La mano de obra se traslada hacia donde se encuentra el trabajo y no al revés. El talento ha dejado de ser estático y se busca allí donde esté o se traslada buscando nuevas oportunidades.

 

 

 

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La movilidad es el fenómeno que define nuestro tiempo asociado al extenso uso de Internet. Gracias a ello, vivimos, trabajamos y nos relacionamos en tiempo real, sin la necesidad de posponer cualquier actividad. No obstante, existe otro fenómeno relacionado con el movimiento constante, el cual es menos conocido pero no menos importante, la movilidad del talento.

La mano de obra se traslada hacia donde se encuentra el trabajo y no al revés. Las grandes corrientes migratorias, del campo a las ciudades, entre ciudades y entre países, tienen su origen en  la búsqueda de una vida mejor. Actualmente el talento ha dejado de ser estático, se busca allí donde esté o se traslada buscando nuevas oportunidades. Los profesionales cualificados no sólo deben tener conocimientos, experiencia y un amplio abanico de cualidades y habilidades, además, deben estar dispuestos a trabajar en cualquier lugar del planeta.

La palabra “flexibilidad” es un término recurrente en las ofertas laborales. A menudo, el personal directivo entiende este término por la predisposición por parte de sus empleados a moverse dentro de la empresa. Sin embargo, no se da la importancia necesaria al cambio rotundo de vida que acarrea un traslado. Para los profesionales más jóvenes, un traslado no supondrá, por norma general, problema alguno. Según diferentes estudios, un 85% de los estudiantes aceptaría un traslado por motivos laborales. Sin embargo, a medida que aumenta la edad de los empleados, mayores son sus vínculos con la familia y el hogar, y menor será su movilidad laboral.

La realidad se impone y cada vez es menos probable que una persona permanezca a lo largo de su carrera en la misma compañía y en el mismo puesto de trabajo. La movilidad profesional no siempre es voluntaria y puede estar motivada por la escasez de demanda en el lugar de residencia, por una oferta de trabajo más atractiva, porque la empresa en la que se trabajaba ha cerrado o porque pide el traslado de un colaborador a otro emplazamiento. Dejar atrás un entorno conocido, puede afectar mucho la vida privada, pero también abre un mundo de nuevas oportunidades. Además, desde el punto de vista del reclutamiento, la experiencia exterior no sólo demuestra flexibilidad en cuanto a la movilidad profesional, sino apertura a nivel mental.

Cada día son más los jóvenes que a la hora de optar por un puesto laboral eligen aquellos que suponen un desplazamiento. Más allá del trabajo y del salario, buscan experiencias vitales, cambios de vida, el conocimiento de otras culturas y lenguas, iniciando una carrera internacional que habitualmente les lleva a diferentes destinos, construyendo un perfil profesional cada día más solicitado. Los ejes de la economía global están cambiando y cada vez serán más los profesionales que abandonen sus hogares buscando nuevas oportunidades. Poco a poco que se va modelando un perfil, cada día más numeroso, de ejecutivos transnacionales, capaces de desarrollar su actividad en cualquier mercado y, además, de disfrutar haciéndolo.

La movilidad tiene la virtud de acelerar todos los procesos que configuran el perfil humano y profesional. Nos sitúa en una posición de máxima intensidad que facilita nuevas experiencias, el aprendizaje, el desarrollo de nuevas habilidades y capacidades. La curva de expertise se acelera y genera habitualmente unos niveles de satisfacción profesional superiores: no es lo mismo desarrollar mercado en casa, en un entorno familiar, que en un país con una cultura ajena. La dificultad se convierte en un aliciente y añade una experiencia profesional única en el currículum vitae.

Muchos grupos empresariales contemplan esta movilidad como incentivo y ofrecen a sus ejecutivos cada cierto tiempo nuevas posiciones condicionadas a un cambio de emplazamiento. El candidato podrá ampliar su horizonte humano y profesional, ganar experiencia técnica en otro ámbito y desarrollar y demostrar sus habilidades comunicativas al tener que adaptarse a un nuevo equipo y entorno. En estas circunstancias, los candidatos que rechacen la movilidad correrán el riesgo de quedar fuera de futuras promociones al ser considerados poco flexibles y ambiciosos. En conclusión, la movilidad puede suponer renuncias, desafío, sobreesfuerzos… pero enriquece a quienes la practican, es un valor añadido que nos hace más atractivos para el mercado laboral global.

 

 

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