Hoy en México, en medio de la crisis, nos encontramos en el momento justo de cambiar la historia. Un sencillo análisis nos demostrará el escenario tan provechoso.

 

Ante toda crisis, siempre existe la gran oportunidad de cambiar, pero todo depende de la manera en que se quiera actuar al hacer frente a los tiempos difíciles. Bajo esta lógica, hoy México tiene la gran oportunidad de cambiar su futuro; el chiste es que todos lo entendamos y hagamos lo que esté en nuestras manos para cambiar nuestro destino.

Hoy en México se están conjuntando una serie de factores que, más allá del pesimismo con el que estamos acostumbrados a vivir, representan grandes oportunidades de cambiar los atavismos que han hecho que no avancemos a la velocidad que se necesita. Un sencillo análisis nos demostrará el escenario tan provechoso.

Venimos de ser un país con un sistema corrupto, en donde a nadie le gusta cumplir con las leyes; tratamos al máximo de no obedecer, pero queremos que el gobierno nos dé todo y nos resuelva; no nos gusta participar en la política, no nos gusta votar, ni cumplir con nuestras obligaciones, pero siempre nos quejamos de todo, y cuando alguien se acerca a la política se acerca para aprovecharse, ya sea del poder o del dinero al que puede acceder. Por su parte, en el sector privado la tónica se resume en empresarios ricos y empresas pobres, primero para no pagar impuestos, después para hacerse ricos; ahora todos aspiran a hacerse ricos como Carlos Slim, pero en tiempo récord. Las empresas en el interior de la República son la base de economías estatales, pero siempre dependiendo de los amigos, los contactos y bajo la eterna creación de monopolios que no permiten la competencia.

Buscamos, como mexicanos, que exista un mercado cerrado para no tener competencia, ser los únicos en el mercado, y no nos gusta trabajar en equipo ni hacer cadenas de valor, como resume la famosa frase “que las leyes se cumplan en los bueyes de mi compadre, a mí que me den todas las facilidades”. En fin, podría seguir, pero, querido lector, considero que ya se entendió lo que durante muchos años ha prevalecido como cultura mexicana para todo.

De ahí venimos y no suena nada bien, y para acabarla de amolar, hoy tenemos inseguridad, la delincuencia está desbordada, las autoridades coludidas en actos de delincuencia y corrupción, el dólar está caro, el precio del petróleo está en el suelo, nuestra imagen mundial no anda nada bien, tenemos cifras altísimas de pobreza y hambre, el país está sumergido en una desigualdad tremenda, la injusticia es un asunto del diario, el sistema educativo es retrogrado y no avanza, y de pilón, la correcta aplicación de las leyes es algo que pareciera inalcanzable.

A pesar de todo esto, hemos avanzado y tenemos muchas cosas buenas. Hoy somos una pieza importante en el concierto mundial, pero siempre algo nos falta o hay algo que nos echa a perder la fiestecita, y eso siempre hemos sido nosotros mismos.

Hoy nos encontramos en el momento justo de cambiar la historia. Toda esta crisis representa una gran oportunidad: no hay más trabajo formal en empresas multinacionales, hay que emprender; hay crisis de petróleo, hay que buscar nuevas energías, y además podemos buscar sistemas mucho más amables con el medio ambiente. En este rubro podemos romper con los monopolios de las gasolineras, reestructurar Pemex y la CFE, aprovechando la baja de los precios para hacer empresas productivas muchísimo más rentables, eliminar los lastres que han generado monopolios, delincuencia y corrupción.

Otro tema muy importante es el cambio generacional. Estamos dejando atrás a la vieja generación de políticos que no quiso tomar riesgos y sólo buscó su propio provecho. Poco a poco van ir quedando atrás personajes del pasado como Bartlett, Cárdenas, AMLO, Murat, Monreal, Ebrard, Bejarano y toda esa generación de políticos que se les ha llamado fracasados, y deberemos buscar nuevos liderazgos con mayor visión.

También necesitamos nuevos empresarios, jóvenes entrepreneurs que no busquen el poder económico per se, sino el desarrollo de una nueva economía más social y participativa, es decir, que democraticen el desarrollo económico. En la educación, olvidemos los estigmas nacionalistas trasnochados de los líderes de los sindicatos corruptos, las mentalidades arraigadas de pobreza y mediocridad que siguen anclados a los fantasmas socialistas del Muro de Berlín y el eje soviético-cubano, cuando ambos estigmas ya no existen. Y como esto podríamos seguir enumerando todas las cosas que debemos cambiar, pero mejor actuemos, cambiemos nuestra mentalidad y llevemos a México al lugar que se merece.

Para lograrlo tenemos elementos muy valiosos: jóvenes brillantes, reformas estructurales que abren nuevas oportunidades, por fin esquemas de sana competencia, innovación y conocimiento democratizados, información de todo a la mano del Internet y disponible a todas horas y un hermoso país, ¿qué más necesitamos que nuestra propia voluntad?

¿Qué esperas, que el de junto lo haga primero o que te lo ordene alguien? ¿Cuándo vas a empezar?

 

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