La premisa de que en la guerra entre los libros de papel y los digitales sólo puede haber un ganador es absurda: ninguno desplaza al otro, sino que se complementan.

 

 

La industria editorial está pasando por un momento de transformación, disparada por la popularidad de Internet, la web y los dispositivos móviles, entre otras cosas. No es la primera vez que la industria del contenido ha tenido que replantearse el cambio, pero en el caso de los libros la resistencia es enorme debido a la inercia en la que vive el medio desde hace décadas.

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Esta resistencia al cambio no viene sólo de los editores o los impresores, sino también de los creadores. En 2013, en su presentación en el Simposio Internacional del Libro Electrónico en la Ciudad de México, el antropólogo Roger Bartra dijo que “el libro electrónico es todavía un balbuceo y los lectores de ebooks son ‘prótesis’ de la lectura”. En otro momento, Jeff Bezos, director de Amazon, mencionó que “el libro de papel es el último remanente cultural del siglo XX” y que su futuro, al igual que la fotografía, la música y el cine, es “ser completamente digital”.

Escuchando estas opiniones parecería que la razón de crear libros electrónicos es sustituir al libro de papel, donde cada quien debe decidir de qué lado está en esta guerra por las mentes –y los bolsillos– de los lectores. Parecería que el libro de papel y el digital están enfrascados en una guerra a muerte en la que sólo puede haber un ganador, pero ¿es así en realidad?

Es comprensible que haya miedo y resistencia entre las personas de la industria del libro de papel hacia los nuevos formatos digitales, en parte por su ignorancia hacia los aspectos técnicos de la producción editorial digital, pero nunca a costa de innovar para sus lectores. Los entusiastas tecnológicos también pueden aprender mucho de la industria editorial tradicional, ya que la creación de un libro es más que sólo un problema técnico por resolver.

La premisa de que en la guerra entre los libros de papel y los digitales sólo puede haber un ganador es absurda: ninguno desplaza al otro, sino que se complementan. Por supuesto, cada uno tiene capacidades diferentes, y explorar las posibilidades del ebook, en contraste con el libro en papel, será una tarea crítica para el avance del medio, pero ése es un tema para otro día.

Poco a poco ambos aspectos de la industria comienzan a entenderse: Bartra también dijo en 2013 que el ebook “sin duda se desarrollará extraordinariamente y adquirirá formas cada vez más sofisticadas, prácticas y amables”. Los lectores son los que tendrán la última palabra.

 

 

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