cintillo

 

Un hombre llega cansado del trabajo. Para distraerse, pone un capítulo de House of Cards, pero la serie maquiavélica lo deja lleno de melancolía. Encuentra en la lectura de El Principito una estrategia general de éxito. Aquí están los primeros 6 hallazgos.

 

“El corazón tiene razones que la razón no entiende.”

Blaise Pascal

Llega un hombre a su hogar, cansado del trabajo trata de distraerse y pone su serie favorita: House of Cards. Saca del refrigerador una cerveza clara holandesa. Todo parece ser disfrutable y placentero… una cerveza fría acompañada de espectaculares personajes ficticios sustraídos de la política de Estados Unidos. Con cada sorbo de su fría bebida, observa con intriga múltiples traiciones, engaños y egoísmo como regla. Mientras, con emoción recuerda todo lo sucedido en el trabajo comparando esa “grilla” ficticia con la vida real. Apaga la tele, ya sin cerveza y con cierta melancolía, reflexiona… Entiende desde el fondo de su corazón que ese camino maquiavélico, no lleva más que al sufrimiento de los demás y de uno mismo… Piensa en sus adentros:

—Pocos lo saben pero Maquiavelo fue torturado y nada ganó en política con su forma de pensar.

Estira la mano desde su sillón, con los ojos cerrados, hacia los libros que leía de niño. Tiene la esperanza de encontrar algo que lo lleve a un lugar mejor, a un mundo diferente… Un mundo que sin pena de parecer loco pueda llamar mágico, que en verdad se pueda disfrutar y compartir… Abre los ojos y con una sonrisa encuentra que tiene en la mano El Principito. Lo lee con nuevos ojos y hoy se propone diseñar una estrategia general de éxito con esa nueva perspectiva que sirva a los demás, he aquí la primera parte de sus conclusiones:

1. Distinguir entre los que entienden y los que no. En tu relación con tus jefes, empleados, colegas, clientes, aprende a distinguir con los que puedes hablar de una boa que se comió un elefante, de los que solo ven un sombrero. A estos últimos háblales de golf, futbol, política y corbatas. Con unos se habla con el corazón y con otros desde la “razón”. Solo si les hablas en su idioma te entenderán.

2. Atiende a tu niño interno. Estarás muy ocupado en labores serias, armando esa presentación que urge, haciendo cuentas de los gastos en los que incurrirás, escribiendo ese correo de reclamo o arreglando tu avión descompuesto a la mitad del desierto. Se te acercará un pequeño niño y pedirá tu atención con peticiones y preguntas raras: — ¡Dibújame un cordero! ¡No me gusta! ¡Otro!  Si lo ignoras, estarás perdiéndote de lo más importante en esta vida: imaginar…Dibujar en tu mente eso que brilla muy dentro de ti y que has tenido reprimido. ¿En qué sueñas? Tal vez eres ingeniero, pero has pensado en aprender a esculpir madera. Tal vez seas contador y quieras poner una tienda de dulces. O quizás sólo eres un piloto al que le gustaría escribir un cuento sobre un principito que cambie la vida de millones (como Antoine de Saint–Exupéry). Cualquiera que sea el caso, deberías de escuchar a ese niño que tanto te molesta con cosas raras y hacerle caso de vez en cuando. Nunca sabes hasta donde te pueda llevar.

3. Poner en una cajita las ideas que por su complejidad son difíciles de describir. ¿No sabes dibujar exactamente a un cordero? ¡No importa! Dibuja una caja con hoyos y mételo ahí, el Principito sonreirá satisfecho. Vuélvete abstracto y simplifica. No todo tiene que ser definido con precisión escrupulosa. Si tienes un plan, olvídate de posponerlo con el pretexto de: “es que quiero aterrizar la idea, quiero que quede muy bien definida”. ¡Pamplinas! Las ideas muchas veces son tan complejas que uno debe simplificarlas al máximo y así explicarlas. Steven Spilberg expresó alguna vez, en una llamada por teléfono a George Lucas que quería para su nuevo proyecto “algo divertido, como un James Bond”. Lucas tenía la idea de un héroe “mucho mejor”. En esa llamada, con ese nivel de abstracción y simplicidad en el lenguaje, crearon las bases de la millonaria franquicia conocida como Indiana Jones (tal vez la forma de su sombrero la sacaron del Principito, uno nunca sabe).

4. Vestir al turco de europeo para ganar credibilidad. Un astrónomo turco vestido con pantalón bombacho, cincho a la cintura y fez (gorrito con una borla colgando) descubrió el asteroide B61, presumible planeta del Principito. Nadie le hizo caso. Cuando un dictador turco obligó a su pueblo, bajo pena de muerte, a vestirse a la europea, el científico fue reconocido y le creyeron. La imagen que uno proyecta tiene que ser acorde a la circunstancia para poder influir. ¿Qué traje le pondrás a tu idea? La verdad, por más verdad que sea, por sí sola no basta: tiene que ser envuelta para regalo, y el papel de envoltura varía según el receptor: ositos para un niño, rosa para una mujer, texturizado fino para un japonés y yute para un mexicano.

5. Es importante arrancar a los Baobabs desde que muy pequeños, porque si crecen pueden hacer estallar el mundo. El planeta del Principito es muy pequeño, del tamaño de una casa o tal vez menos. En él se encuentran tres volcanes (uno de ellos extinto) que tiene que deshollinar diario como parte de sus quehaceres de mantenimiento. También limpia de hierba mala la tierra. Le preocupa principalmente la semilla del Baobab; un árbol que crece rápidamente y es tan peligroso que puede destruir el pequeño planeta con sus raíces. Los Baobabs son las ideas negativas sobre ti mismo y los demás. Son insignificantes al principio; pequeños miedos e inseguridades que se pueden convertir en fobias y complejos profundos. Cuando empiezan a nacer, arráncalos enfrentándolos apenas se asomen. Temes correr un maratón y lastimarte: corta el Baobab y corre. Tienes miedo al callejón oscuro de paso a tu casa: atraviésalo. Temes hablar con tu jefe de un aumento: pide más de lo que pensabas. Cambiar de profesión: toma ese curso de chef ya. Tienes una buena idea para tu empresa pero te da miedo que se rían: Ve con el director general y explícala. Corta de raíz y enfrenta directamente tus miedos. Sácalos de esa tierra fértil llamada mente, porque no discrimina la hierba mala de la buena, solo hace crecer lo que en ella se siembra.

 6. 43 puestas de sol calman la tristeza.  Aunque al Principito le costaba poco trabajo ver una puesta de sol, ya que su planeta era muy pequeño (solo tenía que mover un poco su silla cada vez), de igual forma que en nuestro planeta, el tiempo es la solución a la tristeza. El tiempo es relativo, no sólo de forma interplanetaria, sino personal; cada quién tiene su propio reloj en el corazón. Lo que no cambia es el hecho de esperar días mejores si no salió el proyecto, no me promovieron, quebró mi empresa o perdí a mi novia. El Sol siempre ha simbolizado a Dios en la historia de la humanidad… Sea uno ateo o religioso, tener esperanza y fe en un futuro mejor es la luz que ilumina camino.

El hombre toma un sorbo, de café veracruzano esta vez, y reflexiona sobre la segunda parte de esta estrategia de vida anti-house-of-cards.

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