Después de cuatro años de avance positivo, aunque moderado, la economía mexicana reportó su primera contracción en el segundo trimestre del 2016. Es evidente que la actividad económica experimentó una desaceleración, más no hay señales de recesión.

De acuerdo con el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), la economía mexicana se contrajo en alrededor de 0.5% en el segundo trimestre, con respecto al trimestre previo con cifras desestacionalizadas. En términos anuales con cifras originales, la economía creció 2.4%.

La contracción trimestral parece ser un dato puntual más que una señal de recesión, ya que mayormente se debe a la alta base de comparación que alcanzó el volumen de actividad en el primer trimestre, cuando la economía creció casi 3% a tasa anual desestacionalizada.

Si bien la contracción del segundo trimestre es mayormente producto de un efecto estadístico, no debe ignorarse que la actividad económica entró en una fase de moderación del crecimiento. La economía en el 2016 funcionará a una velocidad más consistente con su limitada capacidad productiva, que no da para crecer más allá de 2.5% de manera natural y sin desequilibrios.

La expansión fiscal y monetaria de los últimos tres años ha ayudado a la economía a alcanzar su limitada tasa de crecimiento potencial, pero su prolongación también ha generado presiones inflacionarias y desequilibrios amenazantes, sobre todo en materia fiscal y externa. Es por ello que la política monetaria ha regresado a la normalidad, aunque más bien forzada por las condiciones de vulnerabilidad.

En el 2016, la economía crecerá no más de 2.3%, ligeramente por abajo de su tasa potencial, dado que la volatilidad externa ha distraído algunas decisiones de inversión en el país. La producción petrolera continúa deprimida y sin señales de recuperación en el corto plazo. La reforma energética tomará todavía algunos años más para empezar a revertir la caída en la producción de crudo.

Las reformas fortalecerán la capacidad productiva del país, pero en el mediano y largo plazo, por lo que la economía mexicana avanzará en la segunda mitad del sexenio a una tasa promedio de 3%, incluyendo el hecho de que en el 2018 se presentará un mayor crecimiento por efecto del ciclo político electoral.

México ha demostrado una vez más durante los últimos tres años que las políticas expansivas sólo traen bienestar transitorio y ocasionan desequilibrios que aumentan la vulnerabilidad de la economía ante choques externos.

La mejor defensa que el país puede implementar es a través de disciplina económica para mantener la economía cerca de su limitado crecimiento potencial, y profundizar las reformas para aumentar la capacidad productiva futura.

 

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