Una parte de las inversiones que podría traer la reforma energética serían para nuevos hoteles, oficinas, naves industriales, comercios y hasta residencias. Algunos proyectos ya comenzaron en las ciudades del Golfo de México, pero también en la Ciudad de México y Monterrey se comienzan a extender planos.

 

Por Claudia Olguín

 

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En distintos corredo­res de Campeche, Vi­llahermosa, Veracruz y otros puntos de la cuenca del Golfo de México, las actividades inmobilia­rias muestran un dinamismo inusitado, con nuevos proyectos y aumento en los precios. Como es de suponer, los desa­rrolladores, inversionistas y propietarios de tierra, están de plácemes debido a la demanda que desde ahora ya genera el sector ener­gético, gracias a la apertura a la inversión privada.

En Tabasco se ejercen in­versiones por 15,000 millones de pesos (mdp) para edificar torres de oficinas y complejos residenciales de lujo, como el proyecto Altozano que ya está en etapa avanzada ante la expectativa por el arribo de inversión pública y privada.

Pero no es la única apuesta. “A diferencia de quienes ven expectativas, nosotros estamos en el punto de acción. De los tres desarrollos que anunciamos en los últimos días, dos están en Campeche y otro en Coatza­coalcos, donde vemos mucho potencial con la reforma, porque la oferta hotelera es insuficien­te y no hay propiedades para comprar con las características que nos requieren las mar­cas globales”, asegura Lizette Chang, encargada de Relación con Inversionistas de Fibra Inn.

En los planes está la eva­luación de más opciones en la región, dice Chang, quien añade que una de las zonas de mayor interés es la costa del Golfo de México.

“Aunque es muy temprano, un efecto de la reforma energética es la demanda de metros cuadrados (m2) de firmas vincula­das al sector”, dice Pablo Yrizar, vicepresi­dente ejecutivo de la firma inmobiliaria CB Richard Ellis (CBRE).

Pero los planes en bienes raíces con aroma a petróleo no solo están ciudades costeras. Los requerimientos en la Ciudad de México de empresas que pertenecen al sector energético era de 2.4% hasta hace dos años; según previsiones de CBRE, hoy la demanda de oficinas subió 12%.

Para The Oil & Energy Group, una empresa de CBRE que da seguimiento al comportamiento de las empresas de ener­gía en los principales hubs petroleros del mundo, las ciudades que reciben flujos de inversiones ligadas a la energía experi­mentan un cambio en su dinámica.

La actividad no sólo se reflejará en la edificación de oficinas de nueva gene­ración, anticipa Yrizar; también habrá despachos de abogados y firmas conta­bles que buscarán oficinas cerca de la Torre de Pemex o de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Previsiones de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI) señalan que la reforma en el mercado de la Ciudad de México generará una demanda de 150,000 m2, equivalente a la ocupación neta anual de oficinas a+ y a durante los últimos cinco años.

Hace 14 años, había únicamente dos millones de m2 de espacio dedicado a este uso en la Ciudad de México; para 2011 se había duplicado y se estima que para 2018 los nuevos espa­cios corporativos crezcan a 6.8 millones de m2.

No está claro por ahora cuánto de esa oferta será absor­bida por compañías del sector energético. Pero los expertos anticipan que habrá un impacto en los segmentos inmobiliarios de uso industrial, hotelero, comercial y residencial.

MRP ha invertido 52,000 mdp en los últimos diez años en centros comerciales y de­sarrollos de uso mixto.

Actualmente, ejecuta 5,000 mdp en nuevos proyectos y 13,000 mdp a través de iCua­drada, un fondo de inversión en infraestructura que en sep­tiembre creó Sierra Oil & Gas para participar en licitación de yacimientos petroleros, espe­cialmente en campos maduros.

 

El ciclo de la historia

El impacto del sector energé­tico en la demanda inmobi­liaria ha sido relevante a lo largo del tiempo.

Houston, una de las cinco ciudades texanas de mayor crecimiento en Estados Uni­dos entre 2011 y 2012, se transformó luego del boom del gas y petróleo que convirtió a la metrópoli en un gigante económico.

El mercado se dinamizó a tal grado que hace dos años, tras el anuncio de Exxon de construir un corporativo en la zona, motivó un desarrollo importante de proyectos residenciales modifican­do los precios al pasar de 260,000 a 355,000 dólares.

 

El mercado

La hotelería es de las industrias que se beneficiarán con las nuevas inversiones en energía, dice Guillermo Bravo, director de Desarrollo y Relación con Inversionistas de Fibra Hotel.

El directivo agrega que la expectativa energética provocó que Fibra Hotel com­prara hoteles en Jalapa, Ciudad del Carmen y Villahermosa. “Esa región tiene tal de­manda que hace a los viajeros de negocios tomar segundas alternativas de hospedaje, debido a la falta de oferta”, afirma.

Se espera que una parte de los más de 50,000 millones de dólares (mdd) que podría traer la reforma como inver­sión petrolera, sea captada por el sector inmobiliario de estados como Campeche, Villahermosa y Veracruz, para ampliar su oferta hotelera.

El reciclaje e incorporación del nuevo inventario vendrían a renovar, además de las zonas donde actualmente opera Pe­mex, otras entidades como Mérida y algu­nos puntos donde se ubican los proyectos de la Ronda Cero, con la que arranca la nueva era energética del país.

En algunas ciudades como Veracruz y Villahermosa, ya operan firmas como Grupo Petrogas, Química Apolo, Ho­neywell, Oil State y Bosch, que utilizan el inventario local ofrecido por proyec­tos como Corporativo Río IF, Corpora­tivo dg, Fraccionamiento las Américas y el Veracruz Business Center. De acuerdo con un análisis de CBRE, la llegada de esos corporativos a Veracruz definió ya un rango de precios de entre 9 a 18 dólares por m2.

El anunciado boom petrolero ya tuvo impacto en Tabasco, donde se construyen seis hoteles, once complejos de viviendas y cuatro torres empresariales. En la capi­tal del estado, los proyectos residenciales Haciendas Tabasco Residencial & Club Deportivo y el centro comercial Villa Alta­brisa, ya están operando. Inversionistas y desarrolladores ya hacen cálculos sobre lo que podrían requerir corporaciones como Shell, Exxon y Chevron.

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