El presidente Enrique Peña Nieto sufre una impresionante crisis de credibilidad y popularidad. No es para menos. Del “gran reformador” que pretendió ser, se ha convertido a los ojos de la opinión pública en el líder que ofende a México al invitar al candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, nada menos que a la residencia oficial de Los Pinos.

Poco importa que de manera formal la invitación, se supone, haya sido extensiva también a la candidata demócrata, Hillary Clinton, pues esto será olvidado muy rápido.

El responsable de la visita según diversos medios, sería el secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

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Esto deja en claro varias cosas. En primer lugar, que Trump es el candidato al que Videgaray le ve mayores probabilidades de triunfo, y con ello, de afectar la estabilidad financiera del país en el corto plazo.

Asimismo, confirma que, en los hechos, Peña Nieto prefiere al empresario sobre la ex secretaria de Estado norteamericana, quien según ha revelado Raymundo Riva Palacio en su columna “Hillary es la enemiga”, trae entre ojos al presidente mexicano por el tema de derechos humanos.

La aversión de Clinton hacia Peña Nieto también se hizo patente en un tuit: “There’s an old Mexican proverb that says ‘Tell me with whom you walk, and I will tell you who you are.’ We know who Trump is” (Hay un viejo refrán mexicano que dice ‘Dime con quién andas y te diré quién eres.’ Nosotros sabemos quién es Trump). Para ella pues, ambos son equivalentes.

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Como quiera, incluso si es para salvar su cabeza impulsándolo, la recepción de Trump a cargo de Peña Nieto es un error histórico.

Y es que Trump ha ofendido a los mexicanos con una serie de calificativos tan ampliamente conocidos, que la respuesta en casa como mínimo, tenía que haber sido respetuosa pero muy enérgica. Todo lo contrario. Pese a algunos tuits posteriores menos amistosos, el trato a Trump fue suave y hasta tímido.

Peña Nieto, con sus acciones, ha tomado partido, en el país, a favor de una de las oposiciones y en contra del PRI; y en Estados Unidos, en pro del republicano.

Tenga o no el presidente esa intención, sus hechos están teniendo los resultados aquí comentados, por lo que en su partido, deberían estar más que preocupados, en particular, los “suspirantes” presidenciales. Todo indica que su jefe ha decidido negociar la plaza.

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Llama mucho la atención que el número de desaciertos y torpezas del titular del Ejecutivo hayan aumentado demasiado en los últimos meses. Desde, por ejemplo, dejar operar a sus anchas a la CNTE –a pesar de que parecía haberles puesto un “ultimátum”– o subir el precio de la gasolina y la luz en contra de lo que había prometido, hasta decisiones menos graves como la de ratificar en su puesto a Alfredo Castillo, titular de la CONADE, a pesar de los pobres resultados durante los Juegos Olímpicos.

Lo de Trump fue la cereza del pastel. Imposible pensar que no previeran el escándalo que se armaría. Los otros que no han dependido de él, como el del plagio de su tesis de licenciatura, son aparte.

Aquí el punto es: ¿Son casuales tantos errores consecutivos sobre los que sí ha podido decidir actuar o no, y que lo vuelven más impopular? Es más que dudoso.

Hay dos alternativas: de veras el presidente es tan torpe que se equivoca demasiado, o esas equivocaciones tienen toda la intención de infligir daño, ya no a la popularidad de Peña Nieto –que ya es irreparable–, sino al PRI.

Hay quien descarta a priori dicha posibilidad, pero lo cierto, es que tener el poder de enterrar desde dentro al partido gobernante tiene un valor, con el que se puede negociar a un alto precio.

¿Es posible que haya una negociación para entregar la presidencia a la oposición? Claro que sí. ¿A cambio de qué? Está por verse pero hay varias opciones, como la impunidad.

En cualquier caso, no olvide que los políticos son capaces de todo, y que ya hasta hubo un aspirante que le ha prometido “perdón” a la “mafia en el poder”, lo que ha causado extrañeza incluso entre algunos de sus seguidores.

Ese mismo personaje casi a la par que se han acelerado los errores de Peña Nieto, ha moderado su discurso. No se ha pronunciado en público contra el presidente por la visita de Trump –como uno esperaría del que se supone es el principal líder opositor-. Se ha limitado a hacer una crítica “prudente y precavida” ante el tema. La dureza contra el gobierno quedó atrás.

Como quiera, si la intención es dañar a su partido, podemos esperar más “errores” de Peña Nieto en los próximos meses. Mantengámonos atentos.

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