Por Adolfo Laborde*

China es prioridad para México, así lo demostró la visita de trabajo de la delegación mexicana después del G20. El relanzamiento de la relación estratégica con ese país es parte de la nueva narrativa cuando hablamos de diversificación; sin embargo, además de los discursos y las buenas intenciones, esto debería de ir acompañado de políticas públicas paralelas que refuercen e impulsen estos eslóganes que hemos venido escuchando desde el año de 2013, cuando el gobierno anterior relanzó dicha relación estratégica.

Se habla de impulsar el intercambio comercial y promover el turismo entre los dos países, pero poco se hace para ello. Sin entrar en detalle en la parte comercial, pienso que con hacer más flexibles los protocolos sanitarios de los productos mexicanos por parte del gobierno chino, nuestro gobierno podría poner sobre la mesa el tema de la agilización de los visados entre ambos países en una primera fase, tal y como en su momento se planteó la creación de una visa regional que aglutinara los principales países de Asia, a fin de incrementar los flujos entre ambas regiones. Mientras que, en una segunda fase, se podría plantear la eventual eliminación de dicho proceso.

Sé que existen candados por parte de las autoridades migratorias mexicanas por la experiencia del pasado, los cuales señalan que algunos ciudadanos chinos han usado México como un trampolín para llegar a Estados Unidos, empero a ello, debemos de transitar a un modelo de cooperación migratoria a la altura de la relación estratégica de la cual se habla tanto. Se podría, por ejemplo, retomar lo que se hizo con la República de Corea, cuando se firmaron diversos acuerdos de inversión, contemplando como parte estrategia la generación de visas específicas de trabajo/inversionista, en el marco de la reforma de la Ley de Migración (2011).

Avanzar en protocolos migratorios más sofisticados para evitar que México se convierta en un país trampolín para los ciudadanos chinos. Con tal agilización, además de promover el intercambio de las delegaciones comerciales, se podría avanzar en la promoción turística facilitando las visas a chinos que deseen viajar a México.

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La relación bilateral estratégica tendrá que transitar de un mundo idílico a uno real, a través de los cambios sustanciales en materia de la política migratoria y comercial. De no darse esto, seguiremos hablando desde una perspectiva romántica de lo que queremos y no de una política pública seria que ayude a cumplir los intereses nacionales asociados con la diversificación real de las relaciones exteriores de México.

En caso de darse este cambio, se tendrá que idear una política específica para promover los negocios, las visitas comerciales a través de ferias de las industrias que deseemos impulsar y, sobre todo, una política de promoción. Paralelamente a esto, se tendrá que avanzar en la adaptación de la infraestructura turística del país para atender al mercado chino.

Además de los anuncios turísticos en inglés, se tendrá que agregar la versión en chino de estos, así como tratar de cubrir las expectativas culinarias a través de la adaptación de los servicios hoteleros y de restaurantes en sus servicios. Un ejemplo sería incluir además de los menús locales, una versión china para cubrir las necesidades del turista chino que difícilmente se aventura a dejar a un lado sus gustos culinarios. El ofrecimiento de palillos chinos desde mi punto de vista no sería un exceso, sino un gesto positivo de prestación de servicios.

Hay mucho que hacer para logar que la reciente anunciada asociación estratégica se consolide; un buen comienzo podría ser la parte del visado y la adaptación de la oferta turística mexicana. Si no lo hacemos nosotros, alguien más lo hará o en el peor de los casos, ya lo está haciendo.

*Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

 

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