En la víspera de Navidad, a las 11:59 del 24 de diciembre, entre copas, comida y regalos ¿A quién le dirás Feliz Navidad? ¿A la persona que esté junta a ti o a tu grupo de amigos del chat?

 

Recuerdo pensar que todo lo ocurrido en Los Supersónicos, caricatura creada en la década de los sesenta, era inalcanzable; la visión futurista de Hanna Barbera me parecía tan irreal como el apellido Sónico. Sin embargo, sus propuestas eran tentadoras y expectantes; mi personaje favorito y deseado para mi futuro: Robotina.

Si bien no vivimos en casas suspendidas en el espacio y nuestro mayor deseo en esta ciudad sería tener autos aéreos, los avances científicos y tecnológicos ocurren a pasos agigantados. Quizá nos quedemos con lo mediáticamente popular y el consumismo que día a día nos ofrece innovaciones. El celular, las pantallas y los videojuegos; quizá unos lentes y otros tantos gadgets que usamos en la vida diaria. Poco vemos los avances en robótica, electrónica, medicina y nanotecnología por citar algunos ejemplos.

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Aunque muchos lo quieran negar, no faltará mucho para que todo nuestro entorno esté mediado totalmente por la tecnología; paulatinamente ésta comienza a cambiar la forma de comunicarnos, de relacionarnos y de vivir. Ya trastoca las tradiciones, la educación y la comunicación y la forma de consumir.

Esta Navidad seguramente habrá un invitado extra en la mesa: el celular. Odiado por los adultos y amado por los jóvenes, este aparato con sus diversas aplicaciones juega un papel fundamental en estas fechas, acercará a los que están lejos y distanciará a los que estén cerca. Frase trillada pero cierta. Será un elemento más en todos los hogares que tengan la suerte de celebrar esta fecha, pero seguramente al menos un miembro de la familia estará compartiendo en tiempo real lo ocurrido en la tradicional cena.

En la víspera de Navidad, a las 11:59 del 24 de diciembre, entre copas, comida y regalos ¿A quién le dirás Feliz Navidad? ¿A la persona que esté junta a ti o a tu grupo de amigos del chat? ¿Con quién conversarás? ¿Con tu familia o comentando acontecimientos de tu timeline de Facebook?, ¿o simplemente conversarás?

Estos ejemplos se quedan cortos para describir la Navidad del futuro. En ésta, quizá las reuniones cada vez sean más pequeñas pero más conectadas. Podrás escoger tu regalo en tiempo real o quizá te llegue a tu teléfono. El árbol de Navidad sea touch y las cartas a Santa Claus se manden a través de una app. El soldadito de plomo será cosa del pasado y todo niño tendrá una tableta en sus manos y juguetes sí, pero altamente tecnificados. La generación Z tomará fuerza y eventualmente conformarán un porcentaje importante de la población y de los hogares, esto sumado a los tan satanizados millennials.

El futuro es una realidad, no es algo que vaya a ocurrir, es algo que evoluciona a diario; la innovación se gesta a día a día. Sin embargo, pese al poder de la tecnología y al papel preponderante que juegan las nuevas generaciones (si nacieron con la tecnología, difícilmente vean el mundo como nosotros), es responsabilidad de los medios, de la sociedad y de cada  familia, conservar la esencia de la Navidad. Sin importar la creencia religiosa, los valores no están trastocados por ningún gadget a menos que así lo decidamos.

Cada vez me convenzo más que el problema no está en la tecnología, sino en el uso que le damos a ésta. Poco reflexionamos de cómo ésta apela continuamente a nuestro sentido común, a la reflexión y a nuestra inteligencia. Parece que la educación debería tener un rol más estratégico.

Los Supersónicos se desarrollan en el año 2062 ¿Cómo celebraremos la Navidad para ese entonces?

 

 

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