dólar, ayer, un buen grupo de medios, analistas y en redes sociales achacaron la subida del dólar a la visita de Trump y porque está cerca de ganar la elección. Nada más simplista que eso. Nadie toma en cuenta las explicaciones técnicas de los expertos. Y en la ola de quejas se crean mentiras en contra del poder central.

Qué decir de cómo se utilizan los rumores a velocidad de Twitter, Facebook o WhatsApp cuando se daban por hecho diferentes listas de cambios y enroques de funcionarios en el gabinete.

O qué decir del caso de Ayotzinapa, donde, en un asunto de componendas entre políticos locales y delincuencia organizada, ahora es culpa del gobierno federal. O en la última semana el caso de una nota falsa del periódico The Guardian, que causó un gran revuelo, y ahora que el diario londinense se retracta y pide disculpas, a nadie le importa y nadie retoma la información. Esto, sólo por mencionar los más famosos y llamativos, pero las páginas de los diarios, memes y mensajes dan muestra del tipo de sociedad que hemos creado, una sociedad con una cultura de mentiras. Damos por hecho lo que se dice y nadie verifica si es verdad o falso.

Como dicen los expertos, esta cultura de las mentiras, que en México estamos tan acostumbrados a usar en todos los terrenos: el social, el político y hasta en el judicial, está afectando el desarrollo social, el económico, nuestra educación, nuestra idiosincrasia y, por supuesto, nuestro futuro. Y lo peor es que pareciera que a nadie le importa.

Esto hace también que nos convirtamos en una sociedad que ya no investiga. Damos por hecho todo lo que nos dicen y somos presa de los poderes fácticos, que con dinero mueven a sus anchas todas las redes sociales, o de personajes, candidatos y periodistas que ahora que empiezan a usar las redes sociales, mienten sistemáticamente ante una sociedad totalmente muda y sorda a las pocas verdades que ya nadie quiere encontrar o escuchar.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @Marcovherrera

YouTube: El Marco del Poder

Google+: Marco V. Herrera Berenguer

Blog: Marco V. Herrera / El Marco del Poder

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

El reto: reducir la deuda soberana
Por

Carlos Serrano, de BBVA Bancomer, opina que lo mejor hubiera sido que el gobierno no incrementara la deuda. También hay...