Un día nor­mal en un viaje de Re­beca Gryns­pan empieza con citas muy temprano, quizás un desayuno con algún funciona­rio del país en turno, quizás una entrevista radiofónica. Llega a la cita con Forbes con un saco blanco y una sonrisa abierta. Cuando la charla inicia, arranca diciendo que nunca hubiera imaginado tener una carrera política, ser viceministra y luego ocupar la titularidad de un organismo internacional.

Hace 30 años que esta costarricen­se accedió a ser viceministra de Ha­cienda en la administración de Óscar Arias. Asegura que planeaba decir no al ofrecimiento y luego cambió de opi­nión ante la idea de probar que podía tener una carrera sobresaliente.

“Me alegro de haber dicho que sí. Cuando entré a ser viceministra tenía una niña de tres años y un hijo recién nacido, estaba amamantando, se me hacía imposible que pudiera llevar todo al mismo tiempo. Me alegra haber dicho que sí porque me fortale­ció enormemente, pero me hizo entender que el tema de género no es una cuestión individual; la ver­dad, yo me volví feminista ahí. Yo quería demostrar que podíamos ser supermujeres, que podíamos ha­cerlo todo y ser excelentes madres, excelentes profesionales, excelen­tes hijas y excelentes esposas, y que no teníamos que dejar de lado nada para poder escoger lo que nos entu­siasmaba en la vida”, relata.

Rebeca Grynspan hizo la dife­rencia en un país donde los hogares con jefatura femenina presentan niveles de pobreza mayores que los hogares con jefatura masculina, según el Sistema de Indicadores Estadísticos de Género del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica.

“Me di cuenta de que la sociedad tiene muchas más restricciones para el proyecto de vida de las mujeres que para el proyecto de vida de los hombres. La sociedad no estaba organizada de una manera que me dejara ser viceministra y madre al mismo tiempo.”

Grynspan es recordada entre la sociedad costarricense como una política activa que realizó esfuerzos en materia de combate a la pobreza, que representa una lucha feroz: 36% de las familias y 40% de las personas tienen al menos una necesidad básica no satisfecha.

Estas carencias presentan una gran dispersión geográfica que afecta a 97% de las familias en el distrito de Chángueña de Buenos Aires hasta incidir sólo en 8% de las familias del distrito de Sánchez de Curridabat, que alberga el barrio de Pinares, donde se localizan las residencias de empresarios y ex presidentes.

“La pobreza actual es muy dis­tinta a la de la llamada Costa Rica ‘descalza’ de los años 40 del pasado siglo e incluso a la predominante al momento en que don José Figueres Ferrer proclamó la lucha contra la pobreza extrema. En efecto, se han dado significativos cambios en la composición de los hogares pobres al calor del fenómeno de la transi­ción demográfica, en las caracterís­ticas y la condición de vida de los hogares y de las personas pobres, en el enfoque y la intervención del Estado en la materia”, señala el estudio La estrategia de lucha contra la pobreza en Costa Rica: Institucio­nalidad, financiamiento, políticas, programas, realizado por la Cepal.

 

Política pública para la equidad de género

En opinión de Rebeca Grynspan, la política pública es una de las herramientas más útiles en la construcción de una sociedad más equitativa.

“La sociedad está organizada para que las mujeres sigamos dando el subsidio de criar a la familia. Es muy importante que podamos criar seres humanos sanos, responsables, ciudadanos que conozcan el amor, que conozcan la familia, pero las mujeres necesitamos compartir esa responsabilidad con los hombres y con la sociedad.”

Una mayor infraestructura social para el cuidado de los niños, horarios extendi­dos en las escuelas, métodos de prevención financiera para que la maternidad no implique que las mujeres trabajadoras no cuenten con una pensión digna para el reti­ro son algunas de las medidas que Grynspan considera necesarias para que la política pública apoye el desarrollo integral de las mujeres en la sociedad.

“Debe haber una mayor flexi­bilidad para conciliar la escuela con el trabajo para hombres y mujeres. Las escuelas escandinavas han puesto leyes también para la paternidad. Los hombres también necesitan permiso cuando sean pa­dres para poder estar con los hijos, necesitan creer que habrá cierta flexibilidad para estar en el lugar y contribuir también para esta nueva generación”, señala.

La funcionaria ha impulsado estas medidas desde su propia experiencia. Cuando se desempeñó como viceministra ocupó el cargo durante dos años antes de renunciar.

“Renuncié porque estábamos ne­gociando con el Fondo Monetario Internacional y me llamaron de mi casa: mi hijo se había roto la frente y había que llevarlo al hospital. Yo salí corriendo de esa negociación para llevar a mi hijo al hospital; no sabía qué le había pasado, pero había mucha sangre. En el hospital decidí renunciar. Pensaba que era una vida que no me dejaba tener esa intensidad en el trabajo y niños tan pequeños.”

Rebeca aconseja a las mujeres pensar que la vida no es lineal, pues existen momentos para hacer con­cesiones y momentos para trabajar por las metas personales.

“Además de ser madres, somos personas que queremos tener un proyecto de vida.”

Seis años después, a su regre­so a los cargos políticos públicos, Grynspan fue vicepresidenta de Costa Rica.

“Yo creo que nos vamos fortale­ciendo en el camino porque vamos poniendo más límites a la capa­cidad en nuestro trabajo y dentro del hogar. Con el presidente José María Figueres se empezaban los consejos de gobierno a las siete de la mañana, y yo le dije: yo a esa hora no puedo llegar porque mis hijos se tienen que ir al colegio sabien­do que tienen mamá. Mi primera cita la debía tener después de que dejaba a mis hijos en el bus para ir al colegio. Cuando eres más joven, esas cosas no las puedes hacer, pero te vas también fortaleciendo, es­tableciendo límites, y eso está bien para todo el mundo, también para la sociedad, también los hombres necesitan estar con su familia, no sólo las mujeres.”

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Las cuotas son buena idea

Rebeca Grynspan es una mujer diplomática, es buena negociadora. Su punto de vista sobre las cuo­tas en organizaciones privadas y organismos políticos suele generar ruido entre las mujeres que alegan que estas medidas podrían atentar contra la meritrocracia.

“Yo estoy a favor de las cuotas. Las investigaciones han probado que en los países donde no hay cuo­ta no hay un mínimo de representa­ción política de las mujeres cons­tante y estable a lo largo del tiempo. En Latinoamérica, muchas veces es mayor el número de mujeres en la universidad, entonces ¿por qué no estamos igualmente representadas en el sistema político?”

Para Grynspan, hay una discri­minación en las instituciones. “Es invisible porque no es formal. Nadie dice que las mujeres no pueden estar representadas en el Congre­so, entonces ¿por qué no estamos representadas en una proporción adecuada a nuestra educación? Hay una discriminación invisible. Antes se decía que a las mujeres no les in­teresaba, pero no es cierto; hombres y mujeres, por igual, quieren estar en el espacio público.”

Para la diplomática, las cuo­tas corrigen esa discriminación y establecen por lo menos una masa crítica de representación de la mujer.

Entre 1990 y las elecciones del 2002, las mujeres en Costa Rica pasaron de ocupar 17.8% de las can­didaturas a diputaciones a 50.6%, con un resultado efectivo de 35% de representación femenina en la Asamblea Legislativa.

En ese mismo periodo, las muje­res electas como regidoras pasaron de representar 12.4 a 50.1%, según el séptimo Informe Estado de la Nación.

A la fecha se cuenta con aproxi­madamente 2,000 mujeres ocupan­do alguno de estos cargos en el nivel local, tanto en propiedad como en suplencia, como alcaldesas, regido­ras, concejalas e intendentas.

 

El camino correcto

Luego de asesorar a un país y formar parte de diversos organismos internacionales, Rebeca Grynspan afirma que hay políticas que resultan exitosas para el desarrollo.

“Me gusta mucho lo que México empezó y que después muchos de los países latinoamericanos aprendieron e implementaron: dar el dinero a la mujer en las transferencias condicio­nadas de ingresos. Eso es un elemen­to de empoderamiento y de autono­mía económica muy importante.”

La ejecutiva explica que uno de los principales retos es que se re­conozcan los derechos ante la ley, que las mujeres puedan heredar y tener patrimonio. “En muchos lugares del mundo todavía las mujeres no heredan, una mujer no puede ser propietaria de la tierra, no pueden tener autonomía económica. Corre­gir eso es muy importante.

“Yo no creo que seamos mejo­res, pero lo que sí creo es que la sociedad es mejor cuando somos iguales.”

Entre los costarricenses, el apelli­do Grynspan suena como una opción lógica del Partido Liberación Nacio­nal para encabezar una candidatura presidencial. Para Rebeca, sin embargo, el futuro de su trayectoria no es ocupar la habitación principal en la Casa Presidencial, es ayudar a que la sociedad tenga nociones más equilibradas de cómo avanzar.

“Yo no tengo la aspiración de ser presidenta de Costa Rica. Yo quisiera ayudar a que otros jóvenes lleguen a la presidencia, ayudar a los que vienen. Yo ya estuve ahí, ya tuve esa oportunidad. No es necesario ser presidenta para ha­cer un cambio de fondo en el país. Me encantará apoyar a los nuevos talentos. Creo que la política debe renovarse y tienen que venir nue­vas figuras.”

 

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