Por Ana de Saracho O Brien*

La resiliencia es esa herramienta que se adquiere con la experiencia y que nos permite adaptarnos a los cambios, encontrarles el lado positivo y, sobre todo, descubrir las lecciones que nos dejan, no sin antes vivir el duelo implícito que se presenta como consecuencia de estos cambios.

Esta pandemia y su consecuente declaratoria de contingencia no son la excepción; todos hemos perdido algo, aunque sin duda, unos más que otros: la salud, un ser querido, la fuente de trabajo o sustento familiar, la escuela, la libertad de caminar por la calle, asistir a reuniones familiares o con amigos, o simplemente la paz interior. Claro que no todas las pérdidas son de la misma magnitud y por lo tanto el nivel de adaptación que implican no es el mismo, pero en todos los casos existe.

Debemos hacer un recuento de los daños para entender cómo podemos mejorar, qué cambios debemos hacer y sobre todo plantearnos nuevas metas basadas en la experiencia que nos dejará la pandemia del Covid-19, tanto en lo personal, como en lo familiar, como sociedad, como país y hasta como especie.

En este sentido, también hemos escuchado mucho hablar de la resiliencia de las redes de telecomunicaciones. Esto no es menor, ya que ha sido gracias a su operación que aún en medio del confinamiento, hemos podido continuar realizando varias de nuestras actividades educativas, económicas y sociales. Además de que gracias al buen funcionamiento de las redes se ha podido mantener informada a la gente de la situación que prevalece durante la contingencia sanitaria declarada.

¿Y por qué hablamos de redes resilientes? Porque así como las personas hemos tenido que adaptarnos al encierro, a una convivencia permanente con otras personas en espacios reducidos y a llevar a cabo nuestras actividades de manera digital, las redes han tenido que adaptarse rápidamente para cursar más tráfico del acostumbrado, sobre todo, tráfico de datos por el incremento en uso de sistemas de videoconferencias y de educación a distancia, redes sociales y otras aplicaciones de entretenimiento como plataformas de video juegos y servicios de streaming.

Pero también han tenido que adaptarse a que ese tráfico se origine en zonas distintas a las que normalmente eran consideradas de alto tráfico por el cierre de oficinas y centros de trabajo y la habilitación de espacios en casas en otras zonas.

Los operadores de redes de telecomunicaciones móviles construyen y robustecen sus capacidades con base en la demanda de tráfico que las mismas presentan en su modalidad más estresada, es decir, toman en cuenta las interacciones simultaneas y el volumen de tráfico que se genera en una zona geográfica determinada en el periodo de tiempo de más alto tráfico (hora pico).

Para mejor entendimiento, pensemos en la zona de Santa Fe en la CDMX, que sin duda es una zona con mucha población flotante de lunes a viernes entre las 8:00 y las 19:00 hrs, debido al gran número de corporativos que se instalan en la zona, lo que define a esta cobertura como de alto tráfico y, por tanto, requiere capacidad suficiente para su atención. Por el contrario, en zonas como Metepec, Edo. de Mex., el tráfico durante la semana laboral es menor, ya que es, en su mayoría, una zona residencial de la que muchos de sus habitantes salen para trabajar.

No obstante, como consecuencia del confinamiento, se registraron cambios importantes en los patrones de uso de los servicios en las redes, tanto en intensidad como en ubicación, lo que en nuestro ejemplo se traduciría en el traslado de tráfico de la zona de Santa Fe a Metepec y, la consecuente saturación de la red de acceso (antenas) en esa zona, ya que es un recurso compartido por todos los usuarios que atiende. También pudieron haberse experimentado menores velocidades de transmisión de los datos y hasta la imposibilidad de reproducir algunos contenidos que por sus funcionalidades técnicas requieren de mayores anchos de banda.

En las redes fijas puede suceder algo parecido, aunque en este caso, no se trataría de saturación en la red de acceso, sino en los puntos concentradores de tráfico de la red, por lo que la repercusión directa sería sobre la velocidad de carga y descarga que experimentan los usuarios de los servicios.

Esto que describo es lo que podría haber sucedido, sin embargo, no fue así. Las enormes inversiones realizadas hasta ahora y los avances tecnológicos existentes, permitieron a los operadores de redes públicas de telecomunicaciones reaccionar de manera casi inmediata e implementar acciones correctivas que permitieran la eficiente gestión de las redes, así como realizar de forma preventiva las modificaciones necesarias para lograr su mejor adaptación al nuevo entorno.

Los operadores de telecomunicaciones continuarán realizando el análisis permanentemente del tráfico que cursan en sus redes, pero también deberán evaluar los errores y aprendizajes que hayan quedado expuestos en la Pandemia, así como muchos de nosotros hemos realizado esa misma introspección para evaluar algunos aspectos de nuestra vida y determinar los cambios que deseamos generar durante esta contingencia, para continuar implementándolos durante la nueva normalidad.

Ya sea una gran compañía, pequeño negocio, o en lo personal, construir resiliencia nos permitirá ver con ojos distintos cada situación a la que nos enfrentemos, dándonos la oportunidad de encontrar nuevas puertas, que sin duda traerán cambios positivos.

Contacto

LinkedIn: Ana de Saracho O’Brien

*La autora es experta en Derecho de las Telecomunicaciones, en lugar de Ana de Saracho, Directora de Regulación de Telefónica Movistar México.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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