Gobernar y dar buenos resultados es una tarea compleja, que requiere además de liderazgo y apoyo social, la capacidad para dirigir un aparato gubernamental de manera eficiente, visión, integridad y calidad en la toma de decisiones.

Por sus funciones y responsabilidades, más allá de verborrea, demagogia y popularidad, un buen gobernante es (debería ser) una mezcla de administrador, emprendedor, innovador y diplomático.

Los malos gobiernos y sus vicios son tradicionales en México; corrupción, mentiras, montajes, complots, nepotismo, compadrazgo, degradación moral; francachela, complicidad de los medios, poco progreso; pésimos resultados y el mayor desinterés por la agenda social, han predominado casi permanentemente.

Excusas, pretextos y una grave falta de respeto a la inteligencia de la población se conjugan con un bajo nivel educativo promedio, una masa mayoritaria dependiente y clientelar; un voto emocional y basado en la necesidad; para integrar una clase política a la que la opinión pública y la ley no les importa. 

Acontecimientos recientes demuestran que a la sociedad se le puede mentir, a pesar de las contradicciones, las mentiras y las víctimas, prevalece una doble moral y no existe representación política, actores, medios, analistas ni organizaciones capaces de exigir buenas cuentas.

La política de la mediocridad se sostiene con un discurso devastador de la actitud crítica y racional, así no pueden desarrollarse las fuerzas generadoras de un México mejor, más democrático y/o progresista. 

La sociedad no puede tolerar que se le siga tratando como a un infante enfermo, sumiso, incapaz y que se conforma con migajas. El pasado ya se acabó, se fue; seguir lucrando con él solo genera más resentimientos, divisiones; mientras que los problemas del aquí y ahora, siguen creciendo.  

El discurso del gobierno ha demostrado ser especialista en minar la capacidad de cambio en la sociedad, la gente vive en un estado de indefensión que se mueve entre la necesidad inmediata y concede su silencio y pasividad; resignado a ser víctima. 

No importan los números, las estadísticas, siempre habrá otros datos o la forma de ocultar las cifras reales; muy pocos tienen acceso a evaluar y las organizaciones ciudadanas pueden ser compradas o manipuladas. 

Se explotan los mitos de siempre: los pobres y los mansos reclamaran el reino; mientras que los ricos y los críticos se quedarán fuera; las fuerzas del mal son los adversarios; pero incluso a ellos les conviene que el pueblo se quede quieto, agachado, sometido. 

La compra de la resignación resulta barata, a cambio de tarjetas y promesas; la gente se llena de esperanza; siempre habrá brujos y brujas a quienes quemar en la plaza pública que satisfagan la sed de justicia y ante la delincuencia imparable y creciente es mejor aguantarse. 

Gobiernos mediocres hacen la vida cotidiana más difícil para los ciudadanos; sin embargo; ganan al mantenerlos ocupados, buscando la forma de mejorar sin contar con la autoridad, con instituciones defectuosas, malos servicios y totalmente desinteresados en la política.

Las redes sociales se usan para difundir información, chismes, situaciones chuscas, rumores y “estadísticas” que distorsionan los hechos reales, pero sirven para darle a la sociedad un sentido de participación, banalizar la actitud crítica y distraer su atención. 

Sin contrapesos, el discurso de la política mediocre disfraza sus realidades: ofrece austeridad anticipándose a la recesión; apuntalado en promesas ofrece escasos resultados; pero buena voluntad; sensibilidad a cambio de eficacia; en efecto, salario mediocre para un resultado mediocre.

Nadie quiere revivir el pasado, ni mucho menos defender a los corruptos; no se trata de eso, la sociedad tiene el derecho de exigir resultados y de generar un ya basta; vámonos respetando.

Existe un México al que no se le engaña tan fácilmente, que no se rinde, que cree en la fuerza, la energía social y en la voluntad de cambio para salir adelante.

Es ese el espíritu que no puede resignarse, la actitud revolucionaria presente en las personas que todos los días salen a dar lo mejor; que dicen si puedo, libres, emprendedores, globales, mexicanas y mexicanos ejemplares cuyas neuronas y voluntades no se venden, conforman ni se doblan. 

Justificaciones y pretextos hay miles, esos no cuentan, hacen bulto, pero no solucionan nada. No es de levantarse temprano, sino de usar el tiempo eficientemente; mucho ruido y pocas nueces, lento aprendizaje y el eterno papel de víctima cansan a la audiencia. 

La paciencia se le agota a un México que otra vez tendrá que salir adelante a pesar de la mediocridad de sus políticos.

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El autor es CEO de Capitol Consulting & Communication. Experto en comunicación estratégica. Consultor y académico internacional. Asesor de empresas y gobierno.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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