Por César Martínez Aznárez

El director financiero ha cobrado mayor relevancia en el desempeño de las empresas y se ha convertido en una de las figuras más seduc­toras y emblemáticas de la gestión corporativa.

El CFO (acrónimo de Chief Financial Officer) ha aumentado su poder e influen­cia dentro de las organizaciones, y sus responsabilidades y funcio­nes se han ampliado considerablemente.

Desde hace tiempo está de moda profeti­zar y analizar lo que se ha dado en llamar el nuevo rol del CFO. Socio estratégico, agente de cambio, arquitecto de valor, son algunas de las expresiones usadas que simbolizan su metamorfosis.

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Hay abundante literatura y artículos de expertos en la mate­ria, sobre todo desde la crisis de 2008, que muchos consideran como un parteaguas en la transformación de las funciones del direc­tor financiero. Después de todo, sin arriesgar con esto un juicio definitivo, puede decirse que ellos tuvieron, aunque sea mínima, una parte de responsabilidad en aquella fea debacle de los mercados y la economía.

Así lo reconocía, por ejemplo, el economista doctorado en Harvard José Manuel Campa hace poco más de dos años, cuando se ocupó de desgranar, en un análisis para la IESE Business School. la responsabilidad que le tomó a la dirección financiera de las empresas las dificultades que atravesaron a consecuencia de la crisis, y las nuevas actitudes y obligaciones que deberían desarrollar a partir de aquella experiencia.

La especialista Sandra Moreno, managing director de Accenture en España, decía en diciembre de 2014 que la situación económica a raíz de la crisis supu­so un antes y un después para esta figura directiva, que pasó de ser un receptor de estrategias ideadas por otros, a elaborador y pieza clave de la estrategia de la empresa.

En el último estudio anual High Performance Finance de Accenture, 75% de los encuestados en 28 países dijo que la responsabilidad del CFO en la toma de decisiones estratégicas ha crecido en años recientes.

Pero no se trata de un fenómeno nuevo. En 2009, el entonces CEO de Ernst & Young, Ja­mes Turley, declaraba a un medio argentino que el papel del CFO ya ha­bía evolucionado desde una función de informa­ción financiera, pasando por una etapa de mayor control, para convertir­se después en un asesor de estrategia para el crecimiento, sumado a la más reciente función de evaluación del riesgo.

En México, según la opinón publicada en la revista Tecnología, Negocios, Estrategia (en septiembre pasado) de Roberto Cabrera Siles, socio en KPMG México, las leyes y regulaciones de 2001 que exigieron mayor preci­sión en el área financiera de las empresas y mayor independencia de sus auditores influyeron en la transformación del rol del .CFO

Conocido ese mismo año de 2001, el escándalo y la quiebra de la energética estadounidense Enron, con su director de Finan­zas, Andrew Fastov, a la cabeza del fraude es considerado un punto de inflexión en la evolución de las funciones de los directores de finanzas.

También antes de la crisis, en 2006, el experto en dirección empresarial Jeremy Hope marcaba líneas en su texto Reinventing the CFO. Hope ya señalaba en su libro que el director financiero había pasado de ser un simple elabora­dor de información, de números, a un analista de la información, un estratega de negocios y un gestor de riesgos.

 

Su importancia

La dirección de operaciones ma­neja el alma, la razón de ser de una compañía; la dirección jurídica es pieza clave en fusiones y adquisiciones, ese juego moderno que decide la permanencia o desapa­rición de la empresa; la de nuevos productos e innovación conduce la otra vía del crecimiento, la orgánica; de recursos humanos depende la generación del talento que hace funcionar una organización; la direc­ción comercial o marke­ting permite que todo se ponga en marcha de puertas hacia afuera. Y así se podría fundamentar el valor de las demás direcciones.

Habría que preguntarse enton­ces por qué, entre la alta dirección, la que acapara los reflectores es la de finanzas; por qué es la más poderosa en la mayoría de las orga­nizaciones después de la dirección general. Todas son importantes, pero el CFO es el directivo de área más influyente.

En el estado actual de los mercados y el desarrollo de los negocios –probablemente ésta sea una explicación–, un error financiero es el más caro para una empresa. Otras fallas quizá puedan subsanarse, pero la mayoría de las veces las de finanzas son más costosas y pueden incluso derribar a la compañía.

El director de finanzas ha acu­mulado una gran responsabilidad. De sus aciertos y errores depende­rá en buena medida la profundidad y gravedad que tenga para la com­pañía la próxima crisis, su capaci­dad de resiliencia.

 

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