Por Celso Garrido*

¡Que estamos en tiempos turbulentos de cambio con final impredecible, es evidente! Pero, ante ello, lo importante es no perder el norte ni la idea de que, para bien o para mal, el futuro será resultado de lo que hagamos nosotros. Una de las principales fuerzas que, con sus claroscuros, dan dirección a los cambios en la sociedad global, son las revoluciones continuas en el conocimiento científico y tecnológico, por lo que estar bien posicionados en estas tendencias será decisivo para el futuro de nuestras sociedades.

La mala noticia es que en América Latina y México no sólo estamos en desventaja en estos temas, sino que, además, las conductas políticas de los gobiernos nos están haciendo retroceder a pasos agigantados. En Brasil, Argentina, México y otros países se sigue retrocediendo en el gasto público en investigación y desarrollo (I&D), pese al ya muy limitado promedio de 0.5 del PIB, que está muy por debajo del 2.8 que se registra en promedio en los países de la OCDE.

Lamentablemente, junto con ello, esta situación no encuentra un contrapeso significativo por parte del sector empresarial que, presumiblemente, debería interesarse en invertir en el desarrollo de la ciencia y la tecnología como palanca para impulsar sus capacidades de innovación, imprescindible en la competencia global.

En cambio, en América Latina, son las universidades, predominantemente las públicas, las que llevan adelante la actividad de investigación científica, con resultados muy destacados, como lo prueba la participación de científicos de la región en la actividad científica internacional.

Una rápida mirada sobre la situación de las universidades públicas en distintos países de la región muestra que los gobiernos, lejos de propiciar su desarrollo para que continúen impulsando el ya débil panorama científico que mencionamos, están llevando a cabo una grave ofensiva contra la educación superior por la vía presupuestal. Por ejemplo, el gobierno de Macri, en Argentina, recorta el presupuesto del Conicet y las universidades; en Brasil, Bolsonaro anuncia recortes presupuestales al sector; Perú tiene un convulsionado panorama en el campo de las universidades; en Costa Rica, la Asamblea Legislativa recortó, en el año 2018, fondos a las universidades.

México representa un caso atípico en este contexto, ya que el gobierno ha asumido el tema con una retórica contradictoria. Por una parte, implementa políticas de tono populista de izquierda, como la inusitada creación de 100 nuevas universidades con débiles reglas de calidad académica, o el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que otorga becas a jóvenes en condición vulnerable para que continúen estudios con normas de gestión laxas. Pero, al mismo tiempo, aplica políticas para la educación superior que coinciden con las de los gobiernos de derecha o ultraderecha mencionados, como las radicales políticas de reducción del presupuesto de las universidades públicas, contracción de los gastos de operación de los centros públicos de investigación, confusas políticas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) e incertidumbre sobre el futuro salarial de los profesores de educación superior.

A mediados de junio, diversas notas periodísticas nacionales mencionaron que, próximamente, el gobierno pondrá fin a los programas de estímulos económicos a los investigadores de las universidades públicas, con la acusación falsa de que éstos constituyen una “hiperélite académica”, a lo que suman el incomprensible pedido de que los profesores hagan “una revolución de conciencias” en reemplazo de los ingresos perdidos.

Como bien saben esos funcionarios, con esta medida se condena a una buena parte de profesores a graves condiciones de insuficiencia de ingresos para atender sus compromisos ya contraídos y, lo más grave, se establece un pago arbitrariamente bajo por trabajos muy altamente calificados.

De aplicarse esta iniciativa, se producirá un grave deterioro de la educación superior, con efectos negativos para el desarrollo del país. Es de desear que rectifiquen antes de que sea tarde.

*Profesor distinguido de la UAM y experto en empresas, finanzas e innovación

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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