La semana pasada apareció un anuncio de Pepsi que simultáneamente con su lanzamiento provocó una reacción en cadena cargada de memes y críticas que tuvieron como consecuencia que antes de que cumpliera medio día, 12 horas, fuera retirado de redes incluyendo un mensaje de disculpa.

El affaire del anuncio de ‘protesta’ me parece que tiene más profundidad que la mera señalización del mal gusto, pues obviamente es una “excelente idea” a los ojos de quien la realizó y que siento refleja en su totalidad el espíritu de la era millenial en donde la realidad es ajustada a los ojos de una generación que basa su relación con el mundo a través de la forma, no del fondo, con una carga innumerable de prejuicios estéticos y fórmulas de lenguaje simples y sencillas que satisfacen la creación de modelos de conducta basados únicamente en la apariencia, transfigurando la esencia de las acciones, modificándolas en tanto sean satisfactorias para establecer una conexión emocional que tiene su éxito en la superficialidad. Sin esencia, sin profundidad, sólo la carcasa da sentido a un juicio, por lo tanto, superfluo que interpreta la realidad de una forma totalmente distorsionada, pero que así, con las modificaciones esenciales de fondo e intención, ocurre en las mentes de una nueva generación que, en la producción constante de fantasías proyectadas en la red, ha perdido la noción de la sustancia de la realidad tal cual. Ha perdido la capacidad de conexión de los puntos que crean una reflexión sesuda.

En este sentido creo que el escape fantástico del que somos testigos en este anuncio, se da cuando la auténtica tiranía de la realidad es avasalladora, esto es, cuando la relación entre lo que el sujeto se imagina es su vida, su entorno, su circunstancia no tiene nada que ver con lo que es en realidad, y, o cuando el esfuerzo cotidiano por imaginar quien no eres, pero buscas ser -lo que alguna vez se llamó superación- se da únicamente en el plano de la imagen, no de la acción.

Si bien la red es el instrumento más efectivo que tenemos hoy en día en el ejercicio del intercambio de ideas de manera horizontal, es decir, eliminando las barreras de las diferencias conceptuales que provocan sentimientos de superioridad o de sometimiento, también es cierto que es un espejo altamente eficiente de las carencias de nuestra sociedad y momento cultural. Si bien es un arma que expone clara y crudamente la naturaleza humana, puede ocultar la auténtica identidad de las personas creando avatares que se balancean peligrosamente en la frontera entre la fantasía y la neurosis, o darle voz a máquinas que interactúan con nuestra percepción emitiendo aparentes opiniones o puntos de vista con la intención de influir en nuestra ideología. El anuncio Pepsi es la equivocada -pero por lo visto aceptada por algunos sectores sociales-percepción de los movimientos sociales devenidos en desfiles fashion, liderados por los falsos héroes de nuestra era, personas superficiales protagonistas de reality shows que sin aportar un solo argumento que respalde su celebridad -cantar, bailar, escribir, convencer de una nueva idea, esculpir, pintar, conmover, emocionar- basan su influencia en precisamente la superficialidad que proyectan y que no resiste análisis alguno, convirtiéndolos en inmediatos éxitos de percepción: lo que ves, es. La síntesis de la irreflexión contemporánea.

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La trivialización de la tensión autoridad/sociedad en un momento histórico en donde los enfrentamientos reales se dan todos los días en defensa de derechos fundamentales como los de la igualdad de género, quedan alterados en una escena en donde la percepción de directores, productores, creativos, actores, extras, y un ejército de millenials imaginaron el inicio de una nueva fabulosa y fashion era de conciliación y armonía. De todos los memes y mensajes de crítica al anuncio, me parece que el mejor es uno en donde el director del anuncio recibe en el set una llamada de su hermana justo antes de comenzar a rodar, llamada en la que le platica emocionado -siempre en el lenguaje y tono cuidadoso dela fashionista millenial- la idea a su hermana y vemos como su semblante va cambiando dejando a nuestra imaginación los argumentos por los cuales la hermana -del otro lado de la línea que no escuchamos- le hace ver lo ridículo del concepto en general, dejando un rostro de desconsuelo y un poco de vergüenza en el director.

Y es que al ver el anuncio, es imposible no tener el referente directo a las imágenes de la primavera árabe, primer gran momento de los movimientos sociales alrededor de la tecnología web que conmovieron a Egipto, Siria -con las dramáticas consecuencias que hemos vivido hasta el día de hoy con una cruel guerra civil que ha generado el éxodo más grande de refugiados desde la segunda guerra mundial-, Libia -con la brutal y cruel caída y asesinato de Muammar  Gaddafi- y el surgimiento de ISIS -y el incremento de los ataques terroristas más mediáticos a Francia e Inglaterra-; la referencia al movimiento social y plantón que orilló al cuestionamiento general del sistema democrático y de partidos en España; a la difusión constante de abusos raciales por parte de la autoridad y establishment norteamericano que dio origen a ‘black lives matter’; a las protestas en calles norteamericanas por parte de comunidades de inmigrantes que ven amenazado su porvenir y la seguridad de sus familias; a los plantones en aeropuertos defendiendo el derecho de ingreso a Estados Unidos de viajeros de países árabes racial e injustamente impedidos de su derecho de tránsito; a imágenes de las marchas en defensa de las memorias de asesinados y desaparecidos en las injustas guerras de nuestro moderno tiempo; a los momentos tensos de los que se han construido marchas en favor de los derechos LGBT, de los derechos por la decisión propia de la mujer sobre su cuerpo, de la exigencia de la igualdad de género.

El anuncio de Pepsi, así, más que un desafortunado gag creativo, y como reflejo del pensamiento de una generación sin guía moral o ética más allá de las necesidades inmediatas de satisfacción estética, debe ser una llamada de atención y cuestionamiento sobre las razones que han creado un fenómeno tan inconexo con la realidad y advertir sobre la precaución que debemos incrementar con respecto a mensajes así, ya que dejar pasar estos mensajes, como meras puntadas, corre el riesgo de que la historia, al ser reinterpretada por los mismos principios creativos y conceptuales del anuncio, termine por eliminar los momentos dramáticos y rudos que han sido los auténticamente transformadores de nuestra historia reciente.

Y todo podría terminar en un reality show en donde el vocero de la Casa Blanca disculpa a Hitler por su no uso de armas químicas ‘contra su gente’.

 

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