Por Javier Arreola y Gerardo Gordillo*

La movilidad en la CDMX es una de esas agendas permanentes que se han ido engrosando conforme han avanzado las diferentes administraciones. La necesidad de moverse de un punto a otro, la experiencia de los usuarios, los problemas adyacentes como seguridad y conectividad, su integración dentro de la Cuarta Revolución Industrial (4RI), así como las implicaciones ambientales, son solo algunos de los puntos que confirman su naturaleza multidimensional.

Ante ello, aquí se presentan seis pilares que pueden mejorar significativamente la movilidad en la Ciudad de México, para que los usuarios puedan sentir su transformación.

  1. Medir para mejorar el control
  • Es indispensable generar un Observatorio de Movilidad alimentado con información generada en diferentes puntos de la ciudad, en la que participen entidades de gobierno y organizaciones civiles en temas de seguridad vial, emisiones contaminantes, indicadores de transporte público, entre otras.
  • El uso de datos abiertos debe ser una base sólida para la planeación.
  1. El transporte público es insuficiente, tiene problemas de confiabilidad, integración con el sistema y de imagen
  • La seguridad debe ser una prioridad física y patrimonial para todos los involucrados.
  • Hay que apuntalar los esfuerzos hacia un sistema integrado de transporte público
  • Extender la cobertura de sistemas de transporte público de calidad, como alternativa atractiva al automóvil particular.
  • Capacitación continua a operadores de transporte y monitoreo de las políticas que utilizan las empresas concesionarias y mejorar los anuncios de las paradas.
  1. Inadecuada integración metropolitana.
  • Tomar en cuenta a las entidades vecinas y fomentar la participación de las grandes colonias en la planificación.
  • Generar mecanismos de cooperación entre las entidades con una visión metropolitana, especialmente CDMX-Edomex.
  • Atacar y contrarrestar el emplacamiento foráneo con fines de ahorro de impuestos.
  1. Reducir la distancia de los viajes
  • Impulsar programas que favorezcan la vivienda accesible en zonas centrales de la ciudad y que permitan a las personas vivir cerca de sus actividades, sin producir burbujas especulativas. Cuidar el entorno urbano en el proceso.
  • Buscar incentivos —pudiendo ser fiscales o de otro tipo— para que el sector privado facilite y promueva que sus trabajadores vivan cerca de sus lugares de trabajo.
  1. Mantener a la ciudad en la vanguardia de las discusiones sobre nuevas tecnologías de transporte.
  • Priorizar la política pública alrededor de los vehículos eléctricos. Debe incluir aspectos de gobernanza, lineamientos en el uso de espacio público para infraestructura de carga en vía pública, regulaciones de construcción para instalaciones en estacionamientos, así como la integración de vehículos eléctricos en sistemas de transporte público.
  • Desarrollar un marco regulatorio claro que permita la innovación en sistemas de movilidad (por ejemplo, uso de scooters y sistema de bicicletas compartidas), evitando un desbalance contraproducente.
  • Abrir un diálogo sobre la gestión del transporte de carga. Si las tendencias de crecimiento de comercio electrónico continúan, los servicios de reparto de mercancías tomarán un lugar importante en las políticas de gestión de espacio público y movilidad de la ciudad, ya que varias premisas son anacrónicas.
  • Comenzar a definir una visión de ciudad ante la llegada de otras tecnologías disruptivas de movilidad en un plazo más largo (por ejemplo, vehículos autónomos, robots de reparto). Contemplar la caminabilidad como uno de los pilares dentro de dicha visión.
  1. Reducir el valor del automóvil como elemento de estatus social y fomentarlo como un medio de transporte más
  • Impulso de programas educativos en escuelas y de sensibilización a la población en general. Las campañas sobre el uso del tabaco pueden ser un ejemplo analógico. Además, pueden contemplar la cultura vial para eliminar los topes en el mediano plazo, principalmente por razones de eficiencia de circulación y contaminación.
  • Políticas públicas para colocar la gestión de la movilidad como eje fundamental en el cumplimiento de otras metas transversales. Por ejemplo, impulsar la movilidad activa (ciclismo y caminata) para mejorar los indicadores de salud.
  • Verificar el comportamiento del número de motocicletas en la ciudad. Ante un transporte público inadecuado y severos problemas de congestión, intuitivamente se percibe un incremento en su número en la ciudad. Debe tenerse cuidado pues es un modo con importantes riesgos asociados en términos de accidentabilidad, cumplimiento de la legislación vigente —cambiada hace menos de dos años— y sin los adecuados controles de emisiones puede resultar más contaminante que un automóvil. Hay que subrayar el enfoque de salud pública y ambiente.
  • Hacer una evolución de las premisas de diseño de infraestructura vehicular. La multiplicación del número de autos en la ciudad, muy por encima del crecimiento de la población, sugiere que debemos concebir a los vehículos, no como un líquido que busca adaptarse a un contenedor —premisa actual—, sino como un gas que se expande hasta ocupar todo el espacio disponible —premisa más acorde a la realidad—.

*Ingeniero y consultor en movilidad.

 

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