Por: Alejandro López de la Peña*

Una definición muy teórica sería que la cultura organizacional es un conjunto de creencias, hábitos, valores, tradiciones, actitudes y formas de interacción entre todos los grupos existentes de la compañía. Esta explicación contiene un conjunto de fragmentos y sutilezas que vamos encontrando en todo lo que hacemos y después de un tiempo, se da en gran medida en todo lo que creemos, en lo que decimos y en el cómo hacemos las cosas, es decir se va convirtiendo en la esencia de la organización, en su ADN.

Aquí, nos encontramos entonces con la imperiosa necesidad que, para crear un sentido de pertenencia, orgullo por la marca, así como para adoptar un propósito y visión, y hacer nuestro un ADN, es imprescindible haber construido una cultura organizacional por parte de los líderes, y sobre todo ser congruentes con ella. Aquellos que destruyen una cultura organizacional, son los que intentan plasmarla en un montón de letreros a lo largo y ancho de una organización, poniendo una lista del conjunto de valores y creencias que a veces nadie lee, y con ello pretenden estarla construyendo. Por otro lado, consistentemente se olvidan del ser humano que está detrás de cada colaborador, de sus familias y de las comunidades a las que sirven. De hecho suelen confundir el clima organizacional con la cultura organizacional.

Los líderes que construyen una cultura organizacional, se ocupan de hacer una organización resiliente, en mostrar un genuino interés por “re-conocer” a la gente, no sólo por un reconocimiento hacia su labor, sino por conocer realmente a las personas, escucharlas, entender su historia, descubrir su talento y potencial, así como lo que les mueve y les inspira.

Entonces, ¿cómo construir una mejor cultura organizacional, en el mundo “Post Covid-19”, en ese  contexto laboral donde crecerá el trabajo desde casa, en donde se tendrán que tomar medidas para que nuestros colaboradores se “cuiden unos de otros”, en donde debemos, por salud, poner una distancia entre ellos? El principio fundamental no cambia, las personas son el recurso más valioso de una organización y como líderes tenemos la responsabilidad de contribuir a darles ese valor.

Conozcamos a nuestros colaboradores, escuchemos e identifiquemos sus necesidades, y definitivamente, seamos más humanos, aprendamos a reconocer sus éxitos, aprendamos a guiarles cuando se equivoquen, no pongamos estrés de más… la gente responderá con nobleza si primero ponemos el ejemplo. Garanticemos su integridad y honestidad, pues son valores que constituyen la base para que una organización sea eficaz y construya una sólida reputación en el largo plazo, los colaboradores transmitirán lo que perciben… y la cultura organizacional se enriquecerá y fortalecerá.   

Contacto:

Alejandro López de la Peña es director general de T-Systems México*

LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/alejandro-l%C3%B3pez-de-la-pe%C3%B1a-a7b3b76/

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