El contraste no podría ser más mayor: en EU lo abordan abiertamente, y es un asunto de interés nacional; en México se discute poco, y no está presente ni para el gobierno ni para la mayoría de las fuerzas políticas.

 

La desigualdad sigue siendo un tema toral alrededor del mundo. Estudio tras estudio realizados por investigadores en universidades y en organismos internacionales como la OCDE, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional hacen evidente el incremento de la desigualdad en el mundo y sus consecuencias adversas desde el crecimiento económico hasta en aspectos políticos y sociales.

En este contexto, cada vez más perceptible por las sociedades en el mundo tras la crisis financiera de 2008, es que hoy en día se puede observar una gran diferencia en el debate público sobre el tema en Estados Unidos y en México.

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Ambos países tienen un nivel de desigualdad importante. La concentración del ingreso en el 1% de la distribución del ingreso en ambos casos está por arriba del 20% (21% en México, 20% en Estados Unidos); adicionalmente, México tiene un profundo problema de pobreza y un enorme problema de falta de crecimiento económico inclusivo. Para ambos países, los efectos de años de crecimiento económico se han visto capturados por sus respectivas elites económicas, y contrario a lo que las mismas elites económicas dicen, esta concentración del ingreso se encuentra lejos de ser producto de la innovación y la mayor productividad o eficiencia, y se explica más por la captura de rentas de monopolio, baja tributación y en algunos casos rentas de corrupción.

Sin embargo, el contraste en el debate público entre ambos países no podría ser más diferente. Mientras que en Estados Unidos el tema se aborda abiertamente y es un asunto de interés nacional que resuena de forma importante en los debates presidenciales del partido demócrata y que ha generado consenso como uno de los principales problemas en ese país, en México es un tema que se discute poco, no está presente ni para el gobierno ni para la mayoría de las fuerzas políticas y que incluso figuras de la vida empresarial y la comentocracia en México demeritan.

 

Un tema de derechos

En México, la desigualdad se discute como un asunto marginal frente al de la pobreza, a pesar de que ambos estén estrechamente vinculados, y se le relega como un elemento de un discurso populista o incluso como un tema de envidia. En Estados Unidos, así como en buena parte del mundo, la desigualdad es más bien un tema de derechos, de provisión de bienes y servicios públicos, y del funcionamiento efectivo tanto de mercados como de la democracia misma.

La diferencia entre la forma en que esta discusión se está dando ahora en Estados Unidos y la que se da en México radica en que allá, tras la crisis de 2008, lo que los expertos en economía laboral y desigualdad sabían, es decir, que el crecimiento salarial disminuía mientras que la concentración de ingresos aumentaba, se transformó en una consigna política.

En Estados Unidos, producto de la crisis financiera de 2008, las personas fueron capaces de internalizar que sus ingresos no aumentaron durante mucho tiempo y que por veinte años o más su menor ingreso fue enmascarado por el crédito. Cuando el crédito se agotó, las personas se dieron cuenta de que sus ingresos no crecieron pero que los ingresos de algunas personas sí continuaron creciendo durante todo ese tiempo. “Descubrir” que la parte alta de la distribución continuó creciendo permitió que todo lo que se sabía sobre la desigualdad tomara eco en la discusión pública.

En México, este “descubrimiento” ha tomado más tiempo, ya que la movilidad social en nuestro país es menor y se ha generado una discusión pública que acepta esta realidad como natural. Afortunadamente, aunque sea de forma lenta, esto comienza a ser cuestionado y presenta la oportunidad de discutir el tema como el problema que realmente es. En México, la dinámica de la concentración del ingreso no obedece a razones estrictamente de mercado, no es un premio a la innovación o la toma de riesgos, como puede observarse en el bajo coeficiente de inventiva en el país (número de patentes por cada 10,000 habitantes).

Es tremendamente importante que los términos de la discusión cambien y que en el país debatamos la desigualdad como un problema estructural de nuestra economía y el riesgo que representa al buen funcionamiento de nuestra sociedad.

 

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