El arsenal de recursos que tiene el país, cercano a 260,000 millones de dólares, no evitará que la depreciación del peso siga acercándose a las 17 unidades por dólar, su nuevo nivel consistente con el fin de la era del dinero abundante y barato.

 

El peso mexicano ha registrado una depreciación constante desde que finalizó la flexibilización cuantitativa en Estados Unidos en octubre de 2014. Si la historia puede servir de guía, entonces la depreciación del peso aún no ha alcanzado su máximo. Grecia, China, el fracaso de la Ronda Uno, el inicio del alza de tasas de la Fed son sólo detonantes, pero no la raíz de la depreciación del peso.

Desde los primeros brotes depreciatorios ocasionados por la anticipación de la llegada del retiro monetario en Estados Unidos se ha escuchado decir que el peso estaba protegido y que la paridad estaba subvaluada, insinuando con ello su regreso a menores niveles. La realidad ha demostrado que la esperada revaluación nunca ha llegado, e incluso el peso se ha depreciado a niveles por encima de las 16 unidades por dólar.

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En realidad, la depreciación del peso no debe ser una sorpresa, puesto que se debe a los mismos factores que lo apreciaron hace apenas algunos años. El exceso de liquidez global, que se generó con la ola de expansión monetaria mundial a raíz de la recesión del 2008-2009, se colocó mayormente en mercados emergentes, entre ellos México, lo cual, obviamente, ocasionó la revaluación de las monedas en esos países.

Por el contrario, con el retiro de la liquidez global, las monedas beneficiadas tienen necesariamente que depreciarse. Así, la depreciación del peso, que ya ha superado las 16 unidades por dólar, no debe ser una sorpresa, como tampoco debe descartarse que la paridad alcance los 17 pesos por dólar ante la persistencia de mantener tasas sin cambio en medio de un escenario de deterioro de la aversión al riesgo a nivel global.

Tomando como referencia la realidad económica de los últimos años podemos asumir que la revaluación de 25% registrada por el peso desde la recesión del 2009 hasta su máximo de mediados del 2011 se debió al exceso de liquidez global. Con base en ello se pueden construir dos escenarios cambiarios con una alta probabilidad de materializarse:

  1. Considerando que la paridad de equilibrio estable se alcanzó poco antes del final de la flexibilización cuantitativa de la Fed en octubre de 2014, entonces la nueva paridad del peso, consistente con el inminente retiro monetario de la Fed a través de alza en tasas, tendría que ser de 16.35 pesos por dólar.
  2. Si se considera que toda la revaluación del peso desde la recesión se debió a la liquidez global y que, por lo tanto, el peso debe regresar a su nueva paridad consistente con el drenaje de dicha liquidez, entonces el peso debería alcanzar una paridad de 16.88 unidades por dólar.

Por lo tanto, el arsenal de recursos que tiene el país, por una cantidad cercana a 260,000 millones de dólares, sólo servirá para facilitar la conversión de pesos a dólares en caso que la liquidez que entró al país decida retirarse. Pero esos recursos no evitarán que la paridad cambiaria alcance su nuevo nivel consistente con el fin de la era del dinero abundante y barato.

 

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Página web: Alfredo Coutino

 

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