Hoy, en promedio ya estamos en la barrera de vida de los 80 años, garantizando poco más de 30 años de consumo. Por ende, llegar a los 100 representa dos décadas más como fieles consumidores.

 

La idea de la inmortalidad ha sido una ambición del ser humano desde el principio de las civilizaciones. La esperanza de prolongar nuestro paso por esta vida es un concepto que coquetea con nuestra naturaleza de seres humanos: el jugar a ser dioses.

Cuando consideramos que hace menos de 200 años la línea de vida promedio no pasaba de los 30 años de edad, que tan sólo en 1950 la edad promedio era de 50 años de edad y que hoy en día estamos abrazando los 85 años de edad (segmento que en la actualidad representa el 1.8% de la población de Estados Unidos), no es de locos el contemplar que, como dicen los expertos, esa misma línea de vida pasará los 100 años de edad en promedio para el año 2030.

Considerando el progreso de la ciencia, y su efecto en la línea de vida, yo personalmente cada día que pasa estoy más convencido que alcanzaré a vivir hasta los 120 años de edad, lo cual significa que cuando llegue a las 12 décadas, mi hijo, que hoy tiene 14, apenas tendrá 86 años el día que yo llegue al final de mis días. También significa, para los que nos aventuramos a procrear, que antes de morir es muy probable que lleguemos a convivir con nuestros bisnietos y que el ciclo promedio, si la estadística reproductiva no cambia, será de cuatro generaciones antes de dejar este mundo.

La revista Times Magazine, primero en el año 2004 y más recientemente en el 2010, publicó artículos que hacían referencia en su portada a que los sesenta son los nuevos cuarenta. Por ende valdría la pena considerar que los ochenta muy pronto representarán los nuevos sesenta, que los sesenta serán los nuevos cuarenta, y que los cuarenta de hoy en día serán los nuevos veinte. El profesor Dan Gilbert, de la Universidad de Harvard, sostiene que el poder del tiempo es algo que no hemos terminado de entender. Por ejemplo, la percepción del tiempo futuro en los hombres de 50 años es la misma que la que los jóvenes tienen a los 18 años.

Es fascinante imaginar esta mutación de la concepción social actual, sobre todo en lo que concierne a la toma de decisiones. Si es cierto que el individuo promedio llega a alcanzar un nivel de madurez pico entre los 35 y los 40 años de edad, de pronto se me ocurre ocuparme con la idea de que más temprano que tarde estaremos alternando con una sociedad de consumo más ambiciosa por conocerse a sí misma que por conocer el producto o servicio que esté buscando adquirir, lo cual nos convertiría en una sociedad que empezará a tomar decisiones más educadas y maduras en función de lo que elija, y no dejando que otros elijan por ella.

 

¿Estaremos cambiando?

Mis abuelos se casaron entre los 18 y los 16 años de edad, mis padres entre los 21 y 19, yo me casé a los 28 años. Hoy en día tengo alumnos y clientes que a los 35 años de edad todavía no piensan en casarse y mucho menos en tener hijos. Están menos estresados con eso del reloj biológico, ya que tener hijos a los 40 años se vuelve cada día más y más en una realidad factible.

Siento que los millennials están entendiendo esto, y de alguna manera, al menos, están retrasando unos años la toma de una de las decisiones más cruciales en nuestra vida: con quién me quiero casar.

Pero ¿qué seguridad tenemos de que esta extensión de la línea de vida, aparte de la opinión de algunos expertos, vaya a suceder?

La seguridad que esta tendencia –además de ser uno de los deseos más antiguos de la humanidad, el alcanzar la vida eterna o por lo menos permanecer en esta vida lo máximo posible– también se convierte en el interés de poderosas industrias, como por ejemplo lo es la industria farmacéutica.

Si en promedio comenzamos a utilizar fármacos de forma incremental desde los años cincuenta, yo me pregunto ¿si no tiene todo el sentido económico el de prolongar la vida de un cliente leal y cautivo lo más que se pueda?

Hoy, en promedio ya estamos en la barrera de vida de los 80 años, garantizando poco más de 30 años de consumo. Por ende, el llegar a los 100 años representa dos décadas más como fieles consumidores. Ese factor aislado es suficientemente fuerte para estar más que seguros que el interés de algunas industrias, en esta ocasión, se alinea con el interés del ser humano.

 

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