El proceso electoral del pasado 5 de julio estuvo lleno de claroscuros, todos los partidos ganaron algo pero nuestra cultura democrática perdió mucho.

 

Finalmente, México ha pasado su primera prueba electoral de este sexenio, como se dice en los chistes, hay buenas y malas noticias.

Las buenas noticias son pocas, el gobierno en turno hizo todo lo que pudo para no meter las manos, cerró las ventanillas de los programas sociales en los estados donde hubo elecciones, controló y cortó el dinero de los presupuestos para dejar solos a los operadores y políticos, que corrieron por la libre. En pocas palabras, no soltó dinero y probó el estado del sistema electoral en su cruda realidad. Fue una votación cruda y real, todos los partidos se probaron, ya que todos, en alguna parte del país eran autoridades y, en otras, oposición.

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Las malas noticias son muchas, hubo violencia, atentados, candidatos secuestrados y fallecidos, todos los partidos hicieron de las suyas, guerra sucia, campañas negras, desprestigio al por mayor, mentiras, mala información y, el día de la elección, robo de urnas, incendios, rellenado de votos, etc., etc., etc. Nada nuevo en el horizonte.

El resultado final, todos los partidos ganaron algo y todos perdieron algo; el PRI ganó en varios estados alcaldías y congresos, demostró que hoy vuelve a estar fuerte; el PAN se dio cuenta que solo gana muy poco y el PRD igual, los dos partidos están destrozados internamente.  El problema real es que el desgaste que el PAN tuvo como gobierno y que, en esa ilógica carrera de desgaste para la presidencia entre Calderón y AMLO, se acabaron a los militantes para, después, a los pocos que les quedaron, volverlos locos con una alianza un tanto irracional que como resultado no ha generado ningún buen gobierno. Por su parte, el PT y el PANAL, calladitos se consolidaron en algunas plazas, convirtiéndose en segundas fuerzas políticas.

Para bien o para mal, esta elección está sirviendo para hacer un balance del estado de nuestra democracia, lo que nos deja ver que nuestro sistema electoral está hecho pedazos, es obsoleto y está infiltrado por las estructuras estatales, los políticos, los partidos y, desafortunadamente, hasta por la delincuencia. Es un sistema electoral que ha sido coptado por tres factores indeseables: el dinero, la corrupción y los políticos.

Este problema no sólo se resuelve con otra reforma electoral más, como las que se han llevado a cabo después de las elecciones de la alternancia. Hoy, es necesario hacer un rediseño total del sistema electoral, de las instituciones y, sí, de algunas de las leyes.

Es necesario crear un IFE nacional, desaparecer los Institutos estatales y, lo más importante, ciudadanizarlo. Es imperativo regresarlo a manos ciudadanas. También, bajo una nueva lógica democrática, hay que hacer más cortas las campañas, y todo esto en un contexto de confianza y madurez.

Si los políticos siguen pensando que los ciudadanos son tontos y que necesitamos mucho tiempo para que conozcan a los candidatos en campaña, seguiremos teniendo un sistema de elecciones corrupto y vulnerable. ¿O qué, hoy la lógica de los partidos no es colocar al candidato más conocido y aceptado por la población, y lo hacen con base en encuestas? ¿Por qué, entonces, queremos campañas tan largas? ¿O qué no deberíamos pensar que los candidatos se deben de ganar a los electores por sus obras de gobierno y, si son ciudadanos, por alguna obra buena con la sociedad? Creo que es tiempo de que nuestro sistema corte el cordón umbilical del paternalismo político y que con esto nuestro sistema de partidos y electoral crezca ya de manera definitiva.

Los partidos también deben revisar sus estructuras, sus ideales y sus propuestas. Hoy, su relación con la sociedad no tiene un gran fundamento y los ciudadanos no los entienden como el bien público que menciona la Constitución. Desde sus bases están muy alejados de los ciudadanos y, en cambio, a través del famoso pacto, por primera vez se ha visto que algo están moviendo en beneficio del país. Esa lógica ha sido la que ha generado, también, una dicotomía en su actuar ante la sociedad. Por una parte, ganan elecciones y, por otra, pegan de gritos haciendo culpables al gobierno en el poder, cuando ellos hicieron lo mismo en alguna parte del país y en los pasados 12 años.

Es hora ya que, ante el Pacto por México, la sociedad civil presente una iniciativa para el rediseño del sistema electoral, pero fuera de las manos de los partidos políticos, que ni siquiera son capaces, siquiera, de elegir a un consejero electoral. Debería el Presidente Peña Nieto llamar a la sociedad civil a presentar propuestas al respecto. Este asunto es de la importancia de la reforma energética y hacendaria.

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