Argentina se encuentra en recesión desde 2018, y se estima que su economía sufrirá todavía más este 2020 debido a los efectos de la pandemia del coronavirus, con una caída estimada del PIB del 6,5 %.

Con una deuda externa total de 324,000 millones de dólares, el 90% del total de su PIB, en recesión, con una inflación de más del 50% -una de las más altas del mundo-, y una tasa de pobreza del 35%, el país sudamericano está atravesando una cuarentena estricta por el coronavirus que también afecta su ya golpeada economía. El fantasma de una cesación de pago sigue rondando en el recuerdo de muchos argentinos, especialmente por las consecuencias negativas que podría acarrear, no solo a nivel macroeconómico, sino también para el debilitado bolsillo de los argentinos.

Ese país entró en default técnico el 22 de mayo de 2020, y ahora el Gobierno de Alberto Fernández está negociando con acreedores privados la reestructuración de bonos emitidos bajo legislación extranjera por 66.000 millones de dólares, haciendo una oferta mejorada, y con el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI).

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Los principales acreedores privados, con cerca de un 40% de la deuda total, son Allianz Group, Fidelity, BlackRock, Northern Trust, AllianceBernstein y HSBC, entre otros. DW consultó Allianz para contar con su opinión sobre las perspectivas de éxito de las negociaciones, pero el grupo respondió que “no hace ningún comentario” al respecto.

La nueva propuesta de pago de Argentina para los títulos por 66.000 millones de dólares aumentaría el rendimiento de los bonos a cerca de 50 dólares por cada 100 dólares. Y un cupón adicional ligado a las exportaciones agrícolas hace de “endulzante” adicional para los bonistas. El nuevo canje incluye bonos emitidos en 2015 y 2010, y otros de 2016, y el Gobierno argentino quiere llegar a un “acuerdo sustentable” con sus acreedores.

“Es importante que Argentina logre una salida ordenada de la deuda. Creo que es una buena señal que continúen las negociaciones entre el Gobierno argentino y los acreedores, confiamos en que hay posibilidades de que se llegue a un acuerdo ”, dijo Federico Thielemann, subdirector ejecutivo de la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana, en entrevista con DW. “Siempre es una carga difícil para la economía argentina tratar de resolver el pago de esta deuda externa, y un gran desafío para este gobierno” añade.

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¿Qué pasaría si Argentina se decide por la moratoria?

Argentina y sus acreedores extendieron por 24 horas -hasta este miércoles- los acuerdos para negociar el canje de la deuda argentina, a tres días de que venza el plazo para finalizar el pacto, que fue prorrogado por tercera vez.

¿Qué sucedería si Argentina decidiese, al final, no pagar? Federico Thielemann dice que las consecuencias se harían sentir. “Sobre todo se debe recordar los efectos que tuvo la última y mayor cesación de pago del Estado argentino en 2001-2002. Cuando un país entra en default, muchas veces tiene que restringir su oferta de garantías de exportación, y eso puede afectar a muchos proyectos importantes para las empresas alemanas en Argentina”, explica. Y cita el ejemplo de Hermes Euler, de Alemania, que, a partir de 2002 y hasta 2015, ya no pudo garantizar la financiación de exportaciones alemanas en proyectos que involucran al sector público argentino.

“Entrar en default tal vez no afecte, en un primer momento, al sector público en cuanto al acceso al crédito, pero sí afectaría a muchas empresas del sector privado”, subraya. Dichas empresas son fuente de trabajo para millones de personas.

El otro lado de la medalla

La otra cara de la problemática de la deuda externa argentina es la difícil situación económica para los argentinos, azotados por una alta inflación, y en medio de la cuarentena por la pandemia de coronavirus. ¿Cómo afectaría a la población este canje de deuda si no hubiera acuerdo con los acreedores? “El gobierno argentino está bajo la presión de afrontar una serie de desembolsos de dinero para hacer frente a los títulos emitidos en su momento”, señala Thielemann. Según el experto, la oferta argentina actual a los acreedores tiene en cuenta que, hoy por hoy, la situación es extremadamente compleja, por lo cual reprograma determinados vencimientos al futuro. “De alguna manera, eso le da a la economía argentina la posibilidad de recuperarse y mejorar su capacidad de repago”.

Según un comunicado del ministro de Economía argentino, Martín Guzmán, ese país logró “avances significativos” en la normalización de la deuda en pesos, lo que le permitió recuperar la liquidez del Tesoro. Pero el problema que genera, una y otra vez, condiciones de inestabilidad financiera y macroeconómica es la estrategia de muchos tenedores externos de deuda que aplican operaciones carry and trade, un modelo originado, según ese ministerio, durante el Gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), que implica la búsqueda de tasas extraordinariamente altas de intereses en títulos en pesos argentinos, para luego destinar esas ganancias a la compra de divisas extranjeras.

Cuando esos bonos en pesos argentinos se desarman, se produce una gran volatilidad cambiaria y financiera que impacta directamente en el nivel de reservas y en el tipo de cambio. Al respecto, Federico Thielemann indica que “en caso de que el desembolso para pagar la deuda no se haga con fondos propios porque no se llega a un acuerdo con los acreedores, aunque de todos modos el Estado argentino cumpla y no entre en default, eso se pagaría con las reservas del Banco Central Argentino, que ya son relativamente bajas para el volumen económico del país, con lo cual eso pone en una situación aún más vulnerable a la economía”.

No solo la gente sufre las consecuencias de manera directa e indirecta, sino también las empresas, añade. El economista resalta que Argentina no importa solo productos manufacturados, sino que buena parte de las importaciones son insumos para la producción local. Por eso es importante darle una cierta estabilidad cambiaria a las empresas. Y lo mismo vale para la exportación de productos manufacturados argentinos: la previsibilidad económica de ciertas variables es importante para sostener la confianza de los inversores, para que se desarrollen las empresas y para poder así impulsar la producción y generar empleo.

Pero, a pesar de los múltiples aspectos de la delicada constelación de la economía argentina en este momento, según Thielemann, la peor pesadilla, sería, como siempre, el impago: “El peor escenario sería que Argentina entre en default, porque así se le cerrarían muchísimas puertas”. De todos modos, aclara, “hacer diagnósticos de este tipo en Argentina es complejo y difícil”, y subraya que “el mayor desafío será llevar a la economía argentina a un ciclo de crecimiento, pero en un entorno que es completamente nuevo, el de la pandemia del coronavirus, no solo para la economía argentina, sino para otras economías del mundo, muy sólidas, que han tenido problemas y entraron recientemente, por primera vez desde hace muchos años, en una recesión”.

Tal vez haya lugar para la esperanza. La de los argentinos, de que su país no pase a la cesación de pago, y la de los acreedores, de recibir lo que reclaman. Las señales que envía el Gobierno de Alberto Fernández “dan la impresión de que el proceso continúa y de que existe la posibilidad de que se llegue a buen puerto con los acreedores”, concluye el subdirector ejecutivo de la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana, desde Buenos Aires.

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