Después que los datos de la economía de Estados Unidos decepcionaran a principios del año, el panorama ha venido mejorando en los últimos meses.

 

Por el momento, la economía de EU no está creciendo como en 1999, pero hay una sensación cada vez mayor de que finalmente está recuperándose de la crisis. La confianza tiene la solidez suficiente para que las empresas contraten más trabajadores y los consumidores comiencen a gastar. La creación de empleo alcanzó un máximo en abril y la nómina de empleo del sector no agropecuario registró 280,000 nuevos puestos de trabajo en mayo. Las ventas de vehículos incrementaron a 17.7 millones en mayo, el número más alto en casi 10 años, por efecto de la demanda acumulada de los consumidores y empresas. Los precios más bajos de la gasolina están alentando a los consumidores a comprar vehículos mejor equipados y más lujosos, en lugar de automóviles más económicos; también a salir de vacaciones, como demuestra el aumento de las tasas de ocupación en los hoteles.

El mercado de la vivienda también muestra señales alentadoras; el crecimiento del empleo está ayudando a impulsar la demanda. Los precios de la vivienda están aumentando en todo el país, llegando a niveles impresionantes en barrios codiciados. Los alquileres también están subiendo en un contexto de disminución de inmuebles vacantes, ya que personas que vivían con sus familiares comienzan a mudarse a sus propios hogares. Las condiciones de crédito para los préstamos hipotecarios están comenzando a ser más flexibles, ya que algunos prestamistas empiezan a aventurarse en el mercado de hipotecas de riesgo (subprime).

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Ante el crecimiento de la demanda, la oferta está comenzando a responder. La construcción de vivienda estuvo frenada por un invierno inusualmente frío; durante mayo alcanzó un máximo posrecesión. Aun así, la construcción de vivienda sigue estando muy por debajo del nivel que se necesitará en el largo plazo para alojar a una población creciente y deberá seguir creciendo en los próximos años. La mejora en las noticias económicas no ha pasado inadvertida para la Reserva Federal o los mercados. La próxima semana, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) volverá a analizar algo que lleva tiempo sin hacer: la posibilidad de subir o no las tasas de interés. Pensamos que aún es muy pronto para presionar el gatillo, y el mercado opina lo mismo, ya que los bajos niveles de desempleo todavía no han hecho que suban los precios, por lo que vemos una probabilidad casi nula de que eso suceda en esta reunión.

Sin embargo, puede que oigamos el tono del discurso procedente de los miembros del FOMC más en favor del endurecimiento monetario. En la conferencia de prensa posterior a la reunión, la presidente de la Reserva Federal Janet Yellen posiblemente repita su discurso de que una subida de la tasa de interés “sería adecuada” en el tercer trimestre de este año. Así pues, aun cuando la Reserva Federal no adopte medida alguna la próxima semana, cada vez es más evidente que las tasas de interés habrán de subir en el corto plazo. La posibilidad de una subida de tasas por parte de la Reserva Federal ya ha afectado a los mercados de bonos, que se encuentran con mayor volatilidad de lo que justificarían sus fundamentales. Yellen ha expresado claramente que la Reserva Federal habrá de subir las tasas a un ritmo más gradual que en ciclos de endurecimiento anteriores. A pesar de ello, los rendimientos de los bonos globales han subido a gran velocidad en las últimas semanas. Los rendimientos de los Bonos alemanes a 10 años, que rondaron cerca del 0% en abril, han vuelto a situarse por encima del 1% esta semana. Los rendimientos de los títulos del Tesoro de EU a 10 años subieron un poco menos, pero aun así superaron nuestra expectativa.

Los tipos de cambio también se han visto afectados por las perspectivas de política monetaria de la Reserva Federal. La probabilidad de que la Reserva Federal aumente las tasas, incluso mientras muchos otros bancos centrales continúan recortando las suyas, ha favorecido un fortalecimiento del dólar.

Sin embargo, los datos económicos más sólidos no siempre ayudan a los mercados estadounidenses de renta variable, posiblemente por la teoría de que los aumentos de las tasas son malos para el mercado. Creemos que esta respuesta, donde “una buena noticia es mala noticia”, no tiene mucho sentido. Un mejor crecimiento económico ayudará a impulsar las ganancias y debería apuntalar la renta variable; creemos que los inversionistas en renta variable no deben temer a datos económicos fuertes.

 

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