Treinta y tres años han pasado desde que el primer ministro Olof Palme fue asesinado en Estocolmo, Suecia, cuando caminaba junto a su esposa después de ver una película. Un sujeto le disparó y abrió una crisis en un país que parecía ajeno a los escándalos.

Como en una novela por entregas, Stieg Larsson, el autor de “Millenium”, investigó el homicidio durante varios años. Acumuló 20 cajas de documentos, escritos y pistas, que ya no procesó porque falleció prematuramente en 2004.

Su colega, Jan Stocklassa se dio a la tarea de continuar con los esfuerzos investigativos y llegó a la conclusión de que a Palme lo mataron por su oposición al Apartheid en Sudáfrica.

La trama incluye a miembros de la ultraderecha sueca y a agentes de Chipre y del propio país africano, en la que se mezclan los reflejos raciales con el tráfico de armas.

Stocklassa acaba de publicar “El Legado”, un libro en el que comparte el crédito con Larsson.

En una entrevista con El Mundo señala: “En las fronteras suecas se empezaron a decomisar envíos de explosivos y armas que iban desde Sudáfrica a otros países como Irán. Eso fue lo que selló su destino. Olof Palme no sólo empezó a poner trabas a ese comercio, sino que quería denunciarlo públicamente”.

Las autoridades suecas, hasta ahora, no han sido capaces de llevar a los responsables a prisión, aunque ya hay más elementos para ser optimistas y entre ellos que el caso se reabrió hace unos tres años.

Después de todo, el asesinato de Palme conmocionó al mundo y le dio un severo golpe a la socialdemocracia y a la idea de que existían lugares ajenos a los extremismos.

Palme, al momento de morir, no contaba con escoltas, porque creía que no eran necesarias, y menos una noche cualquiera y en la propia capital sueca.

Si bien la resolución del caso es un asunto que compete a la policía sueca, el trabajo los periodistas ayudará a desentrañar uno de los grandes misterios y a poner rostros y nombres a quienes decidieron terminar con la vida de Palme, para impedir, inclusive, el avance de la democracia en Sudáfrica.

Hay que tener en cuenta que el Congreso Nacional Africano recibirá de la propia Suecia, el 50% de su financiamiento, en un momento de negociaciones y presiones para terminar con el régimen racista, lo que con el tiempo llevaría al poder a Nelson Mandela en 1994.

Pero “EL Legado” es también la constatación de que, cuando hay interés y constancia, no hay misterio que no pueda ser resuelto y más aún cuando se trata de un magnicidio cometido justamente en 1986, cuando las viejas estructuras europeas empezaban a crujir y ya escuchan los vientos del cambio en la Unión Soviética, con todo lo que ello estaba implicando.

Palme lo sabía y entendía y estaba llamado a forjar uno de los grandes liderazgos de la socialdemocracia y de los esfuerzos por hacer del planeta un lugar más justo.

 

Contacto:

Twitter: @jandradej

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Contraloría social como máquina anticorrupción
Por

Participación ciudadana son también otras manifestaciones como las contralorías sociales, cuyo potencial merece ser anal...