La economía colaborativa se abre paso en el país con la presencia de modelos de negocio como Airbnb (que permite la renta inmobiliaria) y promete afianzarse con la potencial llegada de la aplicación Uber (que facilita contactar un vehículo de transporte), pero hasta ahora el sector tradicional no ve esas aplicaciones como competencia.

 

Por Felivia Mejía

Con novedosas formas de transacción que van de la mano de la tecnología, la economía de mercado evolucio­na hacia un modelo denominado colaborativo.

El vicepresidente ejecutivo del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES), Ernesto Selman, aclara que la economía de mercado en general es un sistema que se basa en la colaboración porque lo que ocurre es un intercambio voluntario entre personas.

Aplicaciones como Airbnb o Uber vienen a hacer más fácil la manera de hacer transacciones y ofrecen a los consumidores la oportunidad de un mejor servicio a un menor costo, opina Selman. “La competencia en economía siempre es buena. Eso es muy positivo para los consumidores porque tienen nuevas alternativas a un mejor precio”, comenta.

airbnb1

Un ejemplo lo vemos con la apli­cación Airbnb, compañía valorada en 2,500 millones de dólares (mdd), que desde hace unos años ofrece en el país una plataforma por internet que conecta anfitriones que tienen alo­jamientos para alquilar con clientes que demandan ese tipo de servicios.

Una alta ejecutiva de 45 años cuenta a For­bes que puso una habitación de su apartamento en el sector Bella Vista de la capital en oferta en Airbnb y en cuestión de horas ya tenía clien­tes interesados en rentar.

“Hace dos años que me hice integrante de ese negocio, mo­tivada por una amiga que vive en Los Ángeles, Estados Unidos, que me comentó que ella paga la hipoteca de su apartamento con lo que gana de la renta a turistas, los que la contactan a través de esa aplicación”, afirma.

Expresa que tiene amigos que ya no hacen reservas en hoteles porque les va mejor utilizando los servicios de Airbnb (abreviatura de las pala­bras inglesas Air Bed and Breakfast). “Es mucho más barato. Te permite interactuar con los propietarios de la casa, tienes acceso a la cocina, es más cómodo que un hotel en ciertos aspectos. Además, el anfitrión debe cumplir con unos estándares de calidad, ofrecer un buen servicio; de lo contrario, no puedes participar en la aplicación”, dice.

De su lado, Miguel Collado, eco­nomista senior de CREES, explica que la economía colaborativa viene a reducir los costos de transacción y a democratizar el capital. “Con este modelo de negocios estaríamos creando más emprendedores. Creo que es una oportunidad para que las personas obtengan un ingreso extra”, opina. Además, actualmente Airbnb ya cuenta con una garantía para los anfitriones de hasta 1 mdd si sufren daños en su propie­dad causados por un huésped.

Usar Airbnb como cliente es bien fácil. Primero hay que regis­trarse con datos tan simples como correo electrónico y una contraseña. Después se introducen las fechas de llegada y salida al destino. Por último, solicitas el tipo de habitación y rango de precios que te interesen.

Podemos encontrar una habi­tación en el sector Bella Vista hasta por 15 dólares la noche por persona, un precio bastante módico considerando que el inquilino ofrece, además de cama, televisión por cable, servicio de internet inalámbri­co, derecho a usar la cocina y la lavadora de la casa.

El propietario de esa vivien­da apenas a un mes de publicar su oferta ya había recibido muy buenos comentarios en la página de parte de inquilinos.

El mapa de disponibilidad en el país es bastante interesante. Puedes encontrar desde la oferta de un lujoso apartamento en la zona más exclusiva del Distrito Nacional has­ta una sencilla habitación en una rural comunidad de la región sur.

De acuerdo con las cifras publi­cadas en su página web, las ciuda­des dominicanas que más ofertas tienen son Santo Domingo con 660 alquileres, Cabarete, 995; Las Terrenas, 676; Sosúa, más de 1,000. También hay ofertas para pernoctar en Jarabacoa, San José de Ocoa y Barahona, entre otras ciudades.

Airbnb funciona en 34,000 ciudades de todo el mundo. Cada noche, al menos 140,000 personas de más de 190 países disfrutan de una estancia diferente.

Ese modelo de negocios se sus­tenta en el cobro de una comisión por servicio que va de 6% a 12% y se refleja en el costo total que el huésped paga. De igual manera, hay un cobro de servicio al anfitrión que busca cubrir el costo de la tramitación de pagos.

El uso de Airbnb y de otras pá­ginas web como HomeAway.com se hace más frecuente en el país, pero los hoteleros locales no lo conside­ran competencia para sus negocios.

El vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores), Arturo Villanueva, indica que ese tema no les preocupa, “absolutamente nada”, al tiempo que señala que hasta ahora el funcionamiento de esas apli­caciones no ha incidido en el nivel de ocupación de habita­ciones de hotel en el país.

“A nosotros no nos perturban ni los cruceros, que en las otras is­las del Caribe son una competencia bastante fuerte y real hacia los ho­teles, porque los cruceristas no per­noctan, pero tampoco pagan tasas, como se la cobran a los que viajan vía aérea a este país”, comenta.

Villanueva destaca que la situa­ción de la seguridad ciudadana en República Dominicana es un tema muy sensible, por lo que cree que ese tipo de negocios no tendría mucho éxito. “La gente aquí es muy hospitalaria, pero desconfiada. Eso todavía aquí no… fíjate que ya ni siquiera las pensiones tienen mucha demanda, ya hay hoteles especializados para ese tipo de estadía largas. En Santo Domingo hay muchos hoteles y apartahoteles para estadías largas y ni siquiera eso le hace daño a la hotelería, hay para todos”, sostiene.

De hecho, en el apartado de Términos y Condiciones, el portal de Airbnb indica que no garantiza nada entre los clientes y anfitriones y sugiere que cada quien se guíe de su instinto al momento de llegar a un acuerdo. “Recomendamos que emplee siempre su sentido común y toda su atención a la hora de decidir alojarse con un anfitrión, aceptar la reserva de un cliente o interactuar de cualquier otro modo con otros miembros”, especifica.

Villanueva descarta que pro­puestas como Airbnb o HomeAway afecten al sector hotelero: “No me gusta predecir en base a un tema como este que no se ha podido evaluar, pero yo no veo esa vocación en el dominicano, no la vislumbro, aunque puedo estar equivocado. Mi olfato de más de 30 años de trabajo en el sector no me da”.

 

Cambio en el transporte

Un modelo de negocio que estudia instalarse en República Dominica­na es Uber, compañía valorada en más de 40,000 mdd, valor superior al de American Airlines o Kraft Foods.

Aunque en su página web publi­can que buscan un gerente general para Santo Domingo, además de gerentes para las áreas de Merca­deo y de Operación y Logística, la gerente de Comunicación de Uber en México, Rocío Paniagua, expresa que en Santo Domingo todavía agotan la etapa de investigación del mercado y planeación para ver la factibilidad de concretar el proyecto en el país. “Siempre estamos buscando oportu­nidades de expansión”, afirma.

Por lo pronto, ejecutivos de ese modelo de negocio se han acercado a empresarios locales para conver­sar sobre las oportunidades que en materia de transporte tiene Santo Domingo.

El gerente general de la empresa de taxis ejecutivos Tüv Süd, Wilson Marte, asegura que fue contactado por ejecutivos de Uber, quienes le plantearon la posibilidad de que sus unidades de transporte se unieran a la aplicación.

“A nosotros no nos interesa porque tenemos nuestra propia aplicación digital, no usamos radiotaxi. Como ocurre con Uber, también nuestros clientes pue­den pagar con tarjeta de crédito”, explicó Marte.

La entrada de Uber a algunos paí­ses de América ha sido controversial y polémica. Aunque Uber no se de­fine como un servicio de taxi, es con ese sector con el que más ha tenido roce en los países en los que funcio­na. En México, el gremio que agrupa a los taxistas se ha movilizado en protestas por lo que llaman “compe­tencia desleal”, ya que aplicaciones como Uber y Cabify no pagan las licencias y permisos que requiere el gobierno del Distrito Federal para una compañía de transporte público, pero sí funciona como una empresa regular que paga impuestos.

En Colombia y Costa Rica tam­bién se han escenificado protestas pidiendo la regulación de Uber, un modelo de economía colaborativa creado en 2009 en San Francisco, California, y que está presente en más de 200 ciudades de 58 países.

En República Dominicana, aunque el anuncio de vacantes ha generado expectativas, el sector de taxis subestima el impacto que podría generar la entrada al país de ese modelo de negocio.

Marte cree que no tendrá éxito porque considera que es muy baja la cantidad de personas que cuenta con servicio de data fija y teléfonos inteligentes, un elemen­to importante para contactar los servicios de Uber.

El asunto de la seguridad es otro aspecto que destaca Marte: “Uber no tiene control del carro de los conductores, nosotros tenemos GPS en todas nuestras unidades. Ellos trabajan con conductores informa­les y en este país no hay garantía de probar la honestidad de una perso­na porque hay formas de conseguir un papel de buena conducta aunque antes la persona haya cometido un delito”, sostiene.

 

Siguientes artículos

Economía mexicana
¿Cómo hacer que los mexicanos inviertan en la bolsa?
Por

Sólo 3 de cada 100 mexicanos invierten en instrumentos bursátiles; existen algunas ‘rutas rápidas’ para generar estrateg...