El cáncer gástrico es la segunda causa de mortalidad por cáncer a nivel mundial. Es muy agresivo. En México, captura a miles de mujeres y hombres en edad de comerse el mundo (30 a 59 años). Pero su epitafio comienza a escribirse cuando empiezan a sentir un dolor intenso en la boca del estómago y sangrado intestinal. Nada los salva.

Jorge Soto, un joven mexicano de 31 años asegura tener la fórmula para frenar los embates de esta mortal enfermedad. Gracias a la sociedad que tejió con dos jóvenes más, fun­dó Miroculus, una compañía que desarrolló un sistema de detección temprana del cáncer.

Un día, mientras los fundadores de Miroculus presentaban su proyecto en Singularity University, una mujer los escuchaba con mucha atención y, al terminar de exponer, les pidió entrar más a detalle.

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Le preguntamos a Soto qué signi­fica para él convertirse en el socio más joven de María Asunción Aramburuzabala. Responde: “Es un honor poder tenerla a ella y a su equipo. Entiendo la confianza que nos da y la responsabilidad. El apo­yo va mucho más allá del dinero. Su conocimiento y experiencia es lo que realmente hace que esto sea una realidad”.

María Asunción Aramburuzabala nos dice que muy claras las grandes proyecciones que hay en el sector salud. Y en otros sectores. Ello for­ma parte de la visión que hoy tiene de los negocios y la transformación que éstos deben registrar. Su mejor aliado: el desarrollo tecnológico.

“Hace poco, invertí en un Venture, en una firma que conocí en Silicon Valley, de un joven mexicano. Eso está divino. Proyectos como éste queremos, que no sólo significan hacer dinero, sino que cambias la vida de un país”, dijo María Asunción Aramburuzabala.

Bendita tecnología

Mariasun ha sabido diversifi­carse, pues cuenta con inversiones en consumo, educación, tecnología, real estate, bancos…

“Realmente creo que el futuro que nos espera es muy diferente del que siquiera podemos imaginar. Pero también creo que las cosas van pasando eventualmente; no de un día para otro. La inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología… esas cosas tienen el potencial de cambiar la ma­nera en la que se hacen los negocios y van a destruir a muchas empresas que hoy pensamos indestructibles”, dijo Aramburuzabala.

Como alumna de Singularity University Mariasun está completamente convencida de que la tecnología puede cambiar a la humanidad.

“Lo que hemos visto en los últimos 20 años, con la era digital, es solamente la punta del iceberg. En la banca habrá disrupción, pero también en salud, con la biotecnología. Hay cosas que me emocionan, porque creo que la tecnología democratiza muchas cosas que hoy están concentradas, y eso va a cambiar al mundo. Aunque parezca un poco jalado de los pelos”, comentó.

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Sergio Rosengaus y Antonio Rallo, hace veinte años, me introduje­ron en el mundo de la tecnología, platica Mariasun.

“Mariasun es extraordinaria estrategizando. Con ella no hay medias tintas. Todo lo hace con un nivel de compromiso inigualable. Es muy fácil engancharse con ella en nuevas iniciativas”, sostiene Sergio, CEO de Kio Networks. “¿Que si vamos por nuevos nego­cios? ¡Claro! El procesamiento y almacenamiento de datos nunca se va a detener. Tampoco el análisis masivo de información. Hay muchos sectores donde hacer negocios. Por ejemplo, debemos impulsar el medicine fintech, donde podríamos disponer de statements clínicos avanzados, per­files genéticos y generar beneficios enormes para la sociedad”.

 

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Detectar un buen negocio

Para detectar un negocio a  Mariasun le surgen ideas de cosas que lee, que la inspiran.

“Tratamos de entender de qué se trata la industria y su contexto, la dinámi­ca del negocio y su competencia y, la verdad, en ese proceso de investiga­ción es cuando uno empieza a sentir que eso es algo que puede ser. Es una combinación de experiencia y sensibilidad”, dijo María Asunción Aramburuzabala.

Sergio Rosengaus, ex distribui­dor de Apple en México, ha vivido en carne propia el ‘Estilo Maria­sun’. Hace 16 años, él y Tony Rallo, ex directivo de Apple en Europa, llegaron a la oficina de Mariasun con un proyecto de negocio. Ella, al verlo, manifestó su absoluto desconocimiento en el tema, por lo que les pidió bibliografía. Salieron de la oficina con una buena dosis de incertidumbre, pensando que su búsqueda de un socio tenía que continuar. Pero, cuatro días des­pués, recibieron una llamada que no esperaban. Era ella. “¿Tienen un ratito para ir por un café”, les dijo.

En la segunda cita, Sergio y Tony descubrieron que los ocho tomos relacionados a Tecnologías de la Información que le habían dejado a Mariasun tenían algunos párrafos subrayados con color amarillo y muchas anotaciones. Una batería de preguntas les cayó encima. “Pudimos descubrir una mente inquieta y hambrienta de in­formación”, recuerda Sergio. Así nació Kio Networks, que funge como una extensión de las em­presas para operar sus sistemas de información.

 

El fracaso

María Asunción Aramburuzabala bromea a la hora en que le preguntamos si ha fracasado. “No, la verdad nunca”, dice entre risas.

“Claro, todos fracasamos. A veces, uno hace cosas bien, a secas. Otras que, por más que quisiste, no le pegaste. Y otras que son un batazo donde sacas la bola fuera del parque. He tenido inversiones malas, he perdido dinero y otras inversiones donde he ganado muchísimo. Pero te voy a decir una cosa: en estas inversiones, no una vez, varias, he estado de boca contra el piso, me han tenido con la pata puesta aquí [en el cuello] pero, por mi forma de ser y mi carácter, no soy alguien que se rinde… y me aguanto. Pero en el instante en que se descui­dan, me doy la vuelta y me recupero. Nunca hay que rendirse, siempre hay que seguir adelante y también hay que aceptar que nadie se saca diez en todo. Vas a tener éxitos y fra­casos, pero lo que importa realmente es que la mezcla de todo sea exitosa”, destacó la empresaria.

 

Cambio de mentalidad

Algo que parecía una central nuclear estaba lista. El switch estaba arriba y ya no había manera de bajarlo. Pero aquello era un con­gelador, porque no había monitores por ningún lado. Sólo dos personas deambulaban por el lugar. Llenarlo de aparatos no necesariamente era lo de menos, pero lo más impor­tante era llevar clientes, que la caja registradora sonara.

De pronto, con una evidente cara de asombro, Sergio le dijo a María Asunción: “¿En dónde nos metimos? ¿Qué vamos a hacer para llenarlo?”, a lo que ella respondió de manera natural: “¡Vender!”. Al día siguiente, ella empezó a llevar gente, poten­ciales clientes. El primer centro de cómputo de esta sociedad arrancó. “Parecía que Mariasun no tenía handsome attitude. Pero se arreman­gó la camisa y ahora contamos con más de 2,500 ingenieros”.

 

 

― ¿Ves, en algún lugar de México, un Silicon Valley?

― Lo que he podido percibir de los via­jes a Silicon Valley es que eso es una cultura, una manera de vivir, una forma de ser y de respirar. Toda la gente de Silicon Valley es bien rara, pero son geeks consistentemente raros. Es una cultura que, más o me­nos, va así: una persona estudia, se le ocurre una idea, la quiere probar pero se la cuenta a alguien más, que se la compra. A lo mejor es una idea loca o extrema, pero hay gente que está dispuesta a apostarle a esa idea loca. Quizá hay alguien del sistema financiero dispuesto a poner capital en riesgo. Como sea, son ecosiste­mas que, más allá del dinero, son una mentalidad. Sin duda, hay muchos que truenan porque ésa es la natu­raleza del Venture Capital, donde la mayoría fracasa y hay uno que sobresale. Allá [en Silicon Valley], fracasar no es un tema castigado.

 

― ¿Lo que me quieres decir es que a los mexicanos nos hace falta llevarnos bien con el fracaso?

― Sí, lo que pasa es que… la verdad, al mexicano le encanta desdeñar a todo mundo, pero ése es el anticlima del Venture Capital. Desdeñamos a la gente y decimos que todos los que no son nosotros… son un tontos, y no es cierto. La gente tiene miedo de ser vista mal por haber fracasado.

 

― A Mariasun, como líder, ¿qué le hace falta o qué debe perfeccionar?

― Ésa es una pregunta medio difícil, porque no pienso en esas cosas de mí. Lo que trato de hacer es que mi gente sienta la certeza de que siempre voy a estar delante de ellos. Cuando hay un problema, no agarro a mi director, lo visto de negro y lo mando al campo de batalla para que él se dé los frentazos. Yo me pongo adelante. La gente que trabaja con­migo está todos los días en el campo de batalla haciendo mis inversiones, mis negocios mejores, pero cuan­do las cosas se ponen duras y hay grandes riesgos lo que siempre trato es no endosar ese boleto, porque es mío. Si hay bofetadas, me tocan a mí.

 

― ¿Dónde estará el siguiente negocio de Mariasun?

― Espero que en la industria cosméti­ca, pero apenas estamos trabajando en ello.

 

― ¿Qué hacer para que haya mayor acceso a oportunidades en este país?

― Ese tema me ocupa mucho, porque varias de las cosas que pasan en este país, y que pasan mal, son producto de la falta de oportunidades. Hay muchas formas de crear oportunidad y todas son valiosas, pero no creo que haya una sola respuesta. La mejor iniciativa es la educación porque, cuando educas, liberas a la gente y le das las armas para no sólo prosperar, sino para dotar de oportunidades a su familia. En la economía, tienes dos tipos de personas: las que persiguen un interés personal de hacer dinero, crear una empresa, emplear a mucha gente y generar beneficios para el país, y aquellas que podrían ser muy listas pero que sólo buscan apropiar­se de un pedazo de pay.

 

― ¿Ves la luz al final del túnel en materia de corrupción?

― Eso se va a terminar, porque la gente ya está cansada. Pero también creo que no estamos solos. Hoy hay mucha corrupción y claramente no existe el Estado de Derecho y hay gente que hace lo que quiere sin sufrir las consecuencias de sus actos. Eso debe terminarse.

 

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