Está claro. los negocios tienen un objetivo que deben cumplir sí o sí: tienen que generar utilidades. Un proyecto que no busca obtener ganancias no es un negocio, es otra cosa. Para ello, las empresas —desde los pequeños emprendimientos hasta los grandes corporativos— buscan integrar a sus equipos de trabajo a las personas más talentosas que les ayuden a generar estrategias que los lleven a alcanzar ese objetivo en concreto. La búsqueda de talento es ardua y compleja, tanto es así que muchos la han comparado con la cacería y han denominado a quienes se dedican a esta actividad: cazatalentos. Encontrar personas con las competencias necesarias para tener un buen desempeño, a veces equivale a buscar una aguja en un pajar.

Se entiende entonces que la dificultad por localizar talento es tan grande que hay que luchar por ello. Se trata de un bien escaso y, por lo tanto, altamente apreciado. En esa condición, entramos en un ámbito más profundo en el que tenemos que contestarnos de preguntas filosóficas: ¿qué es y para qué lo quiero? En primera instancia, para encontrar lo que busco, necesito conocer qué es lo que estoy requiriendo y una vez que lo he conseguido, debo saber para qué lo necesito, cómo lo voy a usar, qué beneficios me va a aportar y qué consecuencias tendré que afrontar.

¿Qué es el talento? El concepto puede ser vago y nos gustaría que fuera más concreto. Cada uno de nosotros lo podemos definir de acuerdo con las necesidades de cada posición que estemos reclutando, de los requerimientos que estemos enfrentando o de la forma en la que queramos encontrar soluciones. El talento es una capacidad intelectual a la vez que una aptitud que una persona tiene para aprender las cosas con facilidad o para desarrollar con mucha habilidad una actividad. Así definido, el talento puede parecer algo muy rudimentario y sigue siendo un concepto vago.

Por lo tanto, para entenderlo en la cotidiandiad, el talento debe ser algo que podamos medir, observar y comprobar. Si no cuenta con estos atributos, será un elemento quimérico que entra dentro del ámbito de los anhelos y tal vez, hasta de los buenos deseos. Una vez que encontramos este preciado tesoro, la pregunta inmediata es ¿para qué queremos el talento? Evidentemente, si estamos en el entorno de los negocios, lo queremos para generar utilidades. Si ya está el qué, otro requisito indispensable es el cómo.

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De acuerdo con una entrevista publicada por el periódico español El País, Bob Sternfels, responsable de McKinsey una firma consultora de clase mundial declara que quizá fue el día más duro en su vida profesional fue el 27 de abril de 2022, cuando tuvo que comparecer ante el Congreso estadounidense tras descubrirse que la empresa había ayudado a los productores de opio a multiplicar sus ventas en medio de la crisis mortal de esta epidemia. En este caso, el qué era un requisito que se había cumplimentado, el cómo es lo que pone la piel de gallina.

Por supuesto, McKinsey no admitió ningún comportamiento inadecuado, faltaba más. No obstante, señaló que le habían demandado una compensación de seis cientos millones de dólares. Y, por si eso fuera poco, más de mil empleados acusaron a la empresa de hacer muy poco para reducir las emisiones de carbono de sus clientes. Claro que podeos deducir que el talento que hay entre los integrantes del equipo de McKinsey puso a girar sus neuronas y lograron hacer que la caja registradora sonara mucho y generara muchas utilidades. En la guerra por el talento, lograron el qué y tal vez estén perdiendo en el cómo.

Sternfels es un profesional con amplia trayectoria —lleva 29 años en la firma— quizá pensó que ese tema le reventó en el peor momento. Hoy, enfrenta un grave problema: tiene talento y debe de gestionar uno de los mayores recortes de plantilla de los casi cien años —los cumple en 2026— de la organización. Una época de “guerra por el talento”, incertidumbre geopolítica y donde los trabajadores “tienen la obligación” de disentir.

Según Bob Sternfels afirma, “hacía una década que no analizábamos en profundidad nuestro formato de negocio”. En tiempos turbulentos, es una responsabilidad ineludible tener un modelo de negocios que permita hacer lo que tenemos que hacer. Para generar utilidades, es preciso reflexionar en el cómo se pueden crear plataformas globales y a partir de ahí escalar las operaciones, eso queda claro, pero no basta. Hay que generar un compromiso personal de tratar a las personas de la forma más justa posible. 

“Seguiremos incorporando profesionales a la compañía para dar servicio a nuestros clientes, pero es duro “sostiene Sternfels. La fuerza laboral se está reduciendo en el mundo. La idea de ser más creativos con el talento resulta básica. “Estamos buscando gente extraordinaria. Recibimos al año más de un millón de solicitudes y ofrecemos unos 10.000 puestos”. Para ello es preciso tener un perfil especial para las empresas. La nueva visión de la “guerra por el talento” responde al reto de equilibrar cuáles son los criterios para distinguir el talento, seleccionar esos conocimientos frente a las habilidades clásicas y entender qué es lo que se quiere hacer con ello. 

Este es el perfil de los líderes en el futuro. Así, se puede elegir a un integrante del equipo de trabajo que nunca ha ido a la universidad, una persona sin formación universitaria, a un candidato que tenga más de cuarenta años, a alguien que tenga preferencias diversas, en fin, cambiar la perspectiva. Queda claro que hoy en la guerra por el talento, si eres lo suficientemente bueno, debieras tener una oportunidad. 

Hay dos capacidades en las que tenemos que mejorar. Ser humildes y tener valor. Tener mayores y mejores valores ¿Cómo se puede ser ambas cosas al mismo tiempo? La humildad es reconocer que cometemos errores mientras evolucionamos. Resulta imposible ser perfectos. Pero honestamente cuando cometemos un error, es preciso ser el primero en admitirlo, así sencillamente: nos equivocamos. Introducir cambios para que jamás ocurra otra vez y seguir adelante. Esto es humildad no arrogancia. 

A la vez tenemos que mantener valor, porque sabemos que nos cuestionarán. Estar comprometidos en ayudar a resolver problemas y dar soluciones que sean benéficas para el cliente, para la empresa con responsabilidad para afrontar las consecuencias.  Contribuir a mejorar. 

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