Es una de las mentes creativas mexicanas del año. Con la película Gravity rompió récords en taquilla, a la vez que se erigió como ganador del Oscar como Mejor Director y logró seis estatuillas más. Cuarón ha tocado el cielo —el universo, en todo caso—, pero no se considera un genio, porque ésos, dice, no llegan a la productividad por un problema de estructura y estímulos enfocados al desarrollo de ideas, de la que es responsable no sólo el gobierno, sino la propia iniciativa privada.

 

Por Gabriella Morales-Casas

 

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De Gravity lo sabemos todo: Que costó 100 millones de dólares (mdd) de los más de 500 mdd que la película ha recaudado mundialmente, hasta el mes de noviembre. Sí, es un smashing box office, con críticas soñadas para cualquier cineasta; una película de méritos técnicos espectaculares —bastaría señalar su extraordinaria secuencia inicial de 13 minutos—, su magistral narrativa visual y la tensión de la historia; un filme al que muchas publicaciones especializadas han puesto a la par de la obra maestra de Stanley Kubrick, 2001: A Space Odyssey (1968).

Todo esto tiene al director mexicano en el podio de los mejores cineastas de los tiempos modernos. Pero, ¿es suficiente un cerebro creativo para llegar a los límites del universo?

Ante todo, Cuarón es un filósofo de carrera, cursada, por cierto, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Como narrador, Alfonso Cuarón ha conectado con tantos públicos que no hay manera de cuestionarlo. “Soy víctima de un gusto ecléctico”, dice, y no cree que sus películas sean distintas a pesar de los géneros con los que juega. “Yo admiro a los directores que tienen un estilo”.

Pero su versatilidad es cabalmente su triunfo. Cuarón no es cantidad, es calidad y es propuesta: Sólo con tu pareja (1991), La princesita (1995), Grandes esperanzas (1998), Y tu mamá también (2001), Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004), Los niños del hombre (2006); París, te amo (2006) y Gravity, son sus destacados y eclécticos hijos cinematográficos; el último de ellos, escrito con su hijo, Jonás Cuarón, quien ha seguido sus pasos como creador audiovisual.

 

El mejor cineasta de México

Cuarón no se vanagloria, no piensa que es un genio o que ha alcanzado el cielo cinematográfico, pese a que ya ganó el Oscar como Mejor Director y seis estatuillas más con Gravity. Alfonso Cuarón considera que lo suyo “no es el alto cine”. “Ése lo hacen Reygadas y Amat Escalante”, asegura, ambos ganadores en el Festival de Cine de Cannes (Carlos Reygadas: Cámara de Oro con su ópera prima Japón, en 2002; Premio del Jurado por Luz silenciosa en 2007, y plata al mejor director por Post Tenebras Lux, en 2012. Y Amat Escalante: plata al mejor director en 2013 por Heli).

Dichos cineastas son exponentes mexicanos del cine de autor más contemplativo y muy entendido en Europa, pero que en México divide opiniones y genera críticas, precisamente por su propuesta para los pequeños nichos. “Es que ellos no son ‘Cuaroncitos’ que hacen películas en el espacio, ellos hacen alto cine, ¿y sabes qué? Un cine muy rentable”, dice Alfonso.

Si bien el director del momento hace millones en taquilla con Sandra Bullock y George Clooney, Cuarón piensa que Reygadas y sus colegas se venden en todos los países del mundo que tienen ese nicho.

“Si yo fuera un productor, claro que le invierto a Reygadas o Amat o a (Fernando) Eimbcke (ganador de la Concha de Oro en San Sebastián 2013 por Club Sándwich), porque los van a ver en todo el mundo”.

No habla por hablar. Cuarón sabe que dos comedias han batido récords: Nosotros los Nobles No se aceptan devoluciones (ambas de 2013); la primera de Gaz Alazraki —basada en el argumento de Luis Alcoriza de El gran Calavera, del gran Luis Buñuel—, y la segunda realizada por Eugenio Derbez.

Son las películas mexicanas más taquilleras de la historia de México. “Pero si lo piensas es un box office engañoso”, advierte.

“En números no puedes comparar a Derbez con Reygadas, pero en escala de rendimiento de recuperación Reygadas gana: primero, porque cuesta poco hacer una película como la suya, recupera rápido y le da la vuelta al mundo sin invertir en marketing, publicidad y exhibición”. Podrá gustar o no, “se vale cuestionar”, afirma Cuarón, aunque sin perder de vista que es una producción mexicana “que se exporta… desde México”.

Alfonso considera que lo suyo no es el alto cine, "ése lo hacen Reygadas y Amat Escalante”. Foto: Adrian Burns.

Alfonso considera que lo suyo no es el alto cine, “ése lo hacen Reygadas y Amat Escalante”. Foto: Adrian Burns para Forbes México.

 

Inversión en las ideas

Cuarón produce para tener el control creativo, eso lo lleva a un dilema por el que pasan todas las mentes brillantes: ¿se puede ser libre y productivo económicamente? La duda es mayúscula si la profesión elegida es artística.

“La creatividad en México es mucha, pero el problema no es ése, sino que somos braceros de lujo”, afirma el director de Sólo con tu pareja, la primera comedia romántica mexicana, de acuerdo con los académicos del cine nacional. “El objetivo sería crear estructuras de desarrollo para las ideas y así evitar la fuga de cerebros”. Las condiciones para que los creadores calificados puedan desarrollarse en México parecen lejanas, casi intangibles. Según datos revelados por el Centro de Investigaciones Sobre América del Norte (CISAN), de la UNAM, en su más reciente censo al respecto (2012), México ocupa el cuarto lugar en el mundo como exportador de cerebros, después de Inglaterra, Filipinas e India.

Cuarón, hijo de un científico, supo que quería ser cineasta el día que se dio cuenta que no podía ser astronauta. “Me tocó ver llegar al hombre a la luna en la Tv, pero como para lograrlo había que ser militar gringo me volví cineasta”, dice entre risas, y recuerda que Star Wars no le impactó tanto como La mujer en la luna (1929), de Fritz Lang o The Right Stuff (1983), de Philip Kaufman: “Películas que tomaron las misiones espaciales con seriedad y realismo”.

Cuando terminó la carrera de Filosofía en la UNAM, comenzó en el cine como estudiante en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM, empresa que abandonó a la mitad. Después trabajó en la serie de terror Hora marcada (1988-1990), de Televisa; ahí conoció al también director Guillermo del Toro. Desde entonces, Cuarón ya trabajaba con el que es hoy su cinematógrafo de cabecera, Emmanuel Lubezki. Así se construyen las carreras, con contactos. El talento hizo el resto.

 

Dinero mal administrado

“La cultura ‘becarista’ en México es fundamental”, plantea. “Todo cineasta sabe que la temporada de becas es dura como la de caza: convocatorias a festivales internacionales, fundaciones, apoyos extranjeros y claro, estatales”.

De acuerdo con el Anuario del Cine Mexicano presentado en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, en 2012, ese año se produjeron 40 largometrajes con inversión totalmente privada, mientras que el Estado apoyó 70 a través del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine); ambos números crecieron en relación a los años anteriores. Sólo se estrenaron en cartelera 67 cintas.

Una de las trampas de producción está en el fondo Eficine o el 226, como se le conoce al estímulo fiscal para los contribuyentes que otorga el Artículo 226 de la Ley del Impuesto sobre la Renta, y que apoya la producción o postproducción de largometrajes de ficción, animación o documental, controlado por Imcine.

Dicho artículo permite que la iniciativa privada invierta en una película una cantidad que le será deducible de impuestos.

Otro problema de Imcine es que no alcanza para todos. “Y todavía les reducen presupuesto. Esa lógica no la entiendo a nivel empresarial”, se lamenta. “Quitarle presupuesto a lo que los hace ir a la alta es contradictorio”.

Ante tal escenario, Cuarón piensa que la creatividad no es un negocio para nuestro país, mucho menos si se trata de arte, como es el caso del cine, porque su riqueza no se medirá en capital. “La creatividad es incómoda porque no es un producto inmediato, es una inversión a futuro y vivimos en una sociedad donde las ganancias tienen que ser inmediatas, donde las autoridades piensan: ‘¿Qué política me va a dar invertirle a las ideas de un chavo’”.

La reflexión de este realizador mexicano, el más cotizado en Hollywood, es que la creatividad no debe ser sólo responsabilidad del gobierno, sino que las estructuras, el desarrollo y la productividad también se genere desde la iniciativa privada, particularmente por parte de la TV.

Las empresas de televisión abierta, de acuerdo con Cuarón, deberían estar obligadas a subsidiar una parte del cine nacional para expiar sus “pobres contenidos” y fomentar la cultura que no promueven a través de sus canales. “El aire se les está rentando muy barato y con poco apoyo cultural a cambio”.

Cuarón, el director favorito de la escritora J.K. Rowling, de entre todos los que filmaron la saga de Harry Potter, asegura ignorar si sucederá igual en la política y las finanzas. “Pero las grandes estructuras de poder tendrán que ceder inevitablemente a otros paradigmas nuevos que funcionarán, crecerán y se volverán poderosos”.

De criterio amplio e imaginación infinita, su preocupación por la falta de más Cuarones o Reygadas en México contrasta con ese atentado a la realidad que es hacer ficción, incluso, si se trata de una metáfora de la realidad misma, ésa en la que el adolescente Alfonso le dijo a su hermano que algún día haría una película sobre el espacio. “Yo ya no me acordaba de eso… ¿te imaginas?”.

 

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