Por Lucas Carbonaro*

Muchos directivos, cuando tienen que enfrentarse a un proyecto nuevo e importante, tienen la sensación de estar ante un océano helado: el horizonte está muy lejos, es un entorno hostil y no saben si serán capaces de cumplir su objetivo. Son sensaciones muy parecidas a las que nos enfrentamos cuando hacemos una prueba de resistencia. Ese fue mi caso, cuando decidí cruzar a nado el Canal de la Mancha, un estrecho de 33 kilómetros que separa el noroeste de Francia de Gran Bretaña. Las temperaturas son muy bajas, la prueba se realiza sin neopreno (la hipotermia es una de las principales razones de abandono). Los tiempos van entre las 7 horas del más rápido, hasta las 27 horas del más lento. Yo lo conseguí y aprendí tres lecciones de liderazgo que aplico hoy en mi trabajo.

Nadie debería abordar un reto importante solo. Todo directivo necesita rodearse de un buen equipo que le ayude en su travesía, con los que pueda contar y en los que buscar inspiración y motivación. Cuando decidí cruzar el Canal de la Mancha, me levantaba a las cinco de la mañana para entrenar tres horas diarias. Pude soportarlo gracias al apoyo de mi familia y mis compañeros de entrenamiento. Aprender de sus experiencias y de su actitud me tranquilizó y me ayudó a trabajar para conseguir mi reto. El día que crucé el Canal tuve a seis personas acompañándome desde el barco (incluida mi prometida), durante más de 20 horas seguidas, pendientes en todo momento de mí y de que pudiera conseguir mi objetivo.

  1. Preparase para el reto: el efecto dominó. Lo más gracioso de toda esta historia es que soy un nadador bastante corriente. Soy un buen deportista, pero empecé a nadar de manera regular hace relativamente poco tiempo. Sin embargo, gracias a que empecé marcándome pequeños objetivos, cada vez más ambiciosos pero asumibles, creé un “efecto dominó”: pasé de nadar en una piscina a cruzar el Estrecho de Messina, en Italia (3 kilómetros), el Estrecho de Gibraltar entre España y Marruecos (14 kilómetros) y finalmente, el Canal de la Mancha (33 kilómetros).
  2. Traza un plan y cíñete a él. Un reto desconocido y complejo se puede volver imposible sin una estrategia que te marque el camino a seguir. En mi caso, durante mi estrategia de preparación, estuve entrenando en un Swim Camp especializado en aguas frías, crucé otros estrechos, localicé piscinas en todos los países a los que viajaba, etc.  En la empresa, y de cara a tu equipo, es lo mismo: Identifica necesidades, asigna micro-objetivos e hitos intermedios y define las acciones a seguir para conseguirlos.
  3. Desarrolla tu fortaleza mental y no te rindas nunca. La fortaleza mental es muchas veces el factor decisivo en cualquier prueba de resistencia, personal y profesional. Y para dirigir empresas y gestionar a tu equipo, se necesita mucha. Van a surgir dificultades internas, que te harán pensar que no sois capaces de hacerlo. Y externas e inesperadas que te obligarán a adaptarte y continuar. La primera vez que nadé en aguas frías, duré 20 minutos. En ese momento, no pensaba que conseguiría nadar 17 horas seguidas en un océano de aguas frías. Y lo hice porque no me rendí.

En definitiva, en la empresa como en el deporte, tener una meta clara, un plan de acción, un gran equipo y grandes dosis de concentración mental son ingredientes imprescindibles para el éxito.

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*Senior Project Manager en el European Investment Bank.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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