Las más recientes encuestas, las conversaciones, los chistes, las burlas, los memes, las redes sociales y los medios tradicionales de comunicación son contundentes: ningún presidente mexicano – desde que se tenga memoria y registro estadístico- habrá caído tan bajo en la percepción ciudadana como el actual. ¿Cuáles son las razones, los errores y las causas de este descontento popular? ¿Qué implicaciones tiene para México? ¿Qué se hubiera hecho?

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  • No se atendieron asignaturas críticas y se dejaron crecer sus efectos

A finales del 2011, el Ejecutivo y su partido contaban con una tendencia favorable de apoyo popular superior al 57%; al iniciar campaña exhibió muchas y profundas limitaciones, que pusieron en entredicho su capacidad intelectual, liderazgo e integridad. La preferencia se fue esfumando; de haber sido una campaña más larga, habría perdido. Pero “haiga sido como haiga sido” (sic) asumió el cargo arrastrando muchas dudas, desprestigio y cuestionamientos que nunca nadie fue atendiendo, resolviendo, dando pasos contundentes para que surgiera un presidente, un jefe de Estado, un líder. Insensible, lejano, aislado, ineficiente y lento el presidente siguió llenando su gestión de errores, excesos, escándalos y más críticas.

  • Mala, pésima imagen, un gran negocio

El Ejecutivo no quiso o no lo dejaron ir más allá, pronto se hizo evidente que sus “asesores de imagen” influían muy negativamente en su discurso; fallas garrafales en protocolo; tremendas omisiones; imperdonables carencias; lo aislaron para no exponerlo; lo sobreprotegieron y nunca le dieron las mínimas herramientas; eso les convenía. Inescrupulosamente le recetaron a este enfermo en estado crítico sólo placebos, ambientes controlados, acarreados, plumas pagadas, presencia en medios dóciles.

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Telenoveleros y franeleros quisieron escribir la historia de un México inexistente. En su desesperación, el Ejecutivo cayó en las manos de quienes lo hundieron y sin límites presupuestales, sin cuestionamientos, sin rendición de cuentas, en sus propias palabras ahí se quemaron “el gasolinazo”.

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  • El sabotaje interno y la falta de coordinación

Pretender hacer de la política, los asuntos de gobierno, el Estado, la diplomacia y la administración pública, un cuento de hadas también fue un gravísimo error. El paso por las revistas y medios del corazón exhibió los excesos, lujos, lisonja, fantasías lúdicas y francachela del Ejecutivo y su círculo cercano. Las figuras familiares que debían ser un soporte a su comunicación terminaron como pesados lastres. No hay un solo evento, discurso, gira o acto que se recuerde por su trascendencia, muy por el contrario, los que la gente recuerda pasaron a la historia como momentos tristes, patéticos, superfluos, banales y sin resultados positivos para México.

  • La imagen es sincronía, estrategia y ejecución impecable

Los líderes que no saben que pasa a nivel de cancha, que no viven, sienten o pueden asimilar la realidad cotidiana se quedan muy lejos de sus bases. El Ejecutivo nunca mostró sensibilidad, cada error era más y más grande, al estilo de ese viejo chiste, se adjudicaron los calificativos negativos más sorprendentes, increíbles, periféricos, globales y complementarios.

No se muestra sensibilidad, ni sentido de la oportunidad, no saben leer la coyuntura. Las frases son patéticas, ridículas. ¿Qué se acabó primero la gallina o los huevos? Nadie le concede al Ejecutivo la menor confianza, nadie le cree, a nadie emociona; se apela a la lástima, los enemigos y amenazas externas; la oferta política se colma de excusas, pretextos, disculpas, indiferencia, cuadros fingidos y todo colapsa; el estigma de la corrupción lo salpica todo.

El espacio que debía ocupar la imagen presidencial en los medios se hundió y se vació. Al carecer de credibilidad, confianza y no transmitir legitimidad, seriedad ni profundidad, el discurso careció de significado. Sin un epicentro, la política perdió la fuerza cohesionadora, las estructuras políticas y las instituciones se contaminaron de sus defectos y la figura presidencial perdió solidez y peso específico. Lo malo de esto es que eso tiene impacto en las bolsas, atracción de inversiones,  la economía, las relaciones internacionales, la calificación de país, la seguridad pública, la forma en que el país es percibido y las políticas de bienestar social. Para colmo, México se vuelve más vulnerable a la corrupción, la transa y el desprestigio.

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  • Del prototipo del político moderno al cómic político

Asesorar a los políticos requiere de gran visión de campo, de largos ratos de estudio, análisis, evaluaciones e inteligencia de mercado. Para un ejecutivo tan devaluado, la selección de sus colaboradores se vuelve un punto negativo, teme rodearse de personalidades más capaces para que no lo opaquen y sus cartas fuertes también suelen limitarse para no opacarlo. Un asesor serio debe ser íntegro, su cliente no quiere halagos y lambisconería, sino la visión objetiva que le ayude a superar los problemas cotidianos.

El problema es tan grave que hasta los chistes y las burlas se vuelven cotidianas, normales, no le van a aplaudir, hasta el grito de Independencia – la fiesta nacional por excelencia- requiere de acarreados. Los eventos y ruedas de prensa requieren de burócratas manejables instruidos de relleno y audiencias cautivas dóciles. Como un boxeador en decadencia, el presidente tiembla al subirse al ring, su subconsciente lo traiciona, lo asedia, lo merma, las risitas burlonas lo invaden; el caminar cabizbajo, los gestos de incomodidad, los ojos inciertos, la mirada perdida, la saliva que no pasa, la espalda arqueada, las manos nerviosas, blandas; velocidad, tono, acento, alcance de la voz mermados.

México ¿Que hubieras hecho con el dinero que se destina a los gastos de los partidos políticos, el sinnúmero de dependencias de gobierno inútiles, la publicidad electoral, los lujos y excesos de los políticos, la corrupción y la compra de votos? Reflexiónalo y cuéntaselo a quien más confianza le tengas.

 

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