Pese a que a muchos sorprendió la rapidez con que se aprobó la reforma energética, no fue tan rápido si consideramos que la industria petrolera no había sido reformada desde 1938, mientras la globalización modificó los procesos productivos y los hábitos de consumo de manera sustancial.

 

 

 

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A muchos sorprendió la rapidez con que se aprobó la reforma energética, pero no lo es si consideramos que la industria petrolera no había sido reformada desde 1938, mientras que la dinámica del comercio modificó los procesos productivos y los hábitos de consumo de manera sustancial a través del fenómeno económico de la globalización.

La globalización se rige por la interdependencia económica, que genera millones de consumidores; en materia de petróleo, Estados Unidos es el principal consumidor de petróleo y gas natural, mientras que China ocupa el cuarto lugar, este posicionamiento en su comercio y consumo bilateral nos muestra su enorme avance industrial y la interdependencia que mantienen.

Los países europeos, en su caso, desde la creación de su Asociación del Acero y el Carbón (CECA) mantienen una tendencia moderadamente constante sin cambios considerables.

El cambio de consumo de petróleo a gas en los últimos tiempos es notorio. Rusia consume más gas natural que petróleo, aunque se mantiene  dentro de los diez primeros consumidores de petróleo que, de acuerdo al Energy Information Administration (EIA), son del uno al 10, Estados Unidos, China, Japón, India, Arabia Saudita, Brasil, Rusia, Alemania, Canadá y Cora del Sur.

Desde la primaria se nos enseña a que existen recursos renovables y no renovables, el petróleo no es renovable convirtiéndose en un bien que puede ser escaso e incrementar su precio, pero el precio es relativo, pues puede disminuir si existe poca oferta. Sin embargo, esto no es lo más relevante; lo es que este recurso se agotará y si no se invierte en sus formas de exploración, extracción, refinación, etc., los países productores se rezagan en su economía.

La IEA, en su pronóstico para el 2050, indicó que el  petróleo seguiría siendo un importante vector energético en el transporte y materia prima de la industria, a pesar de su decadencia hasta en un 50%, en tanto que el gas natural seguirá siendo un combustible relevante en todos los sectores.

La IEA también destaca el crecimiento de la población para el 2030, con un aumento en un promedio del 3.3% anual, por lo que vemos que en la medida que la población crezca es segura la demanda energética e incluso la necesidad de búsqueda de otras fuentes de energía que satisfagan este crecimiento. México no estará preparado para estos designios si no innova en este ramo, de ahí que nos cueste aceptar cambios en la materia, pero debemos incluir en nuestro lenguaje y acciones el término de sustentabilidad para asegurar el futuro de más generaciones, y no permanecer, como diría el poeta Mario Benedetti, impávidos al borde del camino.

 

 

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