Por: José Gustavo Fuentes Cabrera

En el contexto del Foro Económico Mundial 2020, que se llevó a cabo en Davos, Suiza, se observó una tendencia hacia la fatalidad con respecto al impacto que tendría la Inteligencia Artificial en el mundo. Personalidades como el escritor israelí Yuval Harari, alientan futuros distópicos en los que la traza digital de datos, que dejamos a lo largo de nuestra vida, controlará nuestro destino al anticipar nuestros patrones de comportamiento.

Otras como Ren Zhengfei, consejero delegado de Huawei, afirman tener temor por desconocer el potencial de la Inteligencia Artificial. En este orden de ideas, es importante dejar de lado los juicios de valor sobre esta tecnología y empezar a entender desde el punto de vista científico lo que verdaderamente es y significa, partiendo de una máxima inamovible: los adjetivos bueno o malo no son, en el amplio sentido, calificativos de la tecnología, sino del comportamiento de los seres humanos.

El estado del arte de la Inteligencia Artificial dista bastante del futuro distópico planteado, dado que hoy se encuentra concentrado en una subrama conocida como Machine Learning, la cual se encarga de programas de computación que “aprenden” sin programación explícita por parte de un ser humano; es decir, es humanamente imposible programar todas y cada una de las casuísticas que podrá seguir un programa para una tarea particular, por el contrario, hay patrones estadísticos a partir de mediciones históricas mediante la presentación sucesiva de grandes cantidades de datos digitales en un programa.

El término aprendizaje se refiere a que el programa será capaz de reconocer tareas muy específicas: una de ellas es clasificación, la cual consiste en determinar un tipo de clase particular al que pertenece el sujeto de estudio y responderá preguntas como: ¿esta imagen contiene un tumor o no?, ¿el solicitante de un crédito es buen pagador?, ¿qué producto será mejor ofrecer a este cliente?; la otra es regresión, cuyo foco se encuentra en proporcionar una predicción numérica específica, como por ejemplo: ¿cuánto gastará el próximo mes un cliente en alimentos?, ¿cuántas personas se esperan en el aforo del evento de hoy?, ¿a cuántos grados se elevará la temperatura de la maquinaria en los próximos 5 minutos?.

En términos generales, un algoritmo de Machine Learning es entrenado para aprender de la siguiente forma: se le “premia” matemáticamente por hacerlo correctamente y se le “castiga” en caso contrario. Con lo anterior en mente, y una vez entendido el alcance de la tecnología actual, podemos vaticinar que los beneficios de la Inteligencia Artificial son por mucho mayores, y no artífices de un virtual cataclismo mundial.

Si bien es sabido el valor que representan los datos y las preocupaciones que existen con respecto a la privacidad de los mismos, la realidad es que para un algoritmo de Inteligencia Artificial, de poco sirve la identificación del individuo en particular, es la masa estadística la que genera valor.

Pensemos en una herramienta que apoya el diagnóstico médico de una paciente con posible cáncer a través de una mamografía. Al usar Inteligencia Artificial para resolver el problema, podemos proveer al médico de una herramienta que aumente sus capacidades humanas; la máquina será capaz de encontrar la presencia de tumores con un alto grado de precisión en fracciones de segundo para apoyar el diagnóstico, donde la secrecía de los datos es perfectamente controlable por el individuo mismo y por la entidad responsable del diagnóstico. Este ejemplo es minúsculo con respecto al potencial enorme que tiene la Inteligencia Artificial para hacer el bien.

En la agenda de Davos 2020 se incluyen los grandes problemas actuales de la humanidad como el capitalismo al borde del colapso, el cambio climático, el control poblacional, pandemias como la obesidad, etc. Todos estos retos enormes para nuestra especie son susceptibles de ser mitigados con la ayuda de la Inteligencia Artificial.

El colapso del capitalismo puede atacarse al descubrir poblaciones vulnerables mediante patrones complejos sociodemográficos donde una Inteligencia Artificial nos guíe en la ejecución de acciones concretas para mejorar la calidad de vida de estos grupos de individuos, entendiendo mejor sus necesidades y el efecto que tienen determinadas políticas económicas o sociales sobre ellos.

El cambio climático puede estudiarse a un grado de profundidad superlativo, al sumar esfuerzos internacionales con datos históricos de monitoreo de las condiciones atmosféricas alrededor del globo, combinándolos con datos de actividad económica e industrial que impacten al medio ambiente, imágenes de satélite, etc., y dejar en manos de la Inteligencia Artificial la tarea de encontrar los patrones que mejor informen a los actores involucrados sobre las acciones específicas para mitigar el efecto negativo del aumento de la temperatura del planeta.

El uso de la Inteligencia Artificial para el control de poblaciones lo hemos vivido, solo hace falta recordar el sonado caso de Cambridge Analytica, la firma que usó datos de Facebook extraídos de millones de cuentas para alterar el curso de la elección presidencial de Estados Unidos. Eso mismo puede realizarse para generar cambios positivos en bandas amplias de la población, por ejemplo, los gobiernos pueden lanzar campañas digitales altamente segmentadas y dirigidas para evitar la violencia contra las mujeres, combatir el racismo, encontrar personas extraviadas, fomentar la educación, por mencionar solo algunas.

Por último, temas relacionados con Inteligencia Artificial en el cuidado de la salud han generado un enorme interés por parte del mercado, basta revisar el último reporte de CB Insights llamado AI global funding report que informa sobre un levantamiento de capital en startups de IA para el cuidado de la salud de 26,600 millones de dólares, a través de 2,235 acuerdos de inversión.

Sin duda, esto resulta esperanzador para atacar, desde el punto de vista de los datos, los grandes males de la humanidad donde los enigmas médicos pueden ser descifrados con el poder de cómputo y análisis que la Inteligencia Artificial provee y que excede por mucho las capacidades humanas.

Ya lo dijo Sundar Pichai, CEO de Google, “la Inteligencia Artificial generará un cambio mayor que el fuego o la electricidad”. De nosotros depende si queremos que ese fuego nos consuma o nos ilumine.

 

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*El autor es CEO de la compañía Insaite y profesor de Ciencia de Datos, Actuaría y Matemáticas Aplicadas y Computación en la UNAM.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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