En mayo de este año, Apple, la compañía más valiosa del mundo, anunció la recompra de acciones más grande de la historia: 100,000 millones de dólares (mdd), un monto superior al valor de capitalización de cualquier empresa que cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores. Según estimados de Goldman Sachs, tan sólo en 2018 la inversión autorizada por consejos de administración para recomprar acciones ascenderá a 1 billón de dólares. Pero ¿qué son las recompras de acciones y cuáles son sus implicaciones?

La recompra de acciones es un mecanismo que utilizan las empresas para compensar a los accionistas; son una especie de dividendo. Cuando las empresas recompran acciones, reducen el número total de acciones en circulación para aumentar la proporción de utilidades que le toca a cada acción; en otras palabras, es como una enorme pizza que se empieza a dividir entre menos personas.

Ahora bien, lo más importante de este asunto es: ¿Por qué hay empresas que prefieren recomprar acciones que pagar dividendos? Antes que nada, las recompras son más flexibles que los dividendos en cuanto al pago de impuestos para los accionistas y el manejo de flujo para la empresa. No obstante, los dividendos tienen la ventaja de tener un rendimiento garantizado. Recordemos que el hecho de que las recompras impulsen el precio de una acción no garantiza que este valor se mantenga en el mercado. Aunque el volumen de demanda generado puede aumentar el precio de la acción, las recompras de acciones no incrementan por sí solas el valor intrínseco de una empresa; más bien lo concentran en menos inversionistas.

Por lo tanto, para determinar si las recompras son positivas o negativas para todas las partes involucradas, se necesita reconocer las razones por las que éstas se llevan a cabo, así como identificar las consecuencias para los inversionistas y la empresa: sólo así se puede determinar su utilidad para generar valor.

Las implicaciones para los inversionistas y la empresa están estrechamente relacionadas entre ellas y con el concepto del costo del capital, que es el costo para la empresa de obtener financiamiento, ya sea gracias a fuentes internas o externas. No olvidemos que los inversionistas son, por definición, los dueños de la empresa; por lo tanto, una empresa tiene (o debería tener) como uno de sus principales objetivos generar el mayor rendimiento posible para sus inversionistas.

Por otro lado, la decisión sobre qué hacer con el dinero de la empresa está ligada a la capacidad de reinversión y retorno que la empresa le puede dar a su excedente de efectivo; es decir: ¿Puede una empresa invertir el dinero a una tasa superior a su costo de capital (el retorno mínimo que exigen sus inversionistas)? Si no puede hacer esta inversión, lo lógico, lo eficiente, es regresar ese exceso de dinero a sus inversionistas. Esta situación se da en muchas de las empresas más exitosas del mundo.

En 2012, Apple tenía acumulado alrededor de 120,000 mdd en su caja, que prácticamente no generaban intereses. En situaciones como ésta, las recompras representan una mejor alternativa, ya que agregan un mayor valor; claro, siempre y cuando las acciones se puedan comprar con un “descuento” razonable de su valor intrínseco. El mejor ejemplo de esta práctica son las estrategias financieras de Warren Buffet, quien, durante años, ha recomprado las acciones de su empresa, Berkshire Hathaway, en el momento en que éstas llegan a cotizar por debajo de 1.2x de su valor en libros, un nivel de descuento suficiente según su análisis.

Por la significativa recompra de Apple, las recompras de acciones seguirán siendo un interesantísimo tema de de-bate. Y no es casualidad. Basta decir que, durante los años 80, las empresas destinaban, en promedio, 4% de sus utilidades a recomprar acciones, mientras que, en 2018, en Estados Unidos esta cifra rebasará el 50%, monto que será superior al paquete de estímulo aprobado por el Congreso de Estados Unidos en el pico de la Gran Recesión que comenzó en 2008, para comprar activos riesgosos de la banca.

 

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