La inflación es uno de los pocos fenómenos económicos sobre el que la mayoría de las personas tiene una idea bastante clara. Se sabe que cuando la inflación crece rápidamente afecta la capacidad de compra, tanto de las personas como de las empresas. Para alguien que destina un porcentaje alto de su ingreso a bienes de consumo inmediato como alimento, vestido o transporte, un alza severa y sostenida de los precios puede dañar seriamente su calidad de vida. Los mexicanos tenemos amplia experiencia lidiando con los efectos negativos de la inflación.

Durante la década de los ochenta, la economía mexicana registró incrementos exorbitantes en los precios, que lastimaron principalmente a la clase trabajadora. Cabe recordar que entre 1983 y 1988, la inflación acumulada fue de 3,336%, según cifras del Banco de México.

Sin embargo, la inflación, si es moderada, puede tener efectos positivos en determinadas circunstancias. Por ejemplo, cuando hablamos de instrumentos financieros, la inflación puede ser un aliado de aquellas personas que han contraído una deuda. Veamos por qué.

Cualquiera que para comprar una casa haya contratado un crédito hipotecario podría preguntarse ¿cómo influye la inflación en mis pagos mensuales y cuál es su efecto en la tasa de interés que se pactó para el crédito? Tratemos de responder estas preguntas a través de un ejemplo.

Pensemos que a una persona le fue concedida una hipoteca por un monto de $300,000 bajo un esquema de tasa fija y pagos o cuotas iguales durante la vigencia del préstamo. Digamos que, en las condiciones actuales del mercado inmobiliario, no sería descabellado que a una persona le ofrecieran una tasa de interés de 10% anual y que la vigencia del crédito fuera de 10 años.

Bajo estos parámetros, el monto mensual que habría que desembolsar para el pago de esta hipoteca sería de $3,965, y el total de intereses que cobraría la institución financiera que haya otorgado el crédito ascendería a $176,000. Con este esquema, el acreditado destinaría aproximadamente $47,580 cada año para el pago de su hipoteca.

Imaginemos ahora que esta misma persona percibe ingresos de $150,000 al año, por lo que la hipoteca absorbería casi un tercio de su salario al día de hoy. Adicionalmente, podemos suponer que la tasa de inflación de la economía será de 4% anual durante los próximos 10 años, que –dado el comportamiento de esta variable en la última época– es razonable asumirlo.

 

Efectos positivos

En un escenario como el que acabamos de describir, el efecto de la inflación sobre el crédito es que, al tener cuotas fijas, la proporción del salario destinada al pago de la hipoteca disminuirá con el tiempo, incluso si los incrementos al salario están por debajo de la tasa de crecimiento de los precios.

Para ejemplificar lo que acabamos de explicar, digamos que el salario crece únicamente 2.5% al año (recordemos que establecimos una tasa de inflación de 4%. Esto significa que para el último año de la vigencia del crédito, el ingreso de la persona que solicitó la hipoteca creció de $150,000 a $192,012 anuales, por lo que el pago en el décimo año del préstamo absorberá únicamente el 25% de sus ingresos. Esto se compensará, en parte, con el alza en los precios en otros rubros del gasto.

Como vemos, al menos en este contexto muy específico, con una tasa de interés fija y cuotas mensuales constantes, la inflación puede llegar a tener efectos positivos en la economía de las personas. La tasa real de interés que enfrentan las personas que han contratado una deuda, en este caso una hipoteca, disminuye con la inflación, aliviando la carga financiera de los deudores, siempre y cuando el ingreso se ajuste también, aunque no lo haga en la misma proporción que los precios.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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