La crisis financiera le quitó el brillo a los grandes centros financieros como Nueva York y llevó el crecimiento a las megaciudades de los países emergentes. Pero para capitalizar esta tendencia, centros urbanos como la Ciudad de México deben reordenar su  gestión hacia la eficiencia  y la competitividad.

 

Por Paola Palma

 

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En la actualidad, las ciudades son centros de dinamismo económico que atraen talento; han alcanzado dimensiones nunca antes vistas en la historia de la humanidad. Los mayores centros urbanos del mundo, las megaciudades, concentran poblaciones superiores a 10 millones de habitantes y su impacto económico es un factor central para el desarrollo de los países donde se localizan, pero también para el resto del mundo.

Se estima que para 2050 habrá más de 30 megaciudades en el mundo —en la decada de los 50 del siglo XX sólo Tokio (Japón) y Nueva York (Estados Unidos) eran megacentros urbanos. Actualmente, entre las principales megaciudades se encuentran Tokio (hoy con 37.5 millones de habitantes), Delhi, India (24.1 millones), Shanghai, China (22.6 millones), Karach, Pakistán (21.6 millones), Nueva York, Estados Unidos (20.6 millones), la Ciudad de México (20.7 millones), y São Paulo, Brasil (20.3 millones).

El surgimiento y crecimiento de las me­gaciudades tiene una explicación eminen­temente económica. Las personas migran hacia las regiones que ofrecen las mejores oportunidades para generar y acceder a mejores ingresos. Una economía floreciente y productiva genera empleos y ofrece con­diciones que permiten satisfacer de mejor manera las necesidades de la población.

Según el indicador City600 de The McKenzie Institute, los 600 centros urbanos más grandes del planeta son el origen de tres cuartas partes del PIB mundial. De éstas, 440 se ubican en economías emergentes o en desarrollo. Por sí mismas, las ciudades emergentes generan 47% del PIB mundial y presentan una tasa de crecimiento económico conjunto cercano al 7%. Entre las ciudades emergentes con mayor crecimiento en el mundo se encuentran las asiáticas, de las cuales 242 son centros urbanos chinos, 36 indios y 57 latinoamericanos.

La importancia de las ciudades emergentes como motores de la economía global conti­nuará aumentando en el futuro. Se estima que para el año 2025, las 20 principales megaciu­dades estarán ubicadas en países emergentes, siendo China e India las piezas clave en el crecimiento de estos centros urbanos. Otras megalópolis importantes serán São Paulo, en Brasil; Moscú, en Rusia; la Ciudad de México; Es­tambul, en Turquía; Lagos, en Nigeria, y Dhaka, en Bangladesh.

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Retos y beneficios  de las megaciudades

El beneficio económico de las megaciudades radica en su capacidad para elevar el ingreso de sus pobladores, y con ello mejorar sus condiciones de vida. Con ingresos crecientes, gracias a una actividad económica en cons­tante expansión, el consumo y la demanda por mayores y mejores productos y servicios también aumenta.

Las megaciudades son los mayores mercados de consumo del mundo. Para 2025, el consumo de las ciudades emergen­tes se incrementará en más de 10 billones de dólares. La expansión del consumo en los centros urbanos ofrece significativas oportunidades de negocio e inversión en una amplia variedad de nichos de mercado y de productos. Este fenómeno es muy evidente en países como China.

Según estimaciones del Instituto Chino para la Reforma y el Desarrollo, en 2020 la clase media china la conformarán alrededor de 600 millones de personas, en un fenómeno que tendrá el impulso de la rápida urbanización del país. En ese entorno, el consumo urbano será sin duda la base del crecimiento económico chino que se espera para los próximos años.

En 2011 el ritmo de la urbanización de China alcanzó una tasa de 51.3%; de ahí que el potencial de crecimiento urbano y, por ende, la demanda doméstica en las ciudades de ese país, se considera que aún son enor­mes. No es coincidencia, por lo tanto, que el gobierno chino haya iniciado la migración de su modelo económico, basado en las exporta­ciones y la inversión, hacia uno basado en el consumo doméstico.

 

La influencia de las ciudades  sobre los negocios y la inversión

Las megaciudades, sus pobladores y necesida­des definen las decisiones de inversión, produc­ción y comercialización de muchas empresas en todo el mundo. Esta influencia ha originado que muchos negocios se alejen de la visión país-re­gión como guía para la toma de decisiones de inversión, y se enfoquen en una visión de ciudad.

¿Cómo se define a una ciudad competitiva? En términos estrictos, es el centro urbano capaz de atraer inversión y talento, generar condiciones propicias para el desarrollo de ne­gocios novedosos, fomentar la innovación de productos y permitir la explotación de nuevos segmentos de mercado.

Para que una ciudad sea considerada atractiva y destaque en el mapa de los centros urbanos globalmente competitivos, requiere que su economía y productividad, infraes­tructura, fuerza laboral, condiciones de se­guridad y disponibilidad de servicios básicos funcionen de manera óptima y permitan el desarrollo eficiente de los negocios.

Las ciudades más exitosas a escala mun­dial explotan el concepto del urban hot spot, mejorando las condiciones antes mencio­nadas con el objetivo de atraer empresas multinacionales o convertirse en sede de eslabones de producción o servicios que son parte de las cadenas de valor globales, como hubs (centro de operaciones) de un subsec­tor particular.

Ciudades chinas como Guangzhou y Shangai han logrado atraer a numerosas empresas globales a través del modelo de “ciudad competitiva global”. Guangzhou es el corazón de la región manufacturera y comer­cial más importante de China, mientras que Shanghai es el centro económico más grande del país, y al mismo tiempo es una de las ciu­dades más modernas del mundo en términos de infraestructura urbana.

El crecimiento exponencial de estos cen­tros urbanos durante las dos últimas décadas, tanto en términos de población como de ingreso, ha fomentado una enorme inversión en infraestructura y formación de talento por parte de sus gobiernos, con la finalidad de garantizar la continuidad de su éxito econó­mico en el futuro.

 

Las ciudades  mexicanas en el mapa

Las ciudades mexicanas más exitosas son víctimas de su propio crecimiento. La Ciudad de México es considerada una megaciu­dad, en tanto que Monterrey, Guadalajara y Puebla son importantes motores de creci­miento. Sin embargo, debido a una incorrecta planeación, enfrentan problemas que limitan su competitividad y reducen su atractivo para atraer y consolidar la inversión.

Las grandes ciudades mexicanas sufren las consecuencias de la ausencia de planea­ción urbana y de la sobreestimación de su capacidad: congestionamientos viales, insu­ficiencia de vivienda, transporte y servicios públicos de baja calidad, contaminación, informalidad y criminalidad. Estos efectos negativos de un crecimiento urbano desor­denado no sólo impiden que nuestras ciudades sean competitivas, sino también habitables y sustentables.

La pregunta radica en las alternativas disponibles para desarrollar ciudades competitivas en nuestro país. México cuenta con importantes centros urbanos que pueden desarrollarse para formar polos de crecimiento económico dinámicos. Para ello se requieren políticas públicas que permitan tener una planeación adecuada sobre las necesidades y el potencial de expansión de nuestros centros urbanos. México requiere desarrollar ciudades competitivas, eficientes e “inteligentes”.

En nuestro país existen zonas urbanas que ya son competitivas globalmente y que aún cuentan con potencial para expandirse. El corredor fronterizo del norte del país, que incluye ciudades como Juárez, Tijuana, Mexicali, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamo­ros, es bien conocido por su especialización en manufacturas electrónicas y su estrecho vínculo con la industria manufacturera estadounidense.

Al mismo tiempo, la instalación de armadoras automotrices asiáticas y europeas en sitios como Aguascalientes, Silao, San Luis Potosí y Puebla conforman un corredor de ciudades especializadas en diferentes eslabones de la cadena de valor global automotriz.

El futuro económico del país y del mundo se ubica en las ciudades. Por ello, gobiernos y empresas deben centrar su atención en el desarrollo ordenado de áreas urbanas que aún ofrecen elevado potencial de expansión. El paradigma está en concretar decisiones de inversión pública y privada que permi­tan el desarrollo ciudades más productivas, eficientes y sustentables.

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