Por: Juan A. Mendoza*

 

Actualmente el acceso a información que permite comprender el origen, causas, consecuencias y velocidad de propagación del coronavirus (COVID-19), ha sido fundamental para que los gobiernos puedan actuar de manera preventiva y limiten su impacto adverso.

El escenario de cuarentena en el que vimos a China y ahora a Europa, Estados Unidos y otros países, será inevitable para México. Si bien se ha escrito sobre la importancia de las medidas de aislamiento social, el propósito de este artículo es brindar un panorama sobre los posibles impactos económicos que conllevará la pandemia en nuestro país.

Una de las razones por las que la tasa de mortalidad debido al COVID-19 se ha incrementado es la saturación de los sistemas de salud en lugares que han presentado tasas de contagio con crecimientos exponenciales. La capacidad del gobierno chino de construir un hospital en tan solo 10 días es una muestra tanto de la necesidad de contar con infraestructura adecuada para poder atender a los pacientes infectados como de que se requiere de gobiernos con la suficiente capacidad de reacción para implementar este tipo de respuesta. Por desgracia, diversos países no cuentan con los suficientes recursos económicos ni de ingeniería civil para llevar a cabo este tipo de obras en periodos cortos. Es por ello, que las estrategias de distanciamiento social se vuelven aún más relevantes para mitigar las pérdidas humanas mediante la limitación de contagio entre la población, particularmente en sistemas de salud endebles.

El distanciamiento social, si bien fundamental, conlleva efectos colaterales negativos como la pérdida de empleos temporales y de ingresos para diversos sectores. Un ejemplo de ello es el sector turístico, el cual tendrá repercusiones negativas debido a la pérdida de viajeros nacionales e internacionales. Cuando viajamos, empleamos un medio de transporte para arribar a nuestro destino, nos hospedamos en algún hotel y consumimos actividades recreativas, así como alimentos. Esta ejemplificación muestra cómo la cadena turística es interdependiente de otros sectores y a su vez genera cientos de empleos directos e indirectos para la economía.

De igual manera, los servicios relacionados con la preparación de alimentos y bebidas (restaurantes), esparcimiento de actividades culturales, deportivas y recreativas, se verán afectados debido a la disminución en las ventas. Para aquellos negocios a los que les sea imposible absorber el impacto negativo, las pérdidas de empleo podrán ser permanentes. Éstas ya se han empezado a observar en Europa y EE.UU; resulta en suma preocupante la situación del segundo, ya que de acuerdo a la calificadora Moody’s  el COVID-19 pone en riesgo el empleo de 80 millones de trabajadores [1] en ese país.

En México, la recuperación del empleo e ingresos de los sectores vulnerables ya mencionados, dependerán de la eficiencia de las acciones que se tomen para recuperar los niveles previos a la pandemia. Por un lado, el aparato gubernamental deberá implementar estrategias de política pública focalizadas a ciertos sectores poblacionales para impulsar la economía interna y deberá también crear un ambiente de credibilidad y confiabilidad para que el turismo internacional se reactive. No obstante, la sociedad civil será un jugador relevante para enfrentar esta emergencia sanitaria. A continuación, enlisto cuatro propuestas:

1. Respetar el aislamiento social si las condiciones laborales lo permiten.  Los casos internacionales, muestran que la población mayor a 60 años cuenta con mayor riesgo de mortalidad: en México contamos con aproximadamente 13.9 millones de adultos mayores, Italia y EE.UU. cuentan con 17.7 y 73.7, respectivamente. Asimismo, las personas con enfermedades crónicas (cáncer, diabetes, enfermedades respiratorias y del corazón) pueden presentar complicaciones de salud si contraen el virus. Por otra parte, al respetar el aislamiento protegeremos indirectamente a nuestro cuerpo médico que será la primera línea de acción en el tratamiento de personas infectadas.

2. Es vital crear conciencia y valorar a la gente empleada en segmentos críticos de los distintos procesos productivos, debido a que la realización de sus tareas permitirá que contemos con servicios básicos, alimentación y el adecuado funcionamiento económico durante el periodo de contingencia. Se debe hacer un especial énfasis en garantizar que sus actividades productivas puedan continuar y que, de ser indispensable que se cancelen, puedan retomarse en el menor tiempo posible.

3. Debemos considerar implementar mecanismos de cooperación dentro de nuestra sociedad para apoyar a los grupos afectados económicamente. Como se ha propuesto en otros países [2], podríamos llevar a cabo lo siguiente: hacer compras en línea de aquellos negocios que hayan transitado a este tipo de opción de servicio debido a las medidas de aislamiento, aumentar la propina que usualmente damos a los repartidores y, para concluir, evitar las compras de pánico y ser solidarios con las personas que no tienen la capacidad adquisitiva para adquirir grandes cantidades de víveres; ser selectivo puede ayudar a que otras personas también tengan la posibilidad de comprar productos.

4. Mantener el buen ánimo: tomar clases mediante dispositivos electrónicos puede ser un sustituto temporal de las actividades recreativas que normalmente llevamos a cabo antes de cuarentena. Debemos mantenernos positivos: hacer ejercicio en casa, establecer rutinas productivas, evitar esparcir rumores que circulan en las redes sociales sin conocer su veracidad y sumar esfuerzos para transitar la contingencia con el menor detrimento posible de nuestra calidad de vida.

Las circunstancias actuales ponen sobre la mesa un número de retos importantes que debemos afrontar como sociedad en el corto plazo. Los efectos negativos en términos económicos sobre el bolsillo de muchas personas serán inevitables, sin embargo, serán menores si la sociedad civil se pone de pie y construye cadenas de ayuda hacía los más vulnerables. Esto es un llamado al México solidario y al México unido, que es, como siempre, el principal motor para enfrentar la complicada situación que se nos avecina.

 

Contacto:

Juan A. Mendoza Perea es Economista por el ITAM y Maestro en Matemáticas Financieras por la Universidad de Chicago. Actualmente se desempeña como estratega de renta fija en el sector financiero mexicano y en el servicio público se desempeñó como asesor del C. Secretario de Hacienda y Crédito Público en México. Así mismo, comenzó su carrera profesional como consultor en De la Calle, Madrazo, Mancera. S.C.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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