Después de cinco años de travesía por el espacio, la sonda espacial estadounidense Juno se colocó exitosamente en la órbita de Júpiter para dar inicio a su misión de más de 1,000 millones de dólares en la que durante los próximos 18 meses investigará los orígenes del planeta más grande del sistema solar.

La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés)  anunció que la sonda encendió su motor principal para desacelerar y poder ser capturada por la gravedad del planeta, esto en una operación que requirió de una precisión sobresaliente.

Juno debía estar ubicada en el punto exacto, encender su motor en el momento preciso y mantenerlo funcionando durante 35 minutos… un error hubiera ocasionado que siguiera un trayecto mucho más allá de Júpiter.

Lanzada desde Florida hace casi cinco años, se convirtió así en la segunda sonda espacial que orbita en torno a Júpiter –11 veces más ancho que la Tierra y 300 veces más masivo–, luego de que la nave Galileo pasó ocho años recabando datos sobre la topografía del planeta y sus numerosas lunas.

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Además de la primera sonda preparada para operar dentro de los cinturones de intensa radiación de este planeta y la primera que funciona con energía solar que logra llegar tan lejos.

A diferencia de su antecesora, Juno cuenta con herramientas y tecnología para tratar de determinar lo que se encuentra debajo de las extensas capas de nubes de gases que cubren a Júpiter, así como mapear su campo magnético e investigar su atmósfera en busca de evidencia de un núcleo interno denso.

Entre sus herramientas, Juno lleva consigo un radiómetro de microondas para medir la cantidad de agua en la atmósfera del planeta; un magnetómetro que trazará el detallado mapa tridimensional de su campo magnético, y un sistema de telecomunicaciones para estudiar el campo gravitacional y así entender la estructura interna del planeta, así como un equipo de sensores para analizar las auroras en los polos.

En su misión, que terminará el 20 de febrero de 2018, volará en las órbitas del planeta y buscará agua en la atmósfera de Júpiter, un criterio clave para averiguar a qué distancia del Sol se formó y cuándo.

De acuerdo con los astrónomos, Júpiter pudo haber sido el primer planeta que se formó y tiene las claves para entender los orígenes de nuestro sistema solar, por lo que la información sobre la cantidad de agua que contiene podría confirmar o refutar la posible presencia de un núcleo rocoso, lo que daría pistas sobre cuando se formó Júpiter y la formación de otros planetas.

Así, antes de estrellarse contra Júpiter, la sonda investigará el origen de elementos críticos como helio e hidrógeno, y compuestos como agua y metano, proporcionando información para comprender la formación del sistema solar.

 

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