La escritura en el universo empresarial es un arma de doble filo: puede llevar a un hombre de negocios a ganar terreno o a despeñarse.

 

Cuando investigamos las características que definen a un líder efectivo, nos topamos con diferentes listas que incluyen tantos conceptos que nos podemos perder en un mar de ideas. Se indica la capacidad analítica, responsabilidad, empatía, carisma, inteligencia emocional, adaptación, innovación, manejo de tiempo y, dependiendo del autor, habrá más o menos menciones sobre el tema. Sin embargo, la principal característica de un líder es su capacidad de comunicarse.

Un líder es un individuo que entiende la importancia de entregar y recibir mensajes ya que una de sus principales tareas es expresar claramente ideas e instrucciones, y lograr que la gente las reciba y las comprenda. Por lo tanto, una persona que se tropieza con las palabras, que desestima las posibilidades de una escritura adecuada, y que piensa que la gramática, la sintaxis y la redacción son lujos pretensiosos, puede estar cometiendo un grave error. Es peor cuando las considera irrelevantes.

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La forma en que nos comunicamos determina, en muchos sentidos, el éxito o fracaso de nuestra gestión. El lenguaje es el medio por el cual daremos a conocer qué queremos, cuándo, cómo y con cuánto contamos para lograrlo. Con él se delinean objetivos, se fijan metas y se trazan planes. Además, la manera en la que escribimos revela señas de identidad que pueden trabajar a nuestro favor si lo hacemos en forma adecuada, o se puede convertir en un enemigo si no sabemos manejarla. El vocabulario que empleamos dejar ver si conocemos del tema o no; los mensajes escritos nos hacen evidente el grado de seriedad y de profesionalismo de una persona.

La escritura es una habilidad que un líder debe dominar para tener éxito. Enfático, el profesor Bryan A. Garner, de la Universidad de Harvard, sostiene que una persona que no escribe adecuadamente pierde tiempo, dinero e influencia. Asegura que el mundo de los negocios depende, en gran medida, de la forma en que somos capaces de entregar una idea y ser efectivos para convencer de sus bondades. Un documento mal redactado puede decirle al lector algo diferente de lo que quería expresar quien escribió. Una carta de intención con faltas de ortografía puede llevar a que una excelente idea sea desechada sin haber sido evaluada y una presentación mal estructurada puede hacer que se pierda el interés antes de tiempo.

La escritura en el universo empresarial es un arma de doble filo: puede llevar a un individuo a ganar terreno o a despeñarse. Un correo electrónico pulcro, un memorándum claro o una propuesta convincente se constituyen como un instrumento que juega a favor de quien lo escribe. Contar una historia deshilvanada en forma oral puede no ser tan grave como hacerlo por medio de la palabra escrita. La oralidad cuenta con las herramientas de la voz, es decir, la modulación, la entonación y la acentuación. Los escritos, no.

La palabra escrita tiene sus instrumentos particulares: la sintaxis, la ortografía y la gramática. En la actualidad estamos viviendo una época en que las comunicaciones electrónicas utilizan la escritura como medio de comunicación humana. El poder de la palabra crece, en la medida en que la voz pierde terreno.

Además, la palabra escrita es un testimonio potente de lo que somos. La esencia de nuestra identidad queda disuelta entre letras que, al ser leídas y releídas, ya sea por nosotros mismos, por nuestros seres queridos, por nuestros colegas, jefes o subordinados, y, más aún, por quienes no conocemos, descubrirán lo que se quiso revelar y darán más datos de lo que somos y aspiramos a ser.

Para el profesor Garner, la escritura es un rasgo que debe formar parte de la lista de requisitos para un liderazgo efectivo, pues quien sabe escribir adecuadamente está asegurándose de mandar un mensaje claro de lo que en concreto quiso decir.

Eso es relevante, ya que un líder quiere comunicarse de forma adecuada con sus socios, colegas, colaboradores, partes relacionadas, clientes y proveedores. Los beneficios que obtiene una persona que sabe expresar ideas por escrito es que generan credibilidad y respeto al poner en palabras las ideas que habitan su mente.

Así como el que hace una presentación debe cuidar de no aburrir a su audiencia, para quien escribe es preciso mantener el interés del lector. Para ello la escritura debe ser ágil, sencilla y de fácil comprensión. Las palabras rimbombantes y el lenguaje afectado son un obstáculo; lo menos que se busca es tener al lector consultando el diccionario para entender lo que se quiso decir. Aunque también es cierto que un vocabulario excesivamente coloquial le resta seriedad al mensaje.

“Aquel que domine el lenguaje y haga obedecer a las palabras se le abrirán las puertas. Crecerá a niveles más allá de la estatura normal”, dice Josefina Vicens en El libro vacío. Cuando las letras ocupan un lugar en el orden de las ideas, y ese espacio encuentra una equivalencia entre quien lo escribió y quien lo leyó, estamos en presencia de un milagro de comunicación. Si al escribir logramos encender la misma idea en varias mentes al mismo tiempo estamos alcanzando la proeza de la transmisión adecuada de un mensaje.

Por desgracia, el factor común hoy en día es encontrarnos con gente que no sabe hacer uso de esta potente herramienta. Que la desestima. La imagen que proyecta un director general con mala ortografía o de un presidente de consejo que no sabe redactar se desploma vertiginosamente. Se pierde el interés de los lectores, se confunde a quien toma en sus manos un texto mal planteado y se aburre con documentos rellenos de paja que debieran ser relevantes.

La escritura es un tema que hay que abordar con seriedad. En el ámbito más formal de los negocios, la palabra escrita sigue siendo la regla imperante. Las licitaciones, negociaciones, las referencias legales, las exposiciones de motivos se enmarcan en el área de la escritura. Por ello es sumamente relevante comprender la importancia de entregar y recibir mensajes, expresar claramente ideas e instrucciones, y lograr que la gente las reciba y las entienda. Escribir es un elemento que debe estar en los primeros de la lista de liderazgo.

 

 

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