Si la misión de las ferias de libros (como la FIL) es promover la lectura y acercar a los autores con sus lectores, ¿por qué no llevar las ferias de libros a internet? ¿Por qué las editoriales aún no lo hacen?

 

 

La historia de la web está marcada por un momento crítico en su evolución llamado Web 2.0, que se refiere al cambio en la percepción de las personas sobre la web y de internet. En este punto, crear y publicar contenido dejó de ser un privilegio exclusivo de los ingenieros y programadores; los usuarios dejaron desde entonces de ser consumidores pasivos para convertirse en colaboradores activos que informan, comunican y generan conocimiento.

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Las dinámicas colaborativas de la web 2.0 han logrado borrar efectivamente la división entre el mundo “real” y el mundo “virtual” para crear una coexistencia continua donde la web es una extensión del mundo desconectado, no su paralelo. Las industrias de contenido como la fotografía, la música, el cine y la televisión han sido cambiadas por la web 2.0 con nuevas formas de creación colaborativa y con nuevos canales de comunicación entre los creadores y su público.

Los eventos también han evolucionado al volverse digitales: un ejemplo es el iTunes Festival organizado en Londres por Apple desde 2007 con conciertos de música gratuitos. Los fans locales pueden ganar entradas para asistir al evento en persona y el resto del mundo puede disfrutarlo gratis, en directo o diferido vía internet. Los fans que ven el evento de manera remota pueden interactuar por medio de las redes sociales mientras éste se realiza, participando de manera real en un evento mundial.

Todo esto me hace pensar en las ferias de libros, que siguen luchando por atraer personas y compradores, pero que siguen siendo eventos limitados por la física y la geografía.

Para muchas personas asistir a estas ferias implica gastos de transportación, hospedaje y comida que deben descontar de su presupuesto para comprar libros, y eso asumiendo que los lugares donde ocurren estas ferias tengan cupo para atenderlos. La capacidad de las ferias de recibir gente en las pláticas, talleres y en los stands de las tiendas está limitada desde el primer día.

Si la misión de las ferias de libros (como la FIL) es promover la lectura y acercar a los autores con sus lectores, ¿por qué no llevar las ferias de libros a internet? Aunado al evento presencial, miles de personas podrían ver las pláticas y los talleres de manera remota, tendrían la capacidad de interactuar con autores y asistentes por medio de redes sociales y podrían revisar en su computadora, móvil o tableta los catálogos y ofertas de los expositores para comprar desde esos mismos dispositivos libros de papel o electrónicos.

La tecnología para hacer algo así ya existe, pero nadie parece interesado en implementarla, en buena medida porque la misma industria editorial sigue encerrada en una forma de trabajo inercial y anacrónica que poco tiene que ver con los tiempos que vivimos, pero ese es un tema para otro día.

Las ferias de libros deben evolucionar para dejar de ser simples mercados de saldos de libros impresos y convertirse en auténticos vehículos para la promoción de autores y sus obras, de la cultura y, sobre todo, de la comunidad lectora. Si los eventos son su gente, entonces tiene sentido que estas ferias ocurran en todas partes al mismo tiempo y, gracias a la web, esto ya es posible. Es momento de poner manos a la obra.

 

 

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