El ejecutivo moderno debe estar atento y percibir el significado tanto de las cosas más cercanas como de las más lejanas. Debe ser un experto en detectar hilos sueltos.

 

Cualquiera que haya leído novelas policiacas sabe de lo que estoy hablando: en las historias de misterio, el autor va dejando pistas para que el lector, haciendo uso de la inteligencia, descubra, antes de llegar al final, quién es el criminal. Por supuesto, un buen autor también va sembrando engaños para confundir y hacerle más complicada la tarea, y así sostener el ciclo narrativo. Los hilos sueltos son esas pistas que le dan luz al detective y al lector para desentrañar el misterio, y al igual que en las novelas, en el mundo empresarial los hilos sueltos son advertencias para los ejecutivos y líderes empresariales, sólo que hay que entender su importancia y hay que aprender a identificarlos.

En el terreno corporativo, los hilos sueltos son esas señales que nos quieren advertir que algo anda mal, que alguien no nos está diciendo totalmente la verdad o que las buenas prácticas no se están llevando a cabo. Si estamos atentos a esos cabos sueltos podremos anticiparnos a una mala sorpresa y corregir a tiempo un mal resultado. Lamentablemente, estamos tan ocupados en otras cosas que pasamos por alto estos focos de advertencia que se encienden en el tablero de control.

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Si llegamos al consultorio de un médico y la bata, en vez de ser blanca y sin mácula, está manchada de grasa y tiene restos de comida, debemos atar los hilos sueltos y conectar esa imagen con información relevante que nos está dejando ver. Tal vez la conclusión sea salir corriendo tan rápido como se pueda antes de poner en sus manos la salud de alguien. Tristemente, la evidencia no siempre es tan clara. Hay que estar atentos

Por eso, Sherlock Holmes se hizo famoso, por poner atención en lo que otros pasaban por alto. Es inconcebible que en esta era en que la información es más accesible que nunca, el hombre viva despistado. Esas imágenes poéticas en las que el ser humano miraba al cielo y vivía ausente suspirando por un mundo mejor son falsas y peligrosas. El ejecutivo moderno debe estar atento y percibir el significado de las cosas más cercanas como el de las más lejanas. Debe ser un experto en detectar hilos sueltos.

En el sentido más imaginativo, un ejecutivo tiene derecho a pasar por alto nimiedades porque está pensando en los objetivos a largo plazo, en las metas, en los presupuestos, o porque está recorriendo los estrechos laberintos de los números. Es posible que un director viva en el misticismo corporativo, elevado por encima de las tareas cotidianas y los pequeños detalles, en un sentido agónico, escindido de la importancia de las pequeñas cosas. Sin embargo, hay que tener cuidado: cuando dejamos de ver el secreto sagrado y sublime que se esconde en los signos habituales es cuando se corren más riesgos. Es cuando se pierde el rumbo y se cometen más errores. Es tan peligroso como el que por estar mirando a las estrellas deja de ver el hoyo y se cae en él. O, peor aún, el que por ir distraído se tropieza una y otra vez con la misma piedra.

La verdadera maldición empresarial se conjura cuando dejamos de poner atención en esas notas sutiles que se nos presentan en el camino. Conan Doyle nos da una lección empresarial con las novelas de Sherlock Holmes. Nos advierte sobre esos hilos sueltos que no necesitan demasiada atención; necesitan la suficiente. Pero el vértigo de la vida nos lleva a desestimarlos, y cuando se conjura un revés, en el momento en que algo sale mal, cerramos los ojos, apretamos los dientes y decimos con amargura: “lo sabía”.

Sherlock Holmes triunfó merecidamente porque se tomó en serio el arte de vigilar hasta las más pequeñas pinceladas de conocimiento real y auténtico de los hechos que le rodeaban. Muchas veces, la solución de los misterios, la deducción de los problemas llegaban de unir esos hilos sueltos. Al igual que en las novelas de detectives, un empresario debe ir tras las pistas y poner atención a esos signos que están ahí iluminando información relevante que ha pasado por alto.

El carácter avinagrado de un jefe de personal, el empleado solícito que no quiere salir de vacaciones, las joyas que usa la auxiliar de ventas, la directora del centro de innovación que no tiene proyectos, el asesor que cubre su actuar con palabras rimbombantes y pocos resultados, la directora de administración que tiene el escritorio hecho un desastre y que jamás puede llegar a tiempo, el proveedor que ofrece condiciones maravillosas y pocas garantías, todos son signos que merecen la pena ser observados y analizados. Son pistas que nos pueden dar luz sobre cuestiones relevantes. Son hilos que nos plantean preguntas sobre dudas razonables.

¿Cuántas pistas valiosas dejamos de ver por estar distraídos? ¿Cuántos datos relevantes son desestimados por no haber puesto atención? En el mundo empresarial, los hilos sueltos son esos rastros que debe atender el ejecutivo para que, haciendo uso de su inteligencia, lleve a cabo un análisis objetivo de la situación y se anticipe a un resultado indeseado antes de llegar al final. El ejecutivo que es capaz de recorrer el hilo de todas las imposibilidades de la trama se convierte en un activo valioso y en un elemento brillante para la empresa.

Las herramientas deductivas en el ámbito empresarial son la observación de datos, los estudios de mercado, los análisis financieros, las investigaciones, las auditorías, el conocimiento de los procesos, la interpretación de estados financieros, la lectura de reportes, el seguimiento de actividades y todo aquello que nos lleve a vislumbrar las actividades productivas de una empresa o institución.

Es verdad, hay ejecutivos que afirman con contundencia que no es para ellos fijar su atención en los detalles, que ellos están para ver el gran panorama; hay dueños que insisten en ver el bosque y desestiman las pequeñas hierbas. Hay gente que se enorgullece de estar siempre pendiente de los grandes escenarios y desprecian el detalle. Están como ausentes. Y, sí, efectivamente, como dijera G. K. Chesterton, son víctimas del sentido más literal de ausencia: la ausencia de inteligencia.

La advertencia que las novelas de misterio hacen al mundo empresarial radica en la importancia de evitar los descuidos. Hay razones tan relevantes y convincentes para estar distraídos que hasta las podemos tocar. Sin embargo, un ejecutivo que pone atención tiene la llave para abrir puertas y descubrir caminos a campos fértiles y variopintos. También para evitar desenlaces poco favorables. Elemental, ¿no es así?

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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