Conoce algunas historias de mujeres que enseñan y aprenden a andar en bici en esta Ciudad de México.

 

 

Brisa (23 años, es estudiante de diseño de modas y trabaja en este ramo) suele volver al lugar de los hechos: Avenida Reforma, a la altura de la Torre Mayor. Ahí aprendió a andar en bici. Fue alumna de Te enseño a andar en bici, una iniciativa que lidera Laura Bustos Endoqui para enseñar gratuitamente a personas a rodar.

Brisa tiene una discapacidad: le falta una parte del brazo izquierdo, y esto le impidió aprender a rodar de pequeña. Sin embargo, a sus 23 años se decidió a transportarse en bici. En 8 clases, Brisa pudo dominar la técnica. Cuando se sintió segura, compró su propia bici, a la cual se le adecuó el freno de ambas llantas en una sola palanca. En cuanto Brisa se sienta segura, se desplazará desde Mixcoac a Polanco para ir a la oficina. Vencer el miedo de rodar fue lo que más trabajo le costó.

Otilia (57 años, ama de casa) llegó a la escuelita porque está ligeramente pasada de peso y quiere tener un buen nivel de salud. Su hija, Carla (30 años, profesora de diseño gráfico), la acompañó solidariamente a las clases de bici. Otilia ya casi se gradúa. Carla ya llega rodando; de hecho, considera que podría llegar a su trabajo rodando.

Laura Bustos es ciclista de tiempo completo. Trabaja en Ecobici y el domingo, uno de sus días de descanso, enseña a personas (mujeres, en su mayoría) a andar en bici. Muévase usted misma tiene un año y meses de funcionar, cuenta con dos bicis (una de Laura y otra prestada) en las que se enseña. Laura aprovecha el cierre dominical en Avenida Reforma y en un pedacito de calle imparte sus clases y monta “la escuelita”. Laura es paciente y cálida con las alumnas.

Sin embargo, para que el proyecto subsista requiere de insumos: más bicis, cámaras de llanta, piezas para reparar, entre otras cosas. Y para ayudarse a mantener la iniciativa, el equipo montó en Fondeadora.mx, sitio de financiamiento colectivo, la propuesta para recabar 20,000 pesos. Está por vencerse el plazo y llevan casi la mitad. También organizó una rifa de 100 números a 50 pesos y, aunque no cumpla la meta, seguirán abriendo la escuelita los domingos.

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Laura “ha graduado” en este tiempo a unas 30 mujeres, que en su mayoría llegan sin bici porque no la compran hasta que no están seguras que la van a usar. A Laura le ayudan otras chicas (Claudia, Melissa y un chico, Alex) en la logística de la escuelita.

Laura está convencida que la bici es una herramienta que ayuda a las mujeres a ser más independientes, ya que cambia la manera de ver las cosas y que puedan desplazarse por sí mismas.

Brisa, cuando regresa a la escuelita, es una chica motivadora y entusiasta. Relata su caso y les muestra a las alumnas en turno que ella pudo aprender, y que está por convertirse en una ciclista urbana más.

 

Contacto:

Twitter: @osoweb

 

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