Si tu conocimiento NO es aplicable, NO promueve o NO funda las bases de las herramientas o de las habilidades estratégicas, NO sirve, al menos no en el emprendimiento, un ámbito cargado de acción.

 

Regresar a lo básico

En un mundo donde la complejidad nos ha absorbido, regresar a lo básico es primordial.

No sé cuándo empezamos a pensar que las grandes respuestas están en lo complejo, cuando la mayoría de ellas se oculta detrás de lo más simple.

Quizá la visión ha dejado de enfocar lo más trivial, que en muchas cosas suscita grandes problemas, porque vivimos en un mundo donde el ver las grandes máquinas nos hizo perder la dimensión del tornillo, o porque los aparatosos y llamativos sistemas de información tecnológica en redes nos hacen perdernos de la simplicidad del carácter. Y nos perdemos entre millones en la programación diaria.

 

La fórmula del éxito en el emprendimiento

Los factores que hacen que las personas tengan éxito en el emprendimiento son puntuales; no necesitamos descubrir el hilo negro. Incluso debemos dejar de pensar que existe uno.

La ecuación básica del éxito en el emprendimiento:

A + H x HE + A = E

Actitud + Herramientas x Habilidades Estratégicas + Acción = Éxito

Los obtusos se preguntarán ¿en dónde queda el conocimiento?

Para todos ellos les tengo noticias: este mundo es un mundo donde la praxis es la que paga. Si tu conocimiento NO es aplicable, NO promueve o NO funda las bases de las herramientas o de las habilidades estratégicas, NO sirve, al menos no en este ámbito, el del emprendimiento, un ámbito cargado de acción. Será funcional y generará oportunidades a la larga en otros espacios, pero no en el de la ejecución del emprendimiento. Aquí lo que se tiene se requiere ejecutar, y esto, señores, es una realidad.

Tu conocimiento, pues, debe impactar en las herramientas, las habilidades y las acciones; si no, no sirve.

 

¿Qué pasa si la fórmula es tan simple?

La principal problemática: la superactitud nubla la vista de los emprendedores.

He podido observar en los últimos años la sobrevaloración de la actitud en el emprendimiento y en el éxito, generada por un concepto que sensacionaliza la actitud, como uno de los principales factores del mismo, cuando no es factor sino sólo catalizador.

Si bien la actitud es muy importante, está sobrevalorada en cuestiones funcionales, porque la actitud es sólo una parte que sirve como catalizador para conseguir el éxito, pero jamás estará por encima del 30% del mismo.

Jóvenes:

  1. La actitud no es lo más importante en los negocios.
  2. La actitud no nos da de comer.
  3. La actitud por sí sola no consigue el éxito.

Se ha sobrevalorado la importancia de la actitud y se pierden de vista los factores que llevan al éxito. Regresen a ver la fórmula y vean qué es lo que potencia al éxito: Habilidades Estratégicas (por eso tenemos antes de la misma un signo de por).

Se ve en todos lados porque vivimos del auge del ¡Sí se puede! Porque el ¡Sí se puede! emociona a la gente y vende mucho.

Y no digo que no deba haber motivadores, o alguna de las partes del emprendimiento, pero ahora que todo implica exaltar y reexaltar la actitud sobre todo, el resultado son miles de emprendedores BIEN PRENDIDOS pero BIEN PERDIDOS, que terminan el día BIEN MADREADOS de intentarle pegar a la piñata con los ojos vendados sin darle ni una vez.

El resultado: emprendedores BIEN PRENDIDOS pero BIEN IMPRODUCTIVOS, cansados todo el día por haber hecho mil actividades y más del 90% de ellas de bajo retorno de inversión.

 

Ejemplo 1

Imaginemos a un emprendedor con todas las ganas, de esos que le entran a todo porque tienen la ¡AC-TI-TUD! Y como son “echados pa delante”, siempre le entran a todo. ¿Conoces a alguien?

¡Sale! Hay que hacer un túnel de México a Querétaro, ¡Sale!, le dicen al compañero con la actitud y el entusiasmo al 100.

¿Y qué va a responder?

¡Va!, nos lo aventamos ¡Yastas! (Y en su interior se dice: “no sé cómo, pero le entramos”, porque así es el mexicano, porque ¿cómo que no le vamos a entrar si pa nosotros lo grande no es nada?)

Muy bien, échele mijo, ¡Aquí tienes tu cuchara sopera, ahora sí rásquele pero fuerte porque hay que llegar a Querétaro!

Y a las dos semanas, los más prendidos, se dan cuenta que la actitud sirvió para metro y medio, porque sin herramientas jamás lo lograrán y éstos fueron los más prendidos, los más aferrados y los más poderosos con su actitud, porque otros que racionalizaron las cosas se dieron a vencer antes y su superpoder de la actitud o el entusiasmo se acabó a los 3 días.

Resultado: Actitud sin Herramientas, no sirve.

 

Ejemplo 2

Ahora imagina que queremos vender, o involucrar a personas de alto nivel a nuestros planes, y vamos con alguien que tiene toda la actitud.

Le decimos, ¡ahora sí!, después de seis meses ya tenemos la junta con la gente de Slim.

¡Vamos con todo!, dice el “Sí se puede del grupo”.

Y preparan una presentación de media hora, cuando no saben que se les darán cinco minutos.

Y su “habilidad” comunicativa, o estratégica de negocios, les hace darlo todo. Y emocionados por firmar garabatearon un contrato casi sin leerlo, porque la actitud se convirtió en emoción.

Y después de tres horas caen en cuenta que se metieron en un problema, porque el compromiso estaba loco, porque por la falta de habilidades de escucha, atención, análisis y negociación, les ha superado, y porque dijeron que sí a todo, con tal de tener la cuenta. ¿Te suena familiar?

Y empiezan a notar que se metieron en una locura porque todos son creativos pero nadie tenía las habilidades para hacer negocios, y nadie escuchó y nadie sabe hablar asertivamente, y la emoción y el entusiasmo ganó.

Para que más al rato se den cuenta que quizá los llevará a perder o posiblemente a quedar mal con el cliente, porque se aventaron “como el Borras” con los tiempos de entrega, los precios, los costos, etcétera, por ganar la cuenta o sólo por ganarse al cliente, porque ya entrando después les cobraremos más (lo cual es la creencia más errada y que nunca sucede en la realidad en el emprendimiento).

Resultado: Actitud sin Habilidades, no sirve.

 

Reflexión

Por eso es bueno que le den su poder a otros espacios, que sean un poco más medidos y que no olviden que la fórmula requiere de mucho más que sólo actitud. Entonces podrán empezar a acercarse más a la posibilidad de conseguir el éxito.

No es malo tener actitud; recuerda que es parte de la ecuación, pero sólo te servirá como catalizador. Pero no olvides armarte con habilidades, herramientas y entrenarte a diario, practicando el arte de emprender, vender y hacer negocios.

 

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