Pese a las diferentes posturas encontradas sobre la propuesta de reforma energética, la iniciativa pasará tal cual la presentó el gobierno de Peña Nieto. ¿Cómo lo logrará?

 

 

El contexto en que se discute la reforma energética es complejo, debido a la relevancia de la misma para la legitimidad del presidente Peña Nieto, así como para la viabilidad de diversos programas ya instrumentados, así como para otros que son parte de las promesas de campaña o del Pacto por México. Es por ello que la aprobación de la reforma es casi un hecho, en los términos en que fue presentada, independientemente de lo que los distintos grupos digan o consideren.

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Sin embargo, el camino para llegar a ella es tortuoso, en buena medida porque es un buen pretexto para diversos actores que han planteado demandas en otras dimensiones políticas. Por ejemplo, el PAN busca una reforma política que introduzca temas que han quedado pendientes en anteriores intentos; el PAN y el PRD buscan juntos la creación del Instituto Nacional de Elecciones, mientras que el PRD de manera independiente ha planteado completar la reforma al estatus político del Distrito Federal.

Si a lo anterior añadimos los diversos intereses que distintos grupos en el interior del congreso han buscado, así como las presiones de los gobernadores por incrementar sus presupuestos y reducir los mecanismos de control desde la Federación, entonces tenemos un escenario complicado para el procesamiento de la reforma energética.

Para ello, se han generado distintos mecanismos de presión, como el condicionamiento de los votos del PAN, el retiro del PRD y el PT de los foros de análisis de la reforma, así como la indiferencia de diversos grupos de la iniciativa privada a participar en los mismos. Lo anterior sin contar las marchas, propuestas de consulta, demandas de retiro de la propuesta, etc., realizadas por distintos grupos de todas las vertientes políticas.

A pesar de todo ello, la reforma pasará. Para ello, es muy posible que haya una reforma política que, cómo lo dijo el coordinador de los senadores del PRI, será limitada porque no se pueden incorporar temas que deben discutirse a profundidad. La reforma al DF es más complicada, porque a ella se opondrían no únicamente grupos del PRI sino también del PAN, por lo que no es viable como moneda de cambio para el PRD.

Las propuestas de consulta que se han planteado, se dan en el contexto de la lucha al interior del PRD y entre el PRD y Morena, por mantener el liderazgo de la discusión de la izquierda sobre la reforma energética. Sin embargo, a pesar de que se puedan juntar las firmas requeridas y esté indicado en la Constitución, es muy posible que no sea viable por la ausencia de una ley secundaria que indique la forma en que un procedimiento de este tipo debe llevarse a cabo.

Es muy probable que la reforma pase como está porque modificarla hacia la posición del PAN implicaría un rompimiento mayor con grupos al interior del PRI que no estarían dispuestos a ceder no únicamente ante el PAN, sino porque son cercanos a la idea de no abrir la industria a capital privado. Acercarse más hacia el PRD de lo que la iniciativa ya lo hizo, la haría no únicamente inviable para el PAN, sino para los grupos de la iniciativa privada que han apoyado la reforma, a pesar de los límites que presenta en términos de su viabilidad financiera.

En ese sentido, a pesar de las dificultades que la reforma enfrenta, es muy probable que antes de diciembre se haya consolidado en ambas cámaras una posición a favor de la misma, que le permita transitar. El problema será ver cómo se implementa y si es suficiente para atraer la inversión esperada.

 

 

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