En Dios creo, pero todos los demás traed datos“. Son las palabras de W. Edward Deming que Michael Bloomberg hizo suyas y que me gusta recordar al comienzo de mis clases sobre “Premium and luxury entrepreneurship” cada semestre en IE Business School.

Comencemos recordando algunos datos sobre la moda y haciéndonos algunas preguntas:

Para producir una camiseta de algodón que podemos comprar a menos de seis euros son necesarios dos mil 700 litros de agua. La investigación de la profesora Pietra Rivoli así lo detalla en su libro “Travels of a T-shirt In a global economy“. ¿Como reconciliar este dato con la proyección de McKinsey sobre los recursos hídricos que anticipa que en el año 2030 necesitaremos 40% más de agua que estará disponible?

Según este mismo estudio, el impacto medioambiental que se genera al producir tal prenda tiene su origen a partes iguales en tres elementos. Por un lado, el daño que proviene de la cadena de suministro (el cultivo intensivo de algodón, los ingredientes químicos para el teñido, las emisiones de CO2 derivadas del transporte…). Otro tercio del impacto negativo lo generan los lavados con el correspondiente consumo de agua, detergentes… El último tercio corresponde a la gestión de la misma una vez que ya no la queremos. Es decir, el deshecho, que incluye también las defectuosas que no llegan al cliente y las que tiramos sin estrenar. Según la Comisión Europea se generan en Europa cada año 5.8 millones de toneladas de deshecho textil y el 75% acabaron en vertederos o incineradoras. ¿Cómo mejorar las ratios de reciclaje para reducir este daño?

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Recordemos otro dato sobre la población mundial que alcanzará los nueve mil millones de personas en el 2050. Reconciliar este crecimiento con el objetivo de desarrollo económico exige una gestión diferente de los recursos. Aldoux Huxley decía que los hechos no dejan de existir simplemente porque son ignorados. Todas las industrias se reinventarán para reutilizar y reciclar.

¿Cómo impulsar este cambio en el sector textil? ¿Cómo cambiar el sistema en la moda?

Por un lado, está la ciencia. La investigación, los datos que nos revelan los problemas y nos aportan soluciones.  William McDonaugh en su libroDe la cuna a la cuna” nos desvela que nuestra economía está basada sobre un sistema lineal de “Tomar-Hacer-Tirar” (Take-Make-Waste) que es insostenible a largo plazo. Aporta como solución el cambio a un sistema circular en el que la materia prima es el deshecho y el deshecho se convierte en materia prima.

Como segundo agente de cambio, recordemos la importancia de la regulación ya sea auto-regulación por parte de la industria o la legislación. En este sentido es destacable la iniciativa nacida en Dinamarca en el contexto de Copenhaguen Fashion Summit para impulsar la economía circular en la moda. “Global Fashion Agenda” invita a empresas grandes y pequeñas a formarse, a definir objetivos ambiciosos y propone un índice para medir el progreso. Están ya involucrados los grandes y los pequeños. Cada uno a su manera. H&M ofrece un incentivo a sus clientes para reciclar en las tiendas, Inditex lo hace en alianza con Caritas y Kering ha desarrollado una iniciativa propia “Clean by Design“. El ejemplo de empresas como Patagonia que ha instalado centros de reparación en sus tiendas o emprendedores como Elvis & Kresse, son fuente de inspiración.

El tercer elemento para cambiar una industria nace del impulso y de la exigencia de los ciudadanos. Estos están hoy más que nunca, empoderados por las redes sociales. Conscientes de los retos de nuestro planeta y del legado para futuras generaciones, exigimos cambios como clientes, como empleados y como inversores.

Cada sector explora como transformarse para hacer un mejor uso de los recursos, para reutilizar y reciclar. La moda no es ajena a este reto. El sector de la moda será sostenible porque será necesario.

 

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