En el marco de la Guerra Fría, el descubrimiento que el avión U2 hizo de la base militar soviética instalada en Cuba que contaba con la capacidad de construcción de un misil balístico de alcance medio (MRBM, Medium Range Ballistic Missile por sus siglas en inglés), detonó uno de los acontecimientos más álgidos protagonizados por John F. Kennedy y Nikita Kruschev. En aquel entonces, un misil balístico de alcance medio tenía un rango de alcance de entre 1,000 y 3,000 kilómetros, lo que a todas luces constituía una amenaza intracontinental y generó no sólo el despliegue de medidas armamentistas para prevenir un ataque, se activó además el sistema internacional para geopolíticamente, dotar a América Latina de los instrumentos que le permitieran no quedarse al margen del desarrollo de la tecnología nuclear con fines pacíficos ni de la posibilidad de poder aplicar esa tecnología en favor de su propio desarrollo económico.

Así es como cinco años más tarde, en 1967 se delineó el Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina, o Tratado de Tlatelolco (en honor a la sede que albergó los trabajos para la firma del instrumento) y su entrada en vigor sentó el precedente para la definición de los límites geográficos de una zona libre de armas nucleares y acerca del estudio de verificación, inspección y control de armas nucleares en la región.

Hoy, 50 años después de la firma del Tratado de Tlatelolco, México se convierte en el cuarto país en ratificar el texto del Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares adoptado en la sede de la Organización de las Naciones Unidad el pasado 7 de julio. Además de México, han ratificado este Tratado Guyana, Tailandia y Ciudad del Vaticano, lo cual por supuesto sorprende si tomamos en cuenta los grandes cuestionamientos que la comunidad internacional hace a Corea del Norte por las constantes pruebas de armas nucleares.

Justamente, el mismo día que el Senado mexicano ha ratificado el Tratado, Corea del Norte realizó un nuevo ejercicio nuclear después de casi 70 días en los que no se había registrado actividad militar en las costas de esa región.

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Cabe destacar que a pesar de que las constantes pruebas y ensayos nucleares han generado una tensión militar y diplomática mayor a la que hubo entre Estados Unidos y Corea en el periodo de 1950 a 1953 en el marco de la Guerra de Corea; el presidente Donald Trump se ha pronunciado en contra de la firma del Tratado y tanto EU como China, Rusia, Francia  y Reino Unido (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas) no han ratificado el Tratado, mismo que no puede entrar en vigor hasta que haya sido ratificado por al menos 50 de naciones.

Corea del Norte tampoco se ha pronunciado a favor de la firma del Tratado y la tensión que crece entre ese país y los Estados Unidos pues con el lanzamiento de este misil (del cual no se tienen aún precisiones técnicas) ya se tiene cuenta de al menos veinte ejercicios nucleares comandados por el presidente norcoreano Kim Jong-eun.

Ante la creciente amenaza global que ya representa Corea del Norte, los ejércitos de Japón, Corea del Sur y Estados Unidos preparan ya una estrategia conjunta que derive en la defensa y contención de un posible ataque a los territorios continentales de alguna de esas naciones y que pudiera derivar en el mayor desastre humanitario, ambiental y bélico de la historia de la humanidad.

Hoy sabemos que la capacidad de destrucción de un misil nuclear supera por mucho a aquellos MRBM fotografiados por las cámaras espías del U2 en territorio cubano y sabemos que las amenazas geopolíticas se acentúan con las células operativas que tienen diversos movimientos radicales en Asía y el Medio Oriente. Sin embargo, los avances en materia de proscripción de armas nucleares aún distan mucho de ser efectivos en el contexto global.

Gran acierto es la ratificación que ha hecho México de un instrumento que busca comprometer a las naciones firmantes a no desarrollar, adquirir, almacenar, usar o amenazar con armas nucleares u otros dispositivos explosivos atómicos; pues es un acto de congruencia y apego a los principios básicos de nuestra política exterior. Principios como la no intervención y el respeto al derecho de los pueblos a la autodeterminación han sido guías para los hacedores de nuestra política exterior.

Es tarea ahora de la comunidad internacional responder favorablemente a la propuesta un instrumento que, si bien no puede garantizar la eliminación de los ensayos nucleares, si puede delinear el marco normativo que permita, de manera eficiente, regular la utilización de energía nuclear a fin de permitir el desarrollo tecnológico y a la vez disminuir la amenaza que conlleva para la subsistencia de la humanidad, el desarrollo permanente de ensayos nucleares.

 

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