Decir que los tribunales no siguen tiempos políticos no suena tan fuerte como los nombres en la inexistente lista de presos políticos de nuestro país.

Joaquín Hernández Galicia (“La Quina”); Jorge Serrano Limón; Florence Cassez y Elba Esther Gordillo tienen más en común de lo que podamos ver a simple vista. Todos ellos (y otros más que integran esa lista que nadie ha visto pero que todos sabemos que existe), comparten historias de persecución y de posterior redención.

La liberación de todos ellos constituye un acto de poder, quizás el primer gran acto de poder de un presidente electo o recién llegado a la Presidencia.

Todavía sin necesidad de un manotazo en la mesa, el presidente entrante hace gala de la magnanimidad que concede el otorgamiento del perdón, las instituciones doblegadas ante la voluntad política tristemente ceden a la voluntad del naciente poder.

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Elba Esther, pactó con el hombre del momento, con quien prometió amnistía a los delincuentes, quien además ha hablado de manera reiterada del perdón y la reconciliación, con quien (ante los ojos de la nueva oposición) redime a los más tóxicos actores políticos (Bejarano, Bartlett, “Napito”, etc.). A través de Rafael Ochoa Guzmán (su brazo derecho y operador político), acordó el apoyo de los maestros federales militantes del SNTE a favor del proyecto político que les prometió echar atrás la reforma educativa que pone fin a la Carrera Magisterial (examen mediante el cual se asignaba un bono), la herencia de plazas e impone la evaluación permanente de los docentes y el concurso mediante examen de puestos directivos en la estructura magisterial.

La Maestra se percibe a sí misma como una guerrera, tan fuerte y estoica como lo era en 1989, cuando traicionó a Carlos Jongitud Barrios y aprovechando el rompimiento de este con Carlos Salinas de Gortari, ella se convierte en la Secretaría General del Sindicato. Nada quedó del romance entre Jongitud Barrios y Elba Esther Gordillo. La sombra de esa tormentosa relación quedó plasmada en la figura de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación), órgano disidente que agrupa a las y los maestros con un añejo sentimiento antisistema.

Desde entonces, la educación en México ha estado secuestrada por los quiebres políticos entre el Sindicato, la Coordinadora y el Gobierno Federal.

Elba Esther Gordillo se convirtió en el peso que inclina la balanza en favor del mejor postor, desde su alianza con Salinas de Gortari, aprendió que de los favores políticos se puede construir un imperio. Y el de ella, se consolidó con rapidez.

Su historia política está llena de encuentros y desencuentros, de amor y desamor. Su salida del Revolucionario Institucional, la creación de Nueva Alianza, el encono de AMLO contra ella y su reciente alianza, no hacen más que reiterar que el peso político de Gordillo Morales supera el de cualquier operador político.

La libertad de la Maestra obliga al reacomodo al interior del Sindicato, de su Sindicato. Ese que acogió Juan Díaz de la Torre con lágrimas en los ojos, porque “si quería, pero no así”, después de que en febrero de 2013 se formalizara la detención de la lideresa del SNTE bajo cargos que hoy, cinco años después, no se le pudieron comprobar.

Esteban Moctezuma, recientemente propuesto por el presidente electo de nuestro país para ocupar la Secretaría de Educación Pública, ha comentado que revisar el tema de la evaluación docente es fundamental al hablar de la reforma educativa. Sin olvidar que en la política, el amor con amor se paga, el próximo gobierno tiene una titánica tarea: cumplir los acuerdos políticos que se hicieron con Elba Esther Gordillo por salvoconducto del yerno y del nieto, cumplirle a los millones de maestros mexicanos que votaron a favor de un gobierno contrario a aquel que propuso o impuso la reforma educativa, y cumplirle a los niños que como Carlos Antonio Santamaría esperan de su país condiciones y oportunidades educativas que les representen esa plataforma para desarrollar todo su potencial.

Elba Esther está libre, tan libre como la cara de la impunidad, el despilfarro, la incapacidad de un sistema para reconocer que ha fallado y tan libre como los miles de niños que sin clases esperan con ansia el fin de los paros de maestros, como el tigre que soltaría López Obrador de consumarse un nuevo fraude electoral.

La apuesta está abierta, por un magisterio unificado, sin Coordinadora, pero sí con SNTE; con reforma educativa, pero sin evaluación, por un gobierno sin PRI, pero con actores de antaño.

La guerrera ganó una batalla, pero no la guerra.

 

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