Las empresas medianas requieren capital para crecer, expandirse y consolidarse. Las condiciones económicas existen y los jugadores interesados en invertir también, pero las empresas necesitan poner orden en la casa para echar mano de la jugosa bolsa disponible.

 

Por Ruth Mata

¿Qué tienen en co­mún una empresa exportadora de frambuesas, zar­zamoras y arándanos con una que se dedica a hacer series animadas? A primera vista, nada. Para John Walker, socio de Emerge Latam, mucho. Ambas necesitaban financiamiento y definitivamente no eran el target para los bancos comerciales, ni tampoco para firmas como Merrill Lynch, Morgan Stanley o Credit Suisse. La razón principal: “Un deal de 10 o 20 millones de dólares (mdd) no lo voltean a ver”, dice.

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Las empresas medianas tie­nen dos principales problemas: falta de institucionalización y que la banca comercial privilegia otro tipo de productos crediticios, como el otorgamiento de tarjetas de crédito o financiamientos para automóvil o vivienda; sobre todo porque estos productos resultan más rentables.

“Muchas veces el empresario no conoce el valor de su compañía, al­gunas veces no gestiona la empresa con el valor económico en mente, sino que va tomando decisiones operativas día a día, sin visualizar el objetivo final”, dice Walker.

Este es un dolor de cabeza para una gran cantidad de medianas empresas, no conocerse así mismas, no tener claras sus pro­yecciones económicas, incluso no saber si necesitan financia­miento para crecer.

“En ocasiones, lo que necesita la empresa no es tener un socio financiero, sino que necesita reestructurar una deuda, o quizá por el nivel de riesgo sí nece­sita tener un socio y entonces le recomendamos cuáles son las mejores alternativas”, dice Walker.

Emerge Latam inició opera­ciones en 2007 y como en la gran mayoría de los casos nació a partir de detectar una necesidad no satis­fecha: “Yo decidí hacer un cambio en mi carrera. Daba una clase de Finanzas Corporativas en el Tec de Monterrey y veía muchos proyectos que necesitaban justamente eso, un asesor financiero que los guiara y que los pusiera en contacto con estos fondos (de capital privado)”.

Walker, quien trabajó para Grupo Modelo en el área de Planeación financiera, puso manos a la obra y junto con Luis Felipe Paz ha apoya­do a casi 20 empresas en México. En Sudamérica ya tienen presencia en Argentina, Brasil y Chile.

En México, existen 140 fondos de capital privado con apetito de empresas mexicanas medianas, pero deben cumplir ciertas condiciones: ser compañías innovadoras, que estén relativamente institucionalizadas, y que operen bajo las reglas y las leyes locales. Estas empresas de­ben tener potencial de crecimiento, información oportuna y confiable para la toma de decisiones, buenas prácticas empresariales y que por supuesto paguen impuestos.

Si para la banca comercial no representan un verdadero negocio, por qué para un fondo de capital privado sí lo sería. Fácil, el esquema es totalmente distinto: “Los fondos de capital privado, al momento de invertir en estas compañías lo que buscan es en tres, cuatro, cinco años hacer una salida de inversión, y ahí es donde viene la verdadera rentabilidad, porque esa salida cómo sucede. Por ejemplo, una empresa X que vamos a pensar vale 20 millones de dólares, viene un fondo y le inyecta 15 millones a la compañía y se queda con una participación de 40% de la empresa, y ¿qué hace el fondo? Con lo que él invirtió, la empresa puede crecer, puede incorporar más activos, o puede expandir su capacidad de producción. Esta em­presa, al cabo de tres, cuatro, cinco años ya no va a valer 20 millones, ahora vale 60 o 100 millones de dó­lares. Entonces ahí está la rentabili­dad para el fondo”, dice Walker.

Para Luis Felipe Paz, la banca comercial en México tiende a ser rígida: “Al final de cuentas está acostumbrada a prestarle a quien no necesita, a empresas que ya son muy grandes o que dejan garantías tan importantes que en caso de impago se van contra la garantía y pues como tienen una cobertura de dos a uno, pues no les importa”.

La banca de desarrollo juega un papel muy importante en la economía. Este sector tiene como objetivo facilitar el acceso al financiamiento a personas físicas y morales y proporciona asisten­cia técnica. Las áreas económicas a las que dirigen sus esfuerzos son: industrial, gubernamental e infraestructura, vivienda, ahorro y consumo.

“Yo creo que la banca de de­sarrollo ha avanzado mucho en México con programas a través de Nafinsa, como el programa MIDAS o el del Inadem, entonces sí están haciendo mucho esfuerzo para que las empresas reciban financiamien­to, porque finalmente estas son las empresas verdaderamente generadoras de empleo de la economía”, dice Walker. Actualmente existen entre 20,000 y 30,000 empresas medianas en el país. Las pequeñas y medianas empresas generan más del 80% del empleo en México.

Opciones para que las medianas empresas consigan financiamiento existen, ya sea vía de banca de desarrollo o con un fondo de capital de privado, pero el secreto está en poner orden en la casa: “El año pasado en Guadalajara, a la empresa exportadora de frambuesas, zarza­moras y arándanos le conseguimos un financiamiento con un banco de desarrollo internacional con muy buenas condiciones en tasas a un plazo de ocho años y con dos años de periodo de gracia, digamos, condiciones que hoy un banco comercial no puede dar”, concluye Luis Felipe Paz.

 

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