Él es Antonio López de Silanes, quien encabeza una farmacéutica mexicana que factura más de 1,000 mdp al año. Charlamos con él de su pasado como piloto, de su obsesión con la innovación y, por supuesto, de esa enfermedad de países pobres llamada ébola, que puso en guardia ahora a los ricos.

 

 

Toluca, Estado de México.- Los jarabes de rábanos preparados en Europa eran un gran negocio en los años 30 en México. Antonio López de Silanes llegó a los 17 años al país siguiendo los pasos de su hermano Isidro, quien le llevaba 20 años y se dedicaba a importar brebajes con vitaminas desde su natal España.

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“Con el tiempo, se presenta la Segunda Guerra Mundial, las guerras crean crisis, mueven las es­tructuras, y los oportunistas ven algo ahí. Mi padre correctamente se separa de su hermano porque no tenía esa visión de fabricar medicamentos. Era 1943. El movimiento de medicamentos del mundo hacia México se volvió imposible. Era mucho más fácil traer materia prima y procesarla. Así es que arrancó el laboratorio y fue un éxito instantáneo”, dice Antonio.

Lo que estaba de moda en ese año era la vitami­noterapia, ya que en aquellas épocas se creía que las vitaminas podían curar muchísimas enfermedades. Así comenzaron las primeras líneas de productos Silanes, que poco a poco fueron creciendo.

Hoy, la empresa es reconocida por la marca Tiaminal, pero más por sus medicamentos contra la diabetes, como el Glimetal. “Bueno, pero el producto más recetado de la compañía se llama Folivital”, explica el presidente de Grupo Silanes. “Ese producto fue lanzado junto con la Secretaría de Salud, para combatir los defec­tos de tubo neural”.

Grupo Silanes cumplió 71 años el pasado 4 de noviembre. Y Antonio dice que no son el laboratorio mexi­cano de capital más grande, pero tal vez sí el más representativo, pues son un laboratorio farmacéutico real, completo.

“Laboratorio Silanes —a diferencia de otros que se hacen llamar laboratorios— no somos comercializadores de produc­tos más o menos milagro; nosotros in­vestigamos, desarrollamos, producimos y comercializamos a través de farmacias, los canales tradicionales y obviamente con el gobierno”.

 

Negocios

López de Silanes comenzó a manejar la empresa que fundó su padre a principios de 1995. Después de varias peticiones de entrevista, por fin nos cita en Toluca, don­de tiene un gran laboratorio y una planta de fabricación de medicamentos.

Antonio dice que andaba dándole la vuelta al mundo. Por eso no nos recibía. Nos cuenta que estuvo recientemente en Kioto, pues la Science and Technology Society lo invitó a una reunión donde estuvieron presentes 25 premios Nobel de todas las ramas de la ciencia, el primer ministro japonés y el príncipe imperial.

Aclara que no es científico, estudió Administración de Empresas en la Ibero y llegó al negocio familiar porque le gus­ta el manejo de la ciencia y la tecnología. “Más que la ciencia y la tecnología en sí —dice— he tenido una fuerte pasión por el tema de la salud, sin querer ser médico, porque salud no es equivalente a medicina. No soy científico, soy de voca­ción y de entrenamiento administrador”.

Silanes, dice su jefe máximo, se distingue por su capacidad para desa­rrollar productos propios. Y, para probar sus dichos, nos enseña documentos que hablan de más de 160 patentes. Y también agrega que los distingue su globalización. “Arranqué llevando a la empresa a Centroamérica y El Caribe, nos fuimos expandiendo un poco al sur de América y, actualmente, a través de socios en Bra­sil. Y en España tenemos una pequeña operación”.

De las ventas totales, asegura, 20% lo representa la demanda extranjera. Sin haber hecho adquisiciones de empresas, supone que en seis u ocho años las ven­tas se dividirán: 50% en México y 50% en otros países.

Señala que su Instituto Bioclon, espe­cializado en Biotecnología, obtuvo en 2011 la autorización de la Food and Drug Admi­nistration (FDA) para la venta en Estados Unidos del antídoto contra el veneno de alacrán, Anascorp. Su planta en Toluca está certificada por la Unión Europea y otra fábrica de sus medicamentos iba a ser inspeccionada el 10 de noviembre por la FDA. Incluso, tiene investigadores perma­nentes en España y Suiza.

“Nuestra visión es que difícil­mente vamos a sobrevivir como una empresa farmacéutica seria si no nos incorporamos al mundo. Necesitamos globalizarnos”. El camino para competir en el mun­do, dice, es la innovación, porque tal vez en precio no somos tan competitivos los mexicanos. Este país, asegura, tiene buenos científicos. “Lo hemos probado, sabemos de qué son capaces”.

En este momento, está cerrando una alianza con unos socios europeos, para llevar sus productos hasta Rusia.

Laboratorio Silanes es una empresa que ofrece más de 80 productos far­macéuticos para el tratamiento de la diabetes, la hipertensión arterial y la obesidad, hasta los dolores agudos y crónicos, las vitaminas y antivenenos. Antonio López de Silanes es el jefe de al menos 850 empleados.

 

Imagino que su negocio deja muchísimo dinero…

Bueno, la compañía, obviamente como cualquier buena actividad empresarial debe tener márgenes, generar dinero para poder plantear sus actividades a futuro. La compañía desde hace muchos años de lo que genera, alrededor de 10% de su venta, va hacia actividades de investigación y desarrollo. Es un presu­puesto de ciento y pico de millones de pesos (mdp).

 

Factura entonces en promedio más de 1,000 mdp al año…

Bastante más, pero por política no da­mos números precisos.

 

Pero va marchando bien. Yo leía que su padre la levantó rapidísimo…

Era la oportunidad, acuérdate que antes no había medicamentos, ahora lo que hay es una competencia muy fuerte. “Los empresarios reaccionan dónde ven un mercado potencial; perdón, es horrible, pero Sierra Leona y Liberia no creo que sean exactamente los mercados más atractivos para ganar dinero, meterle millones en investigación. Es una tragedia, pero es la realidad”.

El presidente de Grupo Silanes resume así lo que pasa con el ébola, uno de los vi­rus más mortíferos que existen y que hoy mantiene al mundo en alerta. “Los virus particularmente, como el ébola o el H1N1, son seres mutantes. En un momento cambian. Se podrá hacer una vacuna para el ébola, pero habrá que considerar que para el año pos­terior este virus ya será diferente. Todavía no desarrollamos una adecuada tecnología predictiva de las mutaciones”.

Explica que para fabricar vacunas se necesitan instalaciones muy sofisticadas y costosas. Ellos, aunque tienen mucho invertido en Investigación y Desarrollo, no son capaces de hacerlo. Aunque quisieran.

 

Un panorama prometedor

En general, la medicina ha su­frido una gran transformación, de acuerdo con Antonio López de Silanes. Antes, la gente se moría de infecciones, problemas agudos. “Hoy, los jóvenes ya casi ni se enteran de esos males, gracias a los médicos y, particularmente, a los antibióticos”.

Ante este panorama, Silanes se está in­corporando a nuevos mercados, como los productos nutracéuticos, que son alimen­tos que sirven para apoyar el tratamiento o la prevención de ciertos padecimientos o enfermedades.

“Eso tiene un gran potencial en el mundo. Ahora, también tenemos un área de desarrollo de diagnósticos, para medidas preventivas. Nosotros podemos descifrar el genoma. No creo que haya una empresa en México que tenga un se­cuenciador del genoma como nosotros”.

Dice que invertir en Investigación sí es rentable. Ellos lo pueden probar con sus impactos en el área de las enfermeda­des crónicodegenerativas, centrados en la diabetes, y en el área de los antivenenos.

“Además de todo, tengo el honor de presidir una organización que se llama Fundación Incide, que está por arrancar a principio de año. Vamos a promover en el sector empresarial la ciencia y la tecnología. Necesitamos cambiar la mentalidad en México de que no tenemos la mente para crear cosas, eso no es cierto”.

La Fundación Empresarial de Innova­ción, Ciencia y Desarrollo, aclara, va ha­cia la ciencia y tecnología en general, no solamente se enfoca en salud. Ahí están comprometidas algunas de las grandes empresas de México.

El sector privado, advierte, tiene que reconocer su papel dentro de ello.

“La digitalización está transforman­do la manera en que pensamos. Cómo operan las cosas. Yo soy capaz de agarrar un estado financiero y decir qué está mal. Los jóvenes no, porque creen que un apa­rato les va a decir si está bien. Fui hecho más para hacer las operaciones aritméti­cas mentalmente”.

 

¿Le gusta coleccionar coches bonitos?

No. Yo tengo una manera particular de pensar, nosotros vivimos en un país con muchas deficiencias, hay mucho nivel de pobreza, no creo que México sea un lugar para andar presumiendo los re­cursos a los demás. Es un país en donde hay que mantener un perfil tranquilo, respetuoso.

Sin embargo, cuando le preguntamos cuándo se retirará y comenzará a disfru­tar más de la vida, es tajante: “Hasta que el cuerpo aguante. Yo soy un guerrero, me voy a morir en la línea”.

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Foto: Fernando Luna Arce. 

 

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