En la opinión del organismo,  “los riesgos a la baja han aumentado a medida que han surgido otros nuevos, y los viejos permanecen”.

 

Por lo general somos los analistas críticos los que advertimos cuando las cosas no marchan bien. Sin embargo, cuando son las instancias oficiales –que por lo general pecan de optimistas– las que advierten de los riesgos que tenemos enfrente, entonces las cosas están realmente graves y podrían empeorar de un momento a otro.

Es el caso del Fondo Monetario Internacional (FMI), que en su documento “Global Prospects and Policy Challenges”, que preparó para la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20, que se celebrará este fin de semana en Australia, aseguró que la “recuperación” de la economía global es precaria. Dijo además que las tensiones geopolíticas sumadas a la expectativa de una normalización de la política monetaria en Estados Unidos, se suman a los riesgos por los cuales las perspectivas de crecimiento se debilitan.

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El Fondo afirmó que el crecimiento para la primera mitad de 2014 había sido más débil de lo que estimó en abril. En su opinión, “los riesgos a la baja han aumentado a medida que han surgido otros nuevos, y los viejos permanecen” (énfasis nuestro).

En su texto destaca la muy baja volatilidad de los mercados financieros, producto del apetito de los inversores por los activos de riesgo. Esto, cortesía de las políticas expansivas de los bancos centrales, liderados por la Reserva Federal (Fed) estadounidense. Dicho de otro modo, aunque no mencionan una sola vez la palabra burbuja, su admisión implícita de que las cosas están yendo demasiado lejos, es evidente. Y es que la baja volatilidad es señal del autoconvencimiento de los inversores de que la fiesta en los mercados continuará. En palabras del FMI, esa avidez por el riesgo “podría ser abruptamente corregida”.

En este sentido, la semana pasada ya le comentábamos que el mundo parece estarse acercando por desgracia a una guerra, producto de las disputas y diferendos que ya existen entre, por ejemplo, Ucrania y Rusia –que en realidad es un asunto de Occidente vs. Oriente, o entre  China y Japón por las islas del Mar de China Oriental. El FMI reconoce que esos conflictos tienen el potencial de detonar una nueva crisis, que echaría por la borda esta falsa recuperación económica, que está prendida de alfileres.

Nada nuevo para los amables lectores de este espacio, pero quizá sí para aquellos acostumbrados a seguir y creer sólo lo que predican las voces del “establishment”.

A pesar de su dosis de realismo, el FMI, como siempre, se conserva optimista y espera que la “recuperación” tome algo de fuerza en lo que queda de este año y 2015. No obstante, la realidad es que las condiciones económicas en motores como la eurozona o Japón, son bastante endebles. Lo mismo en las supuestas recuperaciones en Estados Unidos y México, que según el Fondo, mejoraron en el segundo trimestre.

Pero más allá de esos buenos deseos, lo cierto es que si la Fed termina su inyección de dólares el mes que entra como se espera, uno de los alfileres que sostienen el sistema se habrá removido, y quién sabe por cuánto tiempo más aguanten la economía global y los mercados financieros sin venirse abajo. Nuestra previsión es que no mucho, por lo que aquí más nos valdría que el gobierno federal y el Banco de México tomaran previsiones para evitar que, otra vez, el “catarrito” nos agarre desprevenidos. Por desgracia, ni uno ni otro están dispuestos a hacer lo que se tiene que hacer: recortar el gasto público, promover el ahorro y subir las tasas de interés por encima de las previsiones de inflación.

Por otra parte, a pesar del contexto que ya ve el FMI, vuelve a reconocer su más grande temor: la deflación. De ahí que, contra toda lógica –más después de su propio diagnóstico–, recomiende que la política monetaria se siga empleando para “apoyar la recuperación”. Asegura que “con amplias brechas del producto e inflación corriendo por debajo del objetivo, condiciones monetarias acomodaticias siguen siendo esenciales para las economías avanzadas”.

En suma podemos decir que la institución que comanda Christine Lagarde, por un lado acusa que la acción de los bancos centrales y gobiernos es responsable de una peligrosa megaburbuja, pero por otro recomienda que la inyección de dinero de papel continúe para que no reviente. A final de cuentas, cuando esto ocurra –y ocurrirá– se le podrá echar la culpa a las “tensiones geopolíticas” y no a los verdaderos responsables, de los que es cómplice.

Con su documento, el FMI se suma a otra advertencia oficial, ésta del Banco de Pagos Internacionales –el banco central de los bancos centrales–, que esta semana en su revisión trimestral indicó, en el mismo sentido, que las laxas políticas monetarias han inflado “elevados precios de activos”. Sin duda, la “alerta sísmica” de las crisis ya está sonando.

 

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